Ruta Girona – Salt – Aiguaviva – Vilobí – Riudellots – Fornells – Girona

Ayer decidí estrenar el GPS ya en serio para lo que está especialmente diseñado: para ir en bicicleta. Decidí perderme por una zona de los alrededores de Girona que todavía no había recorrido y que tiene la ventaja de ser plana (algo imprescindible para quien, como yo, llevaba unos tres meses sin tocar la bicicleta y sin hacer ejercicio): el valle que recorre el río Onyar antes de entrar a Girona, cuya mayor particularidad e infraestructura es el Aeropuerto Girona – Costa Brava.

Pensaba hacer unos 20 ó 25 quilómetros en un par de horas, pero acabé haciendo 42 km. en tres horas y media (según el GPS, con pausas descontadas), y es que en estas cosas cuando uno se decide a emprender el regreso lleva ya todos los quilómetros previstos para el total. El recorrido completo se puede apreciar en el siguiente mapa (pulsando se ve más grande) y el archivo de google earth asociado se puede bajar aquí.

Ruta Girona Vilobí Riudellots Girona

Como pienso que es entretenido de contar, porque entre otras cosas metí los pies en un río, me persiguieron tres perros y creo que me he jodido la rodilla, paso a relataros la ruta pasito a pasito, y para ello usaremos el mismo mapa, pero con etiquetas:

Ruta etiquetada

Antes de empezar, como siempre, voy para la gasolinera a hinchar las ruedas. Lo primero que siento es que hace un frío de cojones, y eso que ya eran las 10 de la mañana. Lo segundo, el expendedor de aire de la gasolinera no funciona (¡cómo no!) y me pongo a hinchar las ruedas a base de bombear la mancha (¿o era manchar la bomba ;)?), o sea, a mano y con mi propio esfuerzo. De ahí pongo rumbo oeste para salir de Girona.

Gasolinera

Como odio bastante sentir los coches zumbando por mi lado, a la que puedo me escapo por calles menos transitadas. En esta ocasión me meto por las calles del bonito barrio de Sant Narcís, que incluso desde el cielo es un encanto:

Abuelo

Total, que en la plaza central del barrio me quedo un segundo ensimismado mirando mi GPS, que va muy bien marcando mis tranquilos 12 km/h de velocidad y cuando levanto la vista me encuentro un abuelo a medio metro de mí pasando un paso de cebra. Después de esquivarlo como buenamente puedo, le oigo exclamar detrás de mí: “Què coi fots mirant a terra?” (“¿Qué coño haces mirando al suelo?”). Sólo acerté a contestar: “Perdó!” muerto de vergüenza.

Sigo mi rumbo y atravieso la autopista a la altura del centro comercial de Salt. Después de un par o tres de quilómetros me meto en una carretera que está increíblementa transitada de coches y camiones a las diez y pico de un sábado por la mañana y ¡ostia, qué frío que hace! Es la carretera de Vilablareix a Aiguaviva, la cual abandono a la que encuentro un camino rural a la izquierda.

Carretera

Más tarde me encuentro la carretera de va de Aiguaviva al aeropuerto y está, a primera vista, tanto o más transitada que la anterior. Decido tocarla lo menos posible y la atravieso sin pensármelo mucho porque veo que hay un camino al otro lado. Vamos, como la gallina: ¿Por qué el Alex atravesó la carretera? Pues sí, para llegar al otro lado. Y poco más, porque el camino que pillo dura unos doscientos metros hasta que literalmente se desvanece en un sembrado. Esto de acabar caminando por sembrados con la bici a cuestas me pasa cada vez que salgo, yo no sé cómo me lo monto. Es más, esta vez me metí en un bosque lleno de zarzas, que es la mejor manera de acabar arañado y cabreado. Muy poco después encuentro un camino, pero la rodilla derecha empieza a dolerme al poco que pedaleo.

Perdido en el bosque

Desde ahí llego a Aiguaviva y decido seguir carretera (ésta muy poco transitada, por suerte) hasta Vilobí d’Onyar, el pueblo que da nombre al aeropuerto. Ahí es cuando decido (muy tarde) empezar a regresar. Tomo rumbo norte y la rodilla me duele cada vez más. Como si no quieres caldo, te dan taza y media, llego a la carretera que lleva desde la N-II y la AP-7 al aeropuerto, plagada de taxistas y viajantes que llegan tarde al avión. La tomo pensando que es sólo un quilómetro y medio y que me llevaría a Riudellots. ¡Qué mal lo pasé!

Las peligrosas rotondas del aeropuerto

En la siguiente imagen podemos comprobar cómo, huyendo de carreteras transitadas y coches, doy una vuelta del copón para llegar a Riudellots:

Camino a Riudellots

Una vez en el pueblo decido cargar el bidón de agua y me encuentro una fuente con un único cartel: “Excés de fluor”, nada más. La palabra “exceso” se me antoja como una advertencia, pero en ese caso iría acompañada por otras palabras como “Peligro” o “no potable” pero no ponía nada más, y según yo el flúor no sólo es malo sino bueno para las caries ¿no? Total, que llené el bidón y hoy todavía estoy vivo (1). Llevaba rato con hambre y necesidad de dejar descansar un rato la rodilla, así que me metí en una panadería de esas con cafetera (que lo mejor que tienen es que no dejan fumar) y pedí un bocata de jamón y queso, una cocacola y un café con leche.

Detalle de Riudellots de la Selva

Saliendo de la panetería (o cafadería), donde por ser un lugar cerrado el GPS pierde toda cobertura, el aparatejo se volvió loco y me situó unos 2000 metros al oeste (sobre el aeropuerto, vaya) y lo mejor, y que no se aprecia en el mapa, a 6000 metros de altura (!?!). Después de un rato esperando a que recobrara el sentido (y la posición y la orientación), decidí reiniciarlo yo. Para entonces ya había pedaleado un rato y hasta me había desorientado. En el mapa, en rosa está el camino que el GPS creía que hacía mientras en azul está el que yo creo que hice. Como se puede ver, cuando pude resucitar el aparato me di cuenta que estaba yendo hacia el sur y di media vuelta hacia el final de mi recorrido.

El GPS se vuelve loco

Pero las aventuras aún no habían terminado. Seguí un rato un camino paralelo a la vía de tren hasta que el camino se desviaba a la derecha y atravesaba un río. Mejor dicho, un río atravesaba el camino, así que seguí paralelo al río buscando un paso, pero no lo encontré y reculé para atravesar el río por dende había el camino. Me arriesgué y, por supuesto, pringué con los dos pies en el agua y ésta por encima de mis tobillos. Con bambas y calcetines chorreando, seguí el camino mientras oía unos disparos y pensaba que aún no había terminado todo. Atravesando el siguiente bosque saludé a un cazador para que viera que sabía hablar y no me confundiera con un jabalí.

Atravesando el río

El siguiente desvío que tomé fue equivocado: era un camino privado hacia una masia, y un camino sin salida, algo que comprobé mientras huía de tres pastores alemanes que aparecieron de entre unos matorrales del jardín de la casa. Afortunadamente, una pelirroja salió de una puerta de la casa y llamó a los monstruos que me acosaban, que no le hicieron ni puto caso pero que me medio tranquilizó diciendo “.. si no fan res” (“no hacen nada”). Para disimular la cagada de meterme en su casa, le pregunté por el camino a Fornells de la Selva… Casualmente el momento fue recogido por los satélites de google earth y aquí os lo presento:

Perseguido por los perros

De ahí ya llegué sin problemas a Fornells, y del pueblo a mi casa es camino conocido. Cuando llegué, pensé: esto tengo que contárselo a alguien…

PD: ¡Ah! Mi rodilla duele menos hoy y espero que fuera falta de calentamiento o algo así y se cure, porque como vaya para largo ya me veo vendiendo una bicicleta y un GPS…

(1) Leo que beber agua con exceso de fluor puede dar fluorosis, claro que lo da a los niños que llevan años bebiendo este tipo de agua.

14 opiniones en “Ruta Girona – Salt – Aiguaviva – Vilobí – Riudellots – Fornells – Girona”

  1. Colló, nen, com t’ho curres. He de reconèixer que no m’ho he llegit sencer, sinó que ho fet una mica en diagonal entretenint-me a les aventures del riu i els gossos. M’ha molat aquesta ruta. Sobretot per això que dius que és plana… 😀 Un dia d’aquests m’emporto la bici a Girona i em portes de passeig per la zona! 🙂

    Abraçades,

  2. Òscar i Ignasi, si esteu disposats a voltar per Girona en bici, quedem quan volgueu, em faria il·lusió i tot.

    Charlie, ¿què mola? ¿tot?

    Gal, tens raó. Però jo sempre vaig en bicicleta per perdre’m, i de fet, el GPS que tinc no és navegador, vull dir que no t’indica un destí, sino el camí que ja has fet, i em serveix per escriure historietes frikis com aquesta. Total, ja em va bé.

    Sílvia i Mikel, de gustos hi ha per tothom, i amb vosaltres puc anar al cine ¿no?

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