Freaks, la parada de los monstruos


En el circo, aparentemente no hay clases. El forzudo, la malabarista, el payaso y la trapecista son «los normales», y se llevan sin problemas como una gran familia con los enanos, las siamesas, las mujeres sin brazos, el hombre sin piernas, el gusano humano, la mujer barbuda, el hermafrodita, los microcéfalos y el hombre esqueleto. Pero enseguida vemos que no es tan así. La risa y la burla de los «freaks» se presentan de vez en cuando, pero especialmente a partir del momento en que el ingenuo enano se enamora de la alta y bella trapecista.

Éste es el punto de partida argumental de una película tan única e irrepetible como perturbadora. Tod Browning realizó esta película en 1932, al año siguiente de estrenar su película más conocida, Drácula. Freaks es su película más arriesgada y culmen de su carrera. Después sólo hizo tres películas más hasta 1939, y eso que murió mucho más tarde en 1962. Básicamente fue director de cine mudo en los años 20, aunque sus obras más conocidas coincidan con el principio del sonido en los años 30, y antes de dedicarse al cine, trabajó en el circo. Quizá por eso no le costó demasiado reunir la galería de «fenómenos humanos» que aparecen en la película. Yo diría que nunca más en la historia del cine se ha visto tal colección de personajes extraños. En una de las primeras escenas vemos a un hombre sin piernas que sube unas escaleras con las manos, y es increíble que eso no sea un efecto especial por ordenador a los que hoy estamos tan acostumbrados, pero sobretodo es increíble que pueda existir alguien así, o como Prince Randian, un ser sin brazos ni piernas al que vemos prender una cerilla y encender un cigarrillo únicamente usando su boca. También hay toques de humor negro basados en fenómenos algo más comunes, como las siamesas pegadas por la cintura, cuando una de ellas está prometida con un hombre que no soporta a la hermana, o cuando un hombre le pide para casarse a la hermana hasta entonces sin compromiso, el diálogo entre los futuros concuñados invitándose a cenar a casa es magnífico.

La película dura sólo una hora y durante los primeros cuarenta minutos asistimos a la historia de amor imposible entre el enano y la trapecista que sólo le quiere por dinero. Hasta el momento de la boda entre estos dos personajes apenas nos estamos empezando a acostumbrar a ver y a cogerles cariño a personajes deformes. Pero en un momento la película cambia y pasa de ser un drama de amor no correspondido a una terrorífica historia de venganza con terrible final.

Parece ser que la película pasó bastante desapercibida entre el público de la época y que fue recuperada a partir de los años sesenta como una reivindicación del derecho a ser diferente. Desde entonces, y especialmente desde la aparición de internet, el vocablo «freak» o «friki» se ha popularizado e incluso, ser «friki» se ha convertido en un orgullo.

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