Smoke


Smoke (1994) se inspira en un relato que Paul Auster publicó en el New York Times, llamado Cuento de Navidad de Auggie Wren (y aquí en inglés). La película nos cuenta lo mismo que el relato corto, y añade algunos personajes y situaciones. Ciertamente es una película de personajes, excelentemente trabajados por sus intérpretes. Harvey Keytel hace de Auggie Wren, el propietario de un estanco en alguna esquina de Manhattan. Paul Benjamin (clarísimo alter ego de Auster, interpretado por William Hurt) es uno de sus clientes, a quien un chaval que se presenta como Rashid salva de ser atropellado. Otros personajes más secundarios como el padre del chaval (Forest Whitaker) o un antiguo lío de Wren (fabulosa Stockard Channing) que le desvelará que tiene una hija (una de las primeras apariciones de Ashley Judd, realmente impactante), permiten adentrarnos en el terreno de las relaciones paterno-filiales perdidas.

Pero hay otro tema, y es uno de los temas clave de toda la bibliografía de Auster, que ya traté en su momento, el de la autoría y la credibilidad de una obra. Mediante un juego de nombres, un intrincado laberinto en la descripción de la autoría del relato y la mezcla de hechos reales con inventados, Auster nos hace creer que lo que nos cuenta ha ocurrido de verdad, o por lo menos que es plausible. Y no sólo eso, sino que además eleva estos recursos narrativos, que deberían ser puramente formales, a contenido y tema del relato. La confusión del fondo y la forma es constante en el juego narrativo de Paul Auster, y eso es una de las cosas que más me fascinan del autor. En la película el personaje de Keytel nos narra literalmente su cuento de Navidad, y el escritor observa incrédulo el movimiento de sus labios. Posteriormente vemos en blanco y negro una recreación filmada de la historia, lo que no nos da ninguna pista sobre su veracidad ¿o sí?

No me voy sin destacar la hermosísima escena en que Auggie Wren le muestra a Paul Benjamin su colección de miles de fotos «todas iguales». La reflexión sobre el paso del tiempo y cómo las diferencias sutiles se convierten en importantes detalles, además del shock con que Benjamin descubre algo en las fotos que le afecta personalmente, son momentos verdaderamente emocionantes.