La animación clásica

Tenía intención de empezar hoy la serie de las mejores películas de los 80, pero lo dejaré para la semana que viene. He preferido rescatar y actualizar un artículo que tenía escondido en alguna copia de seguridad del siglo pasado.

Cuando yo era pequeño, me encantaban las películas de dibujos animados. Tanía grabadas en cintas betamax todas las películas de dibujos que daban por la tele y las veía una y otra vez esperando a la temporada navideña para que mis padres me llevaran a ver el estreno Disney del año, siempre atrasado un año con respecto a América, pero claro que yo de eso no tenía ni idea. Tampoco era yo consciente que los años ochenta fueron para Disney una mala época creativa, pero lo arreglaban a base de reestrenar los grandes clásicos de los años treinta, cuarenta y cincuenta.

Cuando llegó la adolescencia, mis compañeros de clase se afanaban por ver la última de Stallone o de Schwarzenegger, y yo seguía esperando el estreno Disney del año. Claro que eso coincidió con una explosión de obras maestras a principios de los noventa, iniciado con La Sirenita y La bella y la bestia, y terminando, posiblemente, en El Rey León, desde ahí, todo, excepto Pixar, es decadencia. Pero eso es otra historia.

Las técnicas de la animación clásica (hoy en día hay que distinguir ésta de la generada por computadora) se inventaron antes que el cine, y de hecho éste no es más que la fusión de las viejas técnicas de animación con las de la fotografía. Todos hemos dibujado alguna vez en nuestra libreta de aquellas aburridas clases de historia de España en E.G.B. unos trazos en una esquina de cada página de modo que las diferencias de cada uno con el siguiente fueran mínimas y que al doblar las hojas levemente con el pulgar y dejar pasarlas rápidamente generáramos una animación.

Disney

La historia de la animación en el cine está indiscutiblemente monopolizada. Y el monopolio es Disney. Cualquier otra compañía que ha hecho animación ha tenido un éxito infinitésimo en comparación y una calidad bastantes grados inferior. Si escribiéramos un libro dedicaríamos un apéndice a otras compañías como la Fox o Dreamworks. En los últimos años ésto parece estar cambiando, pero es que también el concepto de animación ya es otro.

Todo empezó con Blancanieves y los siete enanitos a finales de los treinta, película que supuso una total y auténtica revolución en el cine. Primero por el color (hasta treinta años más tarde no sería normal que todo el cine fuera en color), luego por el sonido (hacía sólo nueve años que había sonido en el cine) y también sobre todo porque nadie se había atrevido a hacer un largometraje (más de sesenta minutos) de dibujos animados. Un simple cálculo: 24 dibujos por segundo x 60 segundos por minuto x 80 minutos de película = 115.200 dibujos en color. Mi libreta de historia tenía ochenta o cien hojas y yo tardaba clases enteras en pintar una historieta a lo Cuttlas. Pero había más, la película es un prodigio en el tratamiento de los personajes, la historia, las canciones, el guión y el ritmo. Una película modelo, vamos, eso sí, con final feliz. Y hasta hoy la compañía ha seguido el modelo que empezó con Blancanieves. Imagino que la técnica se basa en el dicho inglés “si funciona, no lo arregles”, y así llevan casi setenta años y más de cuarenta películas.

La historia se basa en un cuento, leyenda o narración clásica, ya explicada mil veces antes y versionada hasta la saciedad, pero pasada por el filtro Disney. Esto es, si la original acaba mal, se le cambia el final. El romántico primer final de La Sirenita transformada en espuma de mar acompañando a su marinero (un apuesto príncipe según Disney) durante toda la eternidad se cambia por una boda con el príncipe y unas piernas para la mitad merluza de la bella sirena. Si la original es de miedo, se le da el toque de comedia. Se estereotipan los personajes hasta un maniqueísmo sólo apto para mentes infantiles (o sea, todas, y yo el primero). Se añaden personajes secundarios de lujo, grandes bandas sonoras y buenas canciones. Finalmente los polvos mágicos (un holgado presupuesto en márqueting y publicidad). Y he aquí la fórmula del éxito.

Imposible nombrarlas todas, pero quisiera recordar varios grandes momentos de la historia de la animación: el envenenamiento de la manzana de Blancanieves soltando humo en forma de clavera, el crecimiento de la nariz de Pinocho con ramitas y hojas en la punta, la multiplicación de las escobas de Mickey en Fantasía, la carroza de Cenicienta, la bruja-madrastra de La bella durmiente, la Reina de Corazones, Baloo, la muerte de la mamá de Bambi, Dumbo alucinando elefantes rosas (pregunta del Trivial), el cangrejo cubano Sebastián, la lámpara del salón de baile de La bella y la bestia y la estampida de El rey león. Hay muchas más, pero sólo estos ejemplos ya nos demuestran que si este artículo está monopolizado es porque, además del marketing y la publicidad, hay buenas razones para ello.

Y llega la competencia

En 1995, Disney se alió con Pixar para el gran salto computerizado de Toy Story. Desde entonces, excepto en sus alianzas con Pixar y, quizás, con El jorobado de Notre Dame y Tarzán, Disney da un bajón de calidad, y otras compañías como Dreamworks se animan a hacer grandes producciones, compitiendo tanto en niveles de animación clásica (Los diez mandamientos) como por ordenador (Shrek). Incluso en España, entre Dygra y Filmax tienen varios proyectos para los próximos años, lo cual son muy buenas noticias. En cualquier caso, el mejor ejemplo de que la animación clásica está hoy en día desbordada por otras técnicas de animación lo tenemos en las nominaciones a los Oscar de este año, donde la película que se puede considerar más de estilo Disney es japonesa (Howl’s Moving Castle, de Hayao Miyazaki, quien ya ganó hace tres años con El viaje de Chihiro) y las otras dos están hechas en stop motion (son La novia cadáver de Tim Burton, y Wallace y Gromit y la maldición de las verduras de la factoría Aardman).

La última jugada de Disney ha sido comprar Pixar, pensaba comentarlo, pero en su momento sólo me salió un alarido. En realidad no sé si la noticia es tan mala, ya que la versión optimista de la noticia es que Disney se puede contagiar del buen hacer de Pixar, pero todo eso está por ver. En cualquier caso, que nos quiten lo bailao.

Sed de mal


Resulta irónico que la policía municipal de Girona nos invite a ver esta película, donde el tema principal es la doble moral de un policía en decadencia, gordo y alcohólico.

La película empieza con un antológico travelling de tres o cuatro minutos copiado por Brian de Palma en cada una de sus películas. En esta primera escena seguimos a un coche a través de la frontera entre México y Estados Unidos mientras se nos presenta a los personajes de Charlton Heston, un policía mexicano llamado Ramon Miguel Vargas, y de su mujer gringa, Janet Leigh. Ocurre un incidente en el lado estadounidense y enseguida acude el equipo de policías gringos a resolver el caso a cualquier precio. El inspector jefe es Hank Quinlan, cojo, gordo y alcohólico, interpretado por el mismo director Orson Welles. Vargas no ve claros los métodos de Quinlan, y éste, junto con una banda de traficantes mexicanos, tratarán de eliminarle. Mientras, la mujer de Vargas se quedará a descansar en un solitario motel de carretera, regentado por un hombre con evidentes problemas mentales (un fabuloso Dennis Weaver). Todo un preludio para la actriz que interpretaría dos años más tarde a la primera víctima del primer psicópata cinematográfico, Norman Bates, en Psicosis.

Según muchos teóricos del cine, Sed de mal (1958) representa el final del género del cine negro más clásico, y no sólo por ser la última de un conjunto de películas con las mismas características, sino porque realmente da un paso más allá. A pesar de que a nivel narrativo y estético (las sombras, el blanco y negro, los movimientos de cámara, la noche, el humo, los personajes oscuros…) es cine negro puro, hay un elemento que aparentemente falta o no están muy explícito: la femme fatale. Pero profundizando en ellos, este elemento sí esta, de forma implícita, y de qué manera, representado en el personaje de una grandiosa Marlene Dietrich. Da la impresión de que este personaje y el del inspector de policía andrajoso y gordísimo, han vivido la historia típica de amor imposible del cine negro diez o veinte años atrás y ahora ambos están acabados: él, por culpa de ella, y ella, porque es el destino de las viudas negras. En este sentido la película podría ser una segunda parte de la mayoría de las películas de cine negro de los años cuarenta y principios de los cincuenta. Y por eso mismo es mucho más que eso: es la culminación y punto y aparte de un grandísimo género cinematográfico.

Ciclo de cine policíaco

Como la policía municipal de Girona cumple 150 años, nos invitan al cine.

Sacado del programa de actos:

Febrer

CICLE DE CINEMA POLICÍAC

Lloc: Cinema Truffaut i Cinemes Albéniz
El cinema ha tractat des de molts punts de vista el món policíac. Grans directors de cinema han realitzat obres mestres i pel·lícules de gran èxit comercial a partir de novel·les o fets reals en els quals la policia ha estat protagonista.

Aquest cicle vol recordar, amb un petit tast, algunes d’aquestes pel·lícules.

  • Cinema Truffaut / Hora: 20.30h
    • Dimarts 7 de febrer
      “Sed de mal” (Orson Welles)
    • Dimarts 14 de febrer
      “El silencio de un hombre” (Jean Pierre Melville)
    • Dimarts 21 de febrer
      “Ley 627” (Bertrand Tavernier)
    • Dimarts 28 de febrer
      “Laura” (Otto Preminguer)
  • Cinema Albéniz-Plaça / Hora: 11.30h
    • Dissabte 4 de febrer
      “Jo Robot”, “Starsky i Hutch”, “Els increïbles”
    • Dissabte 18 de febrer
      “Hollywood, departament d’homicidis”,
      “Swat, els homes de Harrelson”, “Sherk 2”

Munich

De la Wikipedia:

La denominada masacre de Múnich tuvo lugar en la ciudad de Múnich, en el estado de Baviera (Alemania) el 5 de septiembre de 1972, durante la XX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Ese día un comando de terroristas palestinos denominado Septiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olímpico de Israel. El ataque condujo finalmente a la muerte de los once atletas israelíes, de cinco de los ocho asaltantes y de un oficial de policía alemán. La tragedia sería vista en todo el mundo a través de la televisión


A partir de esta premisa, Steven Spielberg ha hecho su nueva película. En realidad la película no se centra en el asalto y secuestro de los deportistas, sino en una de sus consecuencias: según lo que en la película se muestra como una decisión personal de Golda Meir, la primera ministra de Israel en ese momento, se creó un equipo secreto con la misión de encontrar y matar a cualquier precio a once posibles organizadores y líderes del mencionado secuestro.

El título del libro en el que se basa la historia es suficientemente explícito: Vengeance. Como toda creación artística, ni el libro ni la película se pueden tomar al pie de la letra. Como bien nos avisan al principio del film, está libremente inspirado en hechos reales. Pero aunque la película tiene un cierto aire a conspiranoia, del estilo JFK de Oliver Stone, lo que nos cuenta Spielberg es algo completamente distinto. Los hechos concretos pueden ser unos u otros, pero las razones de estado, los sentimientos de culpa, la lucha de civilizaciones y de religiones, el conflicto entre el individuo, la comunidad y la existencia de un estado o nación que lo soporte, matar o morir en nombre de la patria, los intereses del gobierno frente a un ente llamado «opinión del pueblo»… son parte de los temas que la película incluye y disecciona, y que son de patente actualidad.

Esta película es necesariamente dura, ninguna muerte está tratada banalmente. Antes de saber que alguien va a morir, nos enteramos que este alguien tiene una hija a la que dejará huérfana o a la que se pone en serio peligro. Los asesinatos y los daños colaterales se muestran con crudeza y asistimos con el protagonista a su deterioro moral («cada vez siento menos») y psicológico, no por matar, sino por miedo a ser matado y por proteger a su familia.

A pesar de su larga duración (el metraje está sobre las dos horas y cuarenta minutos), la peli es densa y se diría que Spielberg aún la quería hacer más larga y explicar más cosas. El verano pasado estuve en Budapest y me encontré con el rodaje en dos ocasiones (una, dos), entonces vi y fotografié decorados que no he visto en la película. Técnica y artísticamente la película es excelente, pero no voy a decir más, porque es imposible analizarla sólo como una película; es mucho más que eso. Es una referencia para poder explicar en el futuro qué está pasando con el mundo.

Migración de blogger a wordpress

Pasó hace dos o tres semanas que wanadoo me fundió el espacio en el que guardaba gran parte de las fotografías e imágenes que usaba en el antiguo blog. Aunque lo arreglaron en tres días, yo ya estaba desesperado y ya había comprado un dominio y un espacio en dreamhost. Como me dejaban instalar wordpress, decidí hacer la mudanza.

Básicamente hay tres ventajas en wordpress con respecto a blogger, lo demás es casi igual. La primera, el uso de categorías en las que clasificar tus posts. La segunda, los pings automáticos a los enlaces de los posts. La tercera es la más importante, que es el control total de los datos en un espacio propio, que al no ser gratuito, nadie puede quitarte «por la cara». No digo que eso vaya a pasar en blogger, pero con el susto de wanadoo he tenido suficiente.

Copiar todos los posts que tenía en blogger a este blog es tan fácil como usar la opción importar del panel de control de wordpress y meter mi usuario y contraseña de blogger. Estuvo un buen rato copiando los trescientos y pico posts, pero no hubo ningún problema. El siguiente paso ha sido elegir diseño (lo he sacado de aquí) y adaptar la cabecera y cuatro cositas que aún tengo en la cabeza. También me falta todavía un par de trabajillos un poco arduos: cambiar todos los enlaces a las imágenes de wanadoo por las de aquí, y clasificar los posts entre las categorías.

Hay quien me pregunta por lo que he pagado por el hosting. Aquí está la tabla de precios y características. Yo he pillado el crazy domain insane por dos años, que incluye un año de dominio. Además, encontré por ahí una oferta de descuento de 97 dólares. Con lo cual pagué 190.80 – 97 = 93.80 dólares, unos 80 euros. Vamos, que ya tengo con qué jugar y experimentar.

Plzen

Además de la mudanza de blog, ha habido otra razón por la que la semana pasada estuve desaparecido. He estado en la República Checa para asistir a las conferencias del Winter School of Computer Graphics y presentar mi último artículo.

Cuestión de orientación

Salí el lunes día 30 del aeropuerto de Barcelona hacia el de Praga, y una vez en Praga, tomé el autobús hasta el metro, y después a la estación de trenes, donde tomaría el primer tren que me llevara a Plzen. Yo tenía la información de la web de trenes, donde parece claro que tenía que llegar a la estación Praga hl. n.. Recordaba haber llegado a la estación Nádrazí Holesovice cuando fui de Budapest a Praga en junio pasado. Así que sin duda, para allí me dirijo. Llego a tiempo para el próximo tren que va a salir en cinco minutos para Plzen, estoy de suerte, sólo falta que no haya cola en la taquilla. Bien, no hay nadie. Pero la señora taquillera dice que nanai, que el tren sí sale en (ahora) tres minutos, pero desde la estación Hlavní nádrazí (¡claro! ¡cómo no había caído! GRMPF). Está sólo a dos paradas de metro, pero por supuesto no llego y el próximo tren directo es al cabo de una hora. Me explican, no obstante, que hay otra opción, que incluye un transbordo en el pueblo de Beroun, y que sale en diez minutos. Como prefiero estar en un tren que en la estación, me aferro a esta opción. Dentro del tren me doy cuenta que hay sólo cinco minutos entre que mi tren llega a Beroun hasta que sale el tren a Plzen y ya sufro por posibles retrasos. Llego a Beroun con tres minutos de retraso y al salir del tren observo que hay uno a punto de salir justo en la vía de enfrente. Como toda la gente se mete, no dudo y me meto yo. Inmediatamente sale, pero hay algo raro ¡se va hacia el lado contrario! ¡estoy volviendo en dirección a Praga! Y en ese momento veo que en la vía uno un tren sale en la dirección correcta…

Los checos deben tener la costubre de ignorar a quien no entienden y las dos o tres personas a quienes pregunté hacia dónde iba, ni me respondieron ni me miraron, hasta que di con una señora que se puso con toda parsimonia sus gafas de leer mientras yo intentaba enseñarle mi billete de tren. Sólo entendí «no no, Plzen no» y el nombre de un pueblo que sonaba a Rázinizní. En menos de tres minutos paramos en una estación en medio de la nada y me bajé. Entonces me di cuenta que ya era noche oscura, y fría, muy fría.

Había una jefa de estación que me indicó muy amablemente que el próximo tren a Beroun era a las 19h07, y que el próximo de Beroun a Plzen era a las 18h56. Estuve tentado de preguntarle si en la estación de Beroun había una máquina del tiempo que funcionara a monedas, que 11 minutos hacia el pasado no debía ser muy caro, pero me imaginé la respuesta.

– ¿Y cuánto hay caminando? – Le dije.

– Unos 20 minutos, pero no sabes el camino. – Eran las 18h35, si corria un poco…

– (Pensé: Gracias por los ánimos) Pero sólo he de seguir la vía ¿no?

– Vaya con cuidado.

Entendí su última frase cuando a los doscientos metros ya iba yo con las manos congeladas, la bolsa y el ordenador me dejaban los hombros a la altura de la cadera, en los estrechos márgenes de las vías de tren había una espesa capa de hielo eterno, y para colmo estos márgenes desaparecían al entrar las vías sobre un puente metálico que cruzaba un río que se me parecía el Mississippi a la altura de Nueva Orleans. Me salí de la vía, no fuera a ser que el tren de las 19h07 se adelantara 25 minutos y me afeitara los huevos. Encontré el siguiente puente para peatones después de caminar 15 minutos a la orillita del río, con lo que tardé otros 15 en encontrar de nuevo la vía, y la estación de Beroun, que curiosamente estaba nada más cruzar el río. Hacía rato que había desistido de coger el tren de las 18h56, y esperé en una estación desértica y fantasmal hasta las 19h56. Llegué sobre las nueve y cuarto a Plzen, muerto de hambre, frío y cansancio, pero pasé de cenar. Al día siguiente me esperaba un buffet libre de desayuno del que no dejaría ni las migas.

Habitación

Las conferencias

De martes a jueves fueron las presentaciones y a mí me tocó el miércoles por la mañana. Lo de siempre, aburrimiento, cafés, pastitas y algo de sociabilidad, especialmente con los húngaros que ya conocía de cuando estuve en Budapest este verano.

Nieve

El jueves por la tarde eran los «social events». Primero fuimos al museo de la cerveza de Plzen, propiedad de Pilsner Urquell, la cervecera más famosa del país. Después subimos a la torre de la catedral, más de 300 escalones de madera absolutamente anárquicos para obtener una bonita y congelada vista de la ciudad.

Museo de la cerveza

Catedral de Plzen

Torre de la catedral de Plzen

La fábrica de la Pilsner Urquell

La cena de gala de la conferencia no estuvo mal. Siempre es curioso compartir mesa con una china, un alemán, un portugués y dos húngaros, donde se acaba siempre hablando de los Sanfermines. Luego hubo una especie de tómbola con regalos para todos donde cada uno que salía, elegía regalo y sacaba el siguiente número. A mí me tocó salir el cuarto, pero extrañamente los tres primeros habían elegido dos camisetas y una gorra. Cuando yo llegué a las mesa de regalos vi tres videojuegos, una enciclopedia Encarta y un Microsoft Windows Home Edition, además de las camisetas, las gorras y unas cuantas pelotitas de goma. Me reí por dentro de los otros y me pillé el Rise of Nations. Es igualito que el Age of Empires, pero estos juegos me encantan. Después de unos quince regalos más, y viendo que se hacía aburrido, una australiana tuvo la brillante idea de hacer cantar o contar un chiste a quien saliera. Desde ese momento hubo pocos que se vendieran por una camiseta y la mayoría de números quedaron huérfanos y abandonados en oscuros bolsillos sudados. Lógico, era una conferencia de friquis informáticos, no de aspirantes a operación triunfo. Yo me salvé de cantar y cuando la cosa declinaba me subí a la habitación a ejercer de Alejandro Magno y conquistar el mundo. Tardé como tres horas en agenciarme Grecia, y decidí ir a dormir antes de emprenderla con Persia e Italia, que en el mundo real me esperaba al día siguiente un regreso a Praga en tren y luego a casita en avión.

Tranvía y sinagoga

Río helado

Yo helado

Estación

No pasó nada especial el viernes, me sobraron un par de horas que las usé para pasear, comer y comprar regalos en Praga. Eso sí, me di cuenta que ahora sí, de verdad me estoy haciendo mayor. Nunca he tenido buena memoria, pero tenía claro que una de mis capacidades era la orientación. Después de mi paseo praguense fui incapaz de encontrar de nuevo la estación central donde había dejado las bolsas en consigna. Había previsto una hora y media de margen para ir hacia el aeropuerto, y cuando había perdido una hora vagando, decidí meterme en la primera estación de metro que viera, que al menos sabría llegar en un transporte bien señalizado diferente de la absoluta descoordinación entre mis pies y mi cabeza.

Pie

NOTA: Este post está incompleto. Faltan las fotos, vuelva usted más tarde.
Actualización (15h15): Fotos puestas.

Nueva casa

Poco a poco iré pintando y arreglando las goteras.

Sois igualmente bienvenidos y se agradecerán comentarios y sugerencias.