Manifestación de naranjas

Molan los diseños preliminares de las nuevas camisetas de FJI-precarios.

Manifestación de naranjas Madrid 1

Manifestación de naranjas Madrid 2

Manifestación de naranjas Madrid 3

Manifestación de naranjas desierto

Manifestación de naranjas

Hoy toca, porque hay rumores que se va a aprobar en el congreso (en cuya web no he podido encontrar nada, por cierto) Consejo de Ministros el nuevo real decreto del EPIF (Actualización (14h59): Ya está aprobado). Un pasito más, vaya. Aún tendré suerte y podré cotizar al paro algún mes antes de que en junio se me acabe la beca…

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Tengo un día ajetreado. Durante esta mañana he de revisar dos artículos, ir a comer a casa y por la tarde he quedado con un alumno que quiere revisar las preguntas del examen que les pusimos el viernes pasado. A las 7 y media, llevaré a casa a algunos compañeros del trabajo y partiremos el pastel. Eso no me impide pasar por aquí y apuntar alguna que otra reflexión que pensaba hacer desde el día de año nuevo y que he dejado pasar.

Me enorgullece que alguien haya pensado en mí para revisar artículos que han de ir a un congreso. Se trata de leer y evaluar (esto es, poner nota, aprobar o suspender) artículos de gente que ha trabajado un montón de tiempo en ellos y que esperan una respuesta positiva para ir a Escocia, en este caso, a presentarnos al resto de la comunidad científica su trabajo. Es una gran responsabilidad y un compromiso. Por un lado si lo suspendes echas por tierra el trabajo del autor de meses, quizá años. Por otro, si lo apruebas y es un mal trabajo, devalúas la calidad del congreso y no permites que un mejor trabajo sea presentado. Con años de experiencia, revisar artículos es un plis plas. Cuando son los primeros, no hay con qué comparar. Y hay otro factor, y es que en ese mismo congreso está compitiendo uno de mis artículos, que quizá esté revisando otro pardillo como yo. Entonces aparece el diablillo en el hombro derecho y dice: “¡Cárgatelo! ¡Sí! ¡Oh! ¡Sí!”. Y el ángel se ha ido de copas, pero claro, hay que intentar ser justo… Se supone que el viernes sabremos los resultados, ya os contaré si voy a Escocia en mayo.

Por cierto, la semana que viene me voy al Winter School of Computer Graphics en Plzen. Un día de éstos os cuento de qué va mi Reusing frames in camera animation, que es lo que voy a presentar.

Después del congreso he de ponerme en serio en la última parte de mi tesis, que básicamente trata de juntar mis tres últimas soluciones en una y presentarlo a cualquier lado. No tiene que ser difícil. Luego viene eso de escribir la tesis, el papeleo y leerla, algo que puede ser en junio, julio o septiembre, que ya se sabe que en agosto no trabaja nadie. El 30 de junio es el último día que cobro la beca y, aunque mi jefe me ha asegurado que me pagará algunos meses, por lo menos hasta que lea, después viene lo que yo llamo el abismo de después la tesis. No tengo ni idea de qué voy a hacer después, y eso crea ansiedad y palpitaciones, pero es un tema que dejo para más adelante.

Dicen que ayer fue el peor día del año. Lo explican aquí. Un tipo ha hecho una fórmula basándose en parámetros como el clima, la resaca de las deudas navideñas, los días que hace que no cobras y el fracaso de los New Year’s resolutions. Por supuesto el tipo es británico, su fórmula no tendría ningún sentido si fuera brasileño (donde es verano) o chino (donde no celebran la Navidad). Supongo que el pobre hombre fue atracado, tuvo un accidente o fue violado un 24 de enero. Estoy de acuerdo con Chema que es una tontería, pero es algo curioso. Yo nací al día siguiente del peor día del último año de la dictadura franquista.

Para celebrarlo, y gracias a wanadoo, me he regalado un dominio y un espacio web. Voy a pasar un tiempo trasteando con ello, pero la idea es traspasar todas mis webs dispersas allí, y hacer un blog nuevo. Pero va para largo. De momento, me podéis encontrar aquí mismo.

Kevin Smith, el narrador

Parece mentira que Kevin Smith se reserve en sus películas un personaje como Silent Bob, alguien que nunca dice nada. Corren un par de videos por la web de una conferencia donde el director contesta preguntas de su audiencia. Ambas son muy divertidas.

En la primera explica qué ocurrió con el proyecto inicial de Superman Reborn:

En la segunda se mete con otro de mis directores favoritos, Tim Burton:

Vistos hace tiempo en algún lugar, y recuperados vía Las penas del agente Smith, que me ha llevado a Kailos.

Problemas con la página de wanadoo

Yo tenía mi página personal aquí:

http://perso.wanadoo.es/txapulin/

Bueno, pues ya no hay nada.

No me importa mucho por las cuatro páginas que tenía alojadas allí, ya que tengo copia de seguridad, pero también tenía un montón de imágenes que alimentaban este blog y ya no están, con lo que veréis esto un poco desaliñado hasta que me pueda pelear lo suficiente con wanadoo o encuentre una alternativa…

Mientras tanto, busco alojamiento de pago bueno, bonito y barato. ¿Algún consejo?

Actualización: Ya he contratado hosting en dreamhost por dos años.

Actualización 2 (19/Ene/2006 18h25): ¡Vaya! Los de wanadoo me han contestado:

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Por todo ello, te recomendamos un uso óptimo del espacio que gratuitamente te ofrecemos.

Aprovechamos la ocasión para enviarte un cordial saludo.

Atentamente

Servicio Atencion al Cliente

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No entiendo la parte del volumen, pero bueno, la cuestión es que he sacado un par de conclusiones 1) Ya no me fío, así que doy por buena la inversión en dreamhost y trabajaré en ello. 2) Por lo menos ya no tengo tanta prisa, ahora todo vuelve a funcionar.

King Kong versus King Kong

Después de ver en el cine el King Kong de Peter Jackson he querido hacer el experimento de revisar la versión original de 1933. La tenía tirada en casa de mis padres en VHS, y después de sacarle el polvo al magnetoscopio y desenredar una cinta que se había atascado dentro (donde lo último que grabé hace un siglo fue una de Hitchcock que quién sabe si podré recuperar), hicimos una sesión de historia del cine en sábado por la noche.

Intentemos situarnos. En 1933 apenas hacía cuatro o cinco años que había películas con sonido, y el Empire State Building era un gigantesco bebé de dos añitos, el edificio más alto del mundo en ese momento. El mundo todavía no se había recuperado de la crisis bursaria del 29 (y que acabaría desencadenando la II guerra mundial diez años después) y la mafia italiana conquitaba Nueva York a base de comercializar ilegalmente el alcohol prohibido por la ley seca. En esos años de depresión económica, el cine y el teatro eran las formas más baratas de entretenimiento y evasión de la realidad para el gran público, y, al contrario que el resto de las industrias, Hollywood vive uno de sus mayores esplendores. Las producciones de fantasía y terror (Frankenstein (1931), Drácula (1931)) son las que tienen más éxito y el director Merian C. Cooper se inspira en El mundo perdido de Arthur Conan Doyle (el de Sherlock Holmes) y sus adaptaciones al cine (la primera de 1925, que también acabarían inspirando a Crichton y Spielberg para Parque Jurásico) para contar la historia de un gorila gigante que se encapricha de una rubia en una isla habitada por una fauna peculiar. King Kong ya fue en su momento una gran superproducción de efectos especiales, utilizando masivamente la técnica de stop-motion, ideada por Willis O’Brien, quien trabajó en la peli y justamente había trabajado antes en The Lost World (1925). O’Brien fue, además, maestro de Ray Harryhausen, el más grande nombre cuando hablamos de la técnica de animación fotograma a fotograma, técnica que se vería superada por la animación por ordenador, pero que Tim Burton recuperaría y perfeccionaría muchos años más tarde en sus obras maestras Pesadilla antes de Navidad (1993) y La novia cadáver (2005).

Además de su espectacularidad y sus efectos de animación, la película es un prodigio en cuestión de ritmo narrativo y concreción, pincelando hábilmente unos estereotipados personajes cuyo objectivo es hacernos avanzar en la historia para mostrarnos a los monstruos de la isla, a Kong, a la rubia gritando (la protagonista Fay Wray es considerada la primera scream queen de la historia del cine, actrices especializadas en correr delante de un monstruo o un asesino, y por lo tanto, no dejar de gritar) y a ambos subiendo al edificio más alto del mundo donde el monstruo será abatido por unos mosquitos…, digo, aviones.

El mismo año se hizo una mala continuación con el poco original nombre de El hijo de Kong, y hay varias apariciones del famoso gorila en las infinita serie de películas japonesas sobre Godzilla. Fue hasta 1976 que se hizo un primer remake actualizado a la época, donde Jessica Lange hacía el papel de la rubia y Kong subía a las recién construidas torres gemelas en vez de al Empire State.


Y hace unos años, después de la gran Trilogía de los anillos (2000-2002), a Peter Jackson se le ocurrió que el gran mito tenía que ser revisado, actualizando los efectos especiales, pero no el guión que se mantiene casi estrictamente fiel a su versión original del 33. Digo casi porque estoy convencido que a Fay Wray, la rubia original, nadie le dijo que tenía que mostrar algún sentimiento por el gorila distinto del de terror y su actuación se basa en gritar a todo pulmón. El personaje de Naomi Watts (quien hace una gran actuación como Ann Darrow) va cambiando su registro hacia la ternura, cuando no hacia la zoofilia sutil, a medida que el film avanza, y gran parte de las escenas añadidas, que son muchas para doblar el metraje original de 90 minutos hasta las tres horas de la nueva, están orientadas a profundizar en la relación entre el monstruo, también mucho más humanizado para la ocasión, y la chica.

El resto de personajes también pasan de ser simples estereotipos a trabajadas composiciones, sorprendiendo especialmente Jack Black como Carl Denham, el ambicioso director de cine que pretende rodar en la isla perdida. El marinero galán de la película clásica, Jack Driscoll, se divide en la nueva en tres personajes, el marinero Lumpy, un claro homenaje a Popeye interpretado por el mismo que le da la gestualidad a Kong y a Gollum en El señor de los anillos, Andy Serkis, el galán Bruce Baxter (un divertidísimo Kyle Chandler), elegido por el director Denham para coprotagonizar la película junto a la bella Ann Darrow, y el guionista que toma el nombre de Driscoll (Adrien Brody), que es más un prototipo de antihéroe tipo Clark Kent que un auténtico galán.

A nivel cinematográfico nos encontramos con una gran película, desde el guión hasta la fotografía, pasando por la música, los efectos especiales, las actuaciones, el ritmo…, todo es sublime. La película está tan bien trabajada en casi todos sus aspectos, que cuando falla, da rabia y se desmonta el chiringuito de la obra maestra que uno va montando en su cabeza. Me refiero a que cuando la perfección visual de la iluminación por ordenador (por hablar de mi campo) está tan bien conseguida, se me hace absurdo que se cree un mundo prehistórico de animales gigantes sin consultar a algún experto en ecosistemas; llamadme tiquis-miquis, pero no me creo la fosa llena de insectos gigantes ¿qué comen cuando no hay una pandilla de idiotas humanos que pasan por allí, que es casi nunca? ¿Cómo convive el pacífico y herbíboro Kong con toda esa chusma multitudinaria y carnívora que le rodea? Quien dice ecología, dice psicología de masas: las multitudes aparecen y desaparecen al antojo de la belleza fotográfica, si queda bien, ponemos mil personas, si no, dejamos a Kong y la rubia solitos en toda Nueva York. Igual con los indígenas, que aparecen y desaparecen al antojo del guión. Al menos en la original se dignan a contar que al pegar cuatro tiros y se asustaron y se fueron, pero en la nueva no tienen ni cabañas para refugiarse. La parte de los indígenas es la que menos me gustó de la nueva versión y eso que está plagada de autohomenajes a Braindead, como la aparición, aun en esqueleto, del mono-rata de Sumatra.

En definitiva, estamos ante una gran película que homenajea y pone al día un gran clásico del cine, pero que peca en lo mismo que todas las grandes producciones del estilo Hollywood, en cambiarnos realismo (léase credibilidad científica) por espectacularidad.