Después de la tesis

Hace mucho tiempo que tengo pensado escribir un post con este título, más o menos tres meses. Por aquel entonces estaba escribiendo la tesis como poseido por absenta inspiradora. Aún no sabía cuándo podría leerla o si llegaría a tiempo al 30 de junio. Un límite máximo medio impuesto por temas burocráticos que hoy ya no tienen demasiado sentido. Hoy hace una semana que la leí, por cierto, y aunque todavía no soy doctor, porque no tienes el grado hasta que pagas los 175 euros del título, ya puedo decir que he terminado este periplo.

Decía que hace tres meses, cuando pensaba escribir ésto, no esperaba en absoluto que la búsqueda de un futuro después del abismo de la tesis me llevara a tener que elegir entre Barcelona o Cambridge, universidad o empresa.

Hace más o menos un año empecé a preocuparme por lo que haría después de la tesis, entre otras cosas porque pensaba que iba a terminar en septiembre de 2006 y no hace una semana, como ha sido. Recibí un mail con una oferta de trabajo que mandaba una empresa inglesa de selección de personal especializada en buscar gente para programar gráficos por ordenador y videojuegos. Mandé mi curriculum sólo para ver cómo lo recibían. Desde entonces, cada dos o tres meses me mandaban ofertas que se ajustaban a mi perfil. Yo les fui dando largas al ver que mi tesis se retrasaba considerablemente. Así llegó marzo y aparecieron las convocatorias del programa Juan de la Cierva. Tenía las codiciones para entrar menos dos, las cuales podría conseguir con algo de esfuerzo: una, una universidad que me quisiera acoger los tres años del contrato, y dos, debía terminar antes del 30 de junio. En el grupo de multimedia de la Pompeu Fabra en Barcelona accedieron a presentar los papeles conmigo y durante cinco semanas en marzo y abril estuve escribiendo para poder presentar antes de mayo y dando tiempo a los dos meses de burocracia antes de la lectura.

Mientras tanto me volvieron a enviar un mail desde Inglaterra, y esta vez me pillaron de buenas, cuando ya había visto la luz al final del túnel. Accedí a ir a una entrevista el 9 de mayo.

Presenté toda la documentación de la tesis el 2 de mayo y ese mismo día me entrevisté con la gente de la Pompeu, donde me dijeron que, independientemente de una resolución positiva o negativa de la Juan de la Cierva (prevista para octubre, por cierto), me podían contratar en cualquier momento porque tenían dinero de varios proyectos. Una semana después fui a Cambridge y, como sabéis, también resultó positivo.

La decisión no fue difícil, pero sí que pensé mucho esas semanas. La opción de Barcelona no estaba mal. Significaba volver a mi ciudad, cerca de mi familia y de mis amigos, con todas las facilidades que eso proporciona sobre la vida social. El sueldo no estaba mal, claro que después de ser becario cualquier mejora es impresionante, pero, después de comparar, te das cuenta de que el sueldo de un doctor en España siempre será bastante inferior al de un licenciado o ingeniero con cinco años de experiencia en la empresa. No es un secreto, el Juan de la Cierva ofrece un contrato de tres años con un sueldo de 24750 euros brutos, y eso es lo que me ofrecían en la Pompeu. Había otras ventajas, como la libertad y tranquilidad que da un trabajo en la universidad, o lo relativamente fácil que puede resultar una mudanza desde Girona.

Cambridge, en cambio, ofrecía un mayor reto: un nuevo cambio de país, la vuelta a la empresa privada y un sueldo bastante más elevado. Si éramos capaces de pasar por encima de las comodidades de quedarnos cerca de casa, la opción está clara, y Estela me ayudó mucho en la decisión. Otro posible argumento en contra es que sí, el sueldo es mayor, pero no cunde porque las cosas cuestan más en Inglaterra. Sí, es cierto, pero ¿sabéis cuánto cuestan las casas que estamos mirando de alquiler en Cambridge? (Sí, casas, pequeñitas, con dos habitaciones, pero casas al fin y al cabo, con jardincito y garage). Pues más o menos 800 libras. ¿Y un piso de dos habitaciones en el Born en Barcelona? 1200 euros. Exactamente lo mismo. Y allí cobraré casi el doble.

Nada, que luego nos quejamos de la fuga de cerebros, pero es que cuando un doctorando tiene una beca de 1100 euros al mes (el que tiene suerte), con la perspectiva de que probablemente se le acabará la beca sin haber acabado la tesis y tendrá que trabajar gratis hasta la lectura (ese ha sido mi caso, que mi último sueldo cayó el 30 de marzo, y sin derecho a paro estos meses, y eso que he tenido la suerte de tener un sueldo de un proyecto durante 9 meses, que mi beca acabó en junio del año pasado), y luego el sueldo de un doctor es ridículo comparado con lo que ofrecen fuera, pues te armas de valor, dices adiós a la familia y los amigos, y a vivir una nueva aventura al extranjero a los treinta y tantos. Manda huevos.

3 opiniones en “Después de la tesis”

  1. El dia que algú en aquest pais s’adoni del potencial que tenim a casa… molt em temo que nosaltres no el podrem veure (a no ser que canviin molt les coses).

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