Mapancias

El meme de moda, esta vez, es publicar donde vives según google maps. Yo lo voy a multiplicar por siete:

Barcelona. Aquí viví hasta los 23 años:

Barcelona

Y los veranos en la playa de Castelldefels, justo el apartamento está en la zona de baja resolución GRR:

Castelldefels

Luego pasé un año en Tlalnepantla, en México:

Balcones del Valle, Tlalnepantla, México

En 1999 viví cuatro meses al lado de la Glorieta de Embajadores en Madrid:

Madrid

Volví a México en el 2001, esta vez a Lindavista:

Lindavista Mexico DF

Y desde el 2002 en Girona, también a baja resolución:

Girona

Y ahora mismo, en Budapest:

Budapest

Ginger y Fred

Ginger y Fred

Dedicado a Marta.
Actualización: Antes de que alguien me pida explicaciones, yo también diría que la de la foto no es Ginger Rogers, sino Rita Hayworth, pero para lo que quiero mostrar, es lo mismo.

Praga

¡Voy pallá!

Hasta el lunes.

Actualización (4h12 de la madrugada, día de Sant Joan):

Contrariamente a lo que suponía, me ha dado tiempo de conectarme antes de irme. El tren sale dentro de un par de horas, y ya no voy a ir a dormir, así que os regalo una foto que acabo de hacer:

Luna de Budapest

Y sí, Luiyo, para el lunes prometo traer un montón de fotos.

Música en el Puente de los Leones

Puente de los Leones

Después de haber recorrido la isla longitudinalmente de sur a norte en unos cuarenta minutos, pillé un autobús que me deshiciera el camino. Bajé cerca del Parlamento y recorrí la orilla este del Danubio hacia el sur. A la altura del Puente de los Leones había muchísima gente y en un escenario había un grupo musical que en ese momento tenía al batería tocando un solo a batacazo limpio. Me di cuenta que no era el único escenario, sino que el puente estaba cortado al tráfico y recorriéndolo hacia la orilla oeste había cuatro escenarios más, más pequeños.

Una muchacha cantaba oldies goldies (cualquiera de Gloria Gaynor) en el primer escenario:

Oldies Goldies

En el segundo un par de músicos tocaban algo entre tribal y folklórico con extraños instrumentos (bueno, sólo el del calvo era raro, el otro era una especie de clarinete):

Tribales

El tercero era el más animado, con toda una banda tocando una melodía con mucho ritmo y acelerándose a cada copás, y justo enfrente un montón de gente hacía un corro y bailaba dando vueltas. Parecía una especie de sardana local, pero con mucho más ritmo, y más divertida:

Folklore

En el último una señora con muy buena voz cantaba baladas románticas en húngaro:

Baladas

Me encantó la guitarra de este hombre, ¡quiero una igual!

¡Yo quiero esa guitarra!

¡Ah! ¿A que no adivináis por qué le llamamos el puente de los leones?

Los leones del puente

Un paseo por la Isla Margarita

Lo malo que tienen los estudiantes es precisamente eso, que por lo menos un par de meses al año, desaparecen para ponerse a estudiar y hacer las prácticas y trabajos que no han hecho el resto del año. Imagino que con los de Erasmus todavía es peor, porque éstos sí que no hacen nada durante el curso.

Aquí en la residencia todos tenían entrega el lunes y, claro, el fin de semana pasado, cansado de llevar casi dos semanas en Budapest y todavía no conocer nada, me fui a dar un paseo yo solo.

Empecé por la Isla Margarita, que es, eso, un pedazo de tierra que queda entre dos mitades del Danubio y que es uno de los parques más grandes de la ciudad.

La Isla Margarita en medio del Danubio

Entrando en la isla desde el centro del puente del lado sur, está este monumento:
Monumento en la entrada de Isla Margarita

Un poco más adelante hay una fuente que se mueve al ritmo de música clásica:
Fuente musical en Isla Margarita

Hay algunos árboles que dan miedo de lo grandes que son:
arbolote

Una torre bajo la cual hay un restaurante:
Torre de un restaurante de Isla Margarita

A ambos lados de la isla hay caminos para ir en bicicleta y correr:
Paseo al lado del Danubio

Don Juan Tenorio

Para resarcirme de la vergüenza que me provoca llevar más de seis meses con la primera parte de El Quijote. Ayer encontré en una biblioteca de un piso de estudiantes (*) el Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Y me lo he fulminado en dos sentadas en menos de 24 horas. He de reconocer que mucho mérito no tiene, aunque son unas 250 páginas, al ser teatro en verso y letra grande se lee rapidísimo.

Me ha sorprendido que el protagonista es un personaje bastante hijo de puta, acostumbrados como estamos a espadachines heróicos y honorables, Zorrilla nos presenta un ser pendenciero, asesino, embaucador, ateo, y ligón, que sólo encontrará su media salida a la rectitud moral a través del amor de la inocente novicia Inés.

En el primer acto nos presenta a los personajes, Don Juan y Don Luis, eterno rival, pero de la misma calaña moral, quienes han apostado a ver quién en un año ha matado a más gente y ha ligado con más mujeres. Don Juan, no sólo gana de calle, sino que apuesta (¡a muerte!) además que se ligará a la prometida de Don Luis y a una novicia.

La novicia es Inés, con quien desarrollará su secuestro e historia de amor en el segundo acto, donde está el famosísimo trozo que después copio.

En el tercer acto se le va bastante la olla, desarrollándose una historia de fantasmas sin mucho sentido más que ahondar la vena romántica (del romanticismo del siglo XIX, vaya) y acabar de redimir a nuestro protagonista de sus pecados a través del amor.

Un libro muy agradable de leer y de recitar. Iba a poner sólo el trozo famoso de Don Juan, pero me encanta la respuesta de Inés, así que también la copio.

(*) Parece que el piso es de una pareja de profesores de literatura judíos que están en Israel y vienen a Budapest en verano. Debía haaber más de mil libros en el armario-biblioteca, la mayoría en húngaro, pero muchos en inglés y en castellano. A modo de ejemplo estaban Rayuela de Cortázar y El péndulo de Foucault de Umberto Eco (traducido al castellano).

DON JUAN:

¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

DOÑA INÉS:

Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal, sin duda,
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos:
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios.
¡Y qué he de hacer ¡ay de mí!
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan, en poder mío
resistirte no está ya:
yo voy a ti como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame porque te adoro.