Los chicos del coro


Más de quince años después nos llega la versión francesa de El club de los poetas muertos. Evidentemente es una exageración, pero es innegable que la francesa está bastante inspirada en la de Peter Weir. Quizá el mayor defecto de la película, si es que es un defecto, es que se le ve a la legua que es una película hecha para gustar. Cada personaje, cada escena, e incluso cada nota de su (buenísima, por cierto) banda sonora está puesta ahí para provocar ternura, una lágrima o una sonrisa. Como pasa en La vida es bella o las pelis de Frank Capra, es un valor seguro, sin riesgo alguno. Total: bonita, bien hecha, y recomendable. Y no digo empalagosa, porque hasta en su punto de sal está cuidada.

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