Un libro que promete

En microsiervos han hecho la reseña de un libro que pinta muy bien. Copio de ellos:

Levitt razona que la disminución de la criminalidad en los 90 en EE.UU. se debió, no a las medidas policiales ni a los cambios en las leyes, sino a la despenalización generalizada del aborto en los 70. Menos niños no deseados implicaron décadas después menos criminales en las calles causando problemas. La explicación de este efecto es tal vez la más elaborada de todo el libro, analizando los datos estado por estado e incluso planteando casos inversos, como Rumanía, donde cuando Ceau?escu prohibió los abortos a finales de los 60 y décadas después la criminalidad aumentó notablemente.

Y copio también una frase del libro que ellos destacan:

Ni más ni menos que siete millones de niños «desaparecieron» en Estados Unidos de un día para otro, el 15 de abril de 1987. Hasta a finales de los 80, si se declaraba que había menores en la familia, había una exención fiscal en la declaración de la renta. En 1987 obligaron a incluir el número de seguridad social de esos niños en la documentación, algo que no había sido necesario hasta entonces. Al día siguiente de expirar el plazo de la declaración de la renta, el 15 de abil, millones de niños desaparecieron de todas las estadísticas del censo de población a todos los efectos: la gente dejó de defraudar declarando «hijos fantasma» como había estado haciendo hasta entonces para ahorrarse unos dólares.

Dando tumbos

Ya sé que hace días que no sabéis nada de mí.

Estoy en mitad de un periplo que incluye cinco aviones, tres hoteles en sus respectivas tres ciudades y una noche en el avión, dos conferencias solapadas un día (hoy, aunque no me he desdoblado, sino que ya estoy en la segunda conferencia) a 5227 quilómetros una de otra y cinco horas de diferencia horaria. Y dos charlas, que ya he cumplido. Esta mañana he hecho la segunda presentación. Hasta aquí lo previsto.

Lo imprevisto: una maleta perdida en el vuelo Barcelona – Moscú – Novosibirsk; despertar a las 10h35 (GMT+6), cuando tienes que empezar tu charla de 20 minutos a las 10h40 en un lugar a 15 minutos caminando del hotel (y 7 corriendo, comprobado), la ventaja es que como el pijama estaba en la maleta perdida, dormí ya vestido y gané 2 minutos; dos taxistas con complejo de Fernando Alonso, adelantando por todos lados, arcén incluido, en las abarrotadas carreteras rusas, donde conté tres accidentes en un paisaje fugaz; tres días sin internet, cuando necesitaba la confirmación y la dirección del hotel de Ginebra; un calor sofocante tanto en Ginebra, como en Moscú y Novosibirsk (Siberia), curiosamente sólo tienen aire acondicionado en el hotel de Moscú; ¡ah! y una descomposición estomacal de la que no voy a dar detalles.

Y una curiosidad: Ginebra está plagada de italianos que se han pasado la noche gritando y haciendo sonar bocinas en la ventana de mi habitación del hotel. Corolario: aún odio más el fútbol.

Vuelvo en dos días, pero estoy tranquilo porque ya no me puede pasar nada más ¿no?