De cuando tu madre te echa de casa

Siempre he dicho que yo me fui de casa a los 23 años, y de eso hace ya más de ocho, cuando me fui de erasmus a México. Esa frase no es del todo cierta, ya que después de eso he vuelto a casa de mis padres dos o tres veces en pequeñas etapas de pocos meses. Más o menos me fui definitivamente a mediados del 2002, exactamente cuando vine a vivir a Girona pocos meses antes de casarme. En cualquier caso, en estos cuatro años, siempre que hemos querido quedarnos a dormir en Barcelona hemos podido hacerlo en mi habitación de siempre… hasta hace dos semanas.

Ya me avisó mi madre hace unos meses que quería convertir mi habitación en un vestidor para ellos con un enorme armario que ocupara toda la habitación, y un pequeño rincón para el despacho de mi padre. No tengo nada que decir, desde luego, es su casa y nosotros siempre podremos quedarnos… en un colchón en el suelo, pero menos da una piedra. El problema no es ese, definitivamente.

El problema viene cuando tu madre te inisiste que tiene cinco o seis cajas con toda la mierda que habías acumulado en más de veinte años en tu habitación y que vayas a decirle qué es lo que quieres tirar, y que lo que no, que te lo lleves, que le estorban. En mis 55 metros cuadrados de alquiler no me cabe ni una sola de esas cajas, así que la selección no podía ser tal: había que tirarlo todo.

Estuvimos todo el domingo y sólo resolvimos tres cajas. Casi que hubiera preferido que las tirara sin decirme nada. El proceso de selección de tus recuerdos infantiles y juveniles es demasiado traumático como para dedicar ni un minuto a ello, y menos todo un domingo. Sólo las fotos ya ocupan una caja, y no quiero ni tocar las cartas que recibía de mis amigos en la adolescencia. Tengo varios relatos escritos para las asignaturas de lengua castellana y lengua catalana que estaban desperdigados en varias carpetas que yo había adornado con recortes de revistas de cine. Tengo recuerdos que algún amigo me traía de sus viajes de verano con sus padres. Tengo toda clase de colecciones: entradas de cine desde el 91 al 94, cuando me cansé y dejé de hacerlo, montones de monedas antiguas de todos los países, varias maquinitas de videojuego de nintendo, libros… y no quiero ni pensar en lo que puede haber en las cajas que me quedan por abrir. Y es que a media tarde me colapsé. No podía seguir desempolvando recuerdos, y menos decidiendo si me los quedo o los tiro. Entonces mi madre se compadeció de mí y se ofreció a guardarme las cajas que no quisiera tirar… «pero en cuanto te compres tu piso te lo llevas». Como si eso fuera fácil…

3 opiniones en “De cuando tu madre te echa de casa”

  1. Yo ya pase por ese trauma y la verdad es que es una mierda porque en mi casa siempre se habia guardado todo y empiezas a mirar las cosas y te quedas embobado recordando momentos y luego te da lastima tirar las cosas… y ahora por culpa tuya estoy volviendo a recordar cosas que tuve que tirar….
    Definitivamente un mal momento…

  2. Ostres, molt bona l’entrada! Realment és un problema haver de fer aquestes seleccions, jo sóc d’aquells que no llencen res… em costa molt fer-ho i sempre penso que més endavant em farà il·lusió retrobar això o allò que m’evocarà aquell moment o aquell altre.

    Però la veritat és que tampoc conservo massa coses 😀

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