Castillos cátaros

El fin de semana pasado lo alargamos hasta el miércoles día 1 y nos fuimos a ver castillos al sur de Francia. Estos castillos forman parte de lo que se llama «La ruta de los cátaros», una excusa como cualquier otra de atraer turismo. Los cátaros fueron una secta purista (cátaro es una derivación de lo que en grigo es «puro») que entre otras lindezas consideraban que Dios no podía tener que ver con el mal del mundo y, por tanto, lo material y mundano era obra del Demiurgo. La idea entonces era rechazar todo lo material y carnal. De ahí a toda clase de abstinencias hay un pequeño paso. Lo curioso es que la Iglesia de la época los trató de herejes y mandaron acabar con ellos a su manera, mediante una cruzada.

Los llamados castillos cátaros no son, por tanto, construidos por ellos, sino los diferentes refugios de los caballeros y señores feudales fieles a la secta.

Hay decenas de castillos por ver, pero nosotros fuimos muy selectivos y visitamos solamente cuatro y nos quedamos a las puertas de un quinto. Puede que en otros post escriba sobre el resto del viaje, hoy sólo hablaré de los castillos.

Foix

Castillo de Foix

Llegamos a las puertas de este castillo justo a la hora que cerraban a las cinco y media de la tarde y ya no pudimos entrar, pero al menos nos quedamos con esta foto al atardecer.

Peyrepertuse

Castillo de Peyrepertuse

Es sin duda el más espectuacular, recomendado y recomendable. Ocupa toda una cresta montañosa a lo largo de setecientos metros y, aunque está en ruinas, se pueden apreciar todavía sus distintas estancias. Las vistas no tienen desperdicio.

Quéribus

Castillo de Quéribus

Está a pocos quilómetros de distancia del de Peyrepertuse, y de hecho desde uno se ve el otro. Desde fuera es menos espectacular y es más pequeño, pero está mucho mejor conservado y las vistas son aún más impresionantes, ya que se llega a ver la costa desde Narbonne a Perpignan y la montaña del Canigó domina al sur.

Puivert

Castillo de Puivert

No pensábamos visitar este castillo, pero nos venía de paso para llegar a Montségur. No fue mala decisión. El castillo en sí es mucho más accesible que los otros (normalmente dejas el coche en una carretera y hace falta subir unos 20 minutos o media hora hasta el castillo) y, aunque no tiene gran cosa por ver, sólo cuatro habitaciones en la torre principal, éstas están bien ambientadas con maniquíes vestidos de la época, algunas banderas, e incluso música y una exposición de instrumentos musicales.

Montségur

Castillo de Montségur

Comparado con los otros este castillo es un gran timo. Tiene mucha fama porque fue la última resistencia de los cátaros y en cuyas laderas fueron ejecutados a la hoguera más de doscientos fieles a la secta. Hay que subir a lo alto de ésta montaña mediante de un empinadísimo camino de escaleras. Por supuesto se paga abajo los cinco euros por persona (todos los castillos cobran entrada, por cierto), no sea que te arrepientas a media subida. El catillo en sí son cuatro paredes de piedras y nada más, con lo que, después de la subida, resulta una decepción.

Y demás

Dormimos todas las noches en un hotel de Carcassonne, ciudad que se supone es el centro de la zona cátara, pero el hecho es que las distancias entre castillos son bastante grandes y para ver bien la zona hay que desplazarse más de doscientos o trescientos quilómetros cada día. Sin menospreciar en absoluto Carcassonnee, que tiene La Cité, una ciudad medieval completamente restaurada que vale muchísimo la pena visitar y que no he comentado aquí porque ya la conocía de otras veces, y en este viaje sólo he pasado para cenar y dormir, sin menospreciar Carcassonne, decía, lo mejor es dormir cada noche en un lugar diferente, ya que en todos los pueblos cercanos a los castillos tienen chambres que imagino no están al cien por cien de ocupación, especialmente si no es temporada turística.

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