La hipótesis de la línea temporal fantasma de Herbert Illig

Una de las más fascinantes conspiranoias que he leído:

The early Middle Ages (614-911 A.D.) never occurred. Everything that supposedly happened during those years was either a misunderstanding, an event from a different era, or an outright lie – Charlemagne, for instance, is a fictional figure. And we are actually living in the 1700s. (Herbert Illig’s phantom time hypothesis)

Pensándolo bien, tiene una importancia relativa que estemos en el 2007, en el 5000 y pico como los judíos o en sobre el 1300, como los musulmanes, o en el 1700, según esta hipótesis, pero ¿no da un poco de vértigo?

Vía Litio
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Mudancing

Robo el concepto del blog de Vane, que me ha gustado esta idea de ir llenando cajas mientras bailas (aunque no va a ser así de feliz, el concepto está bien), y me uno a la epidemia de mudanzas de finales de verano, principios de otoño, que incluyen, además, que yo sepa, a Rinzewind y a Maiko.

Pues eso, que en una semanita culmino el proceso que empecé hace dos meses y medio, cuando vine a Cambridge, y, ahora sí, dejamos el piso de Girona definitivamente (sniff :_( ). Vuelvo en unos diez días.

Pero no os dejo solos y desvalidos. Este diario, que es muy listo, tiene programadas entradas automáticas para los próximos días, así que no dejéis de comentar, que os leo cuando pueda, o a la vuelta.

Pasadlo bien.

Sobre el trabajo y la cuerda floja

Trabajar nos ocupa una tercera parte del día, pero en general no le damos esa tercera parte de la importancia temporal que tiene. Claro que tempoco se la damos al dormir, que nos ocupa otra tercera parte. Para situarnos, estoy hablando de blogs, y ésta ha sido una introducción para excusarme: voy a hablaros de mi trabajo.

El hecho es que en pocos de los blogs que leo, que son unos cuantos, veo que la gente hable de su trabajo. Supongo que esto de los blogs es para casi todos los que escribimos un entretenimiento externo a la rutina cotidiana, incluido el trabajo. Y claro, no es tan divertido contar que uno se ha pasado ocho horas tomando café y programando rutinas en C++. Además, supongo que todos hemos firmado en el contrato esa cláusula de confidencialidad que no permite que desvelemos secretos empresariales. Y luego está el temor ese de que nos lea el del cubículo de al lado, cosa que en mi caso no me preocupa en absoluto, porque hasta donde yo sé, ninguno sabe castellano. Y sobre los secretos…, no creo que lo que vaya a contar aquí tenga demasiada transcencencia.

Como ya sabéis, vivo en Inglaterra desde hace dos meses y medio, y la única razón por la que estoy aquí es el trabajo. A pesar de que no estoy ejerciendo de doctor, sino que estoy como ingeniero de software, lo que he aprendido en los últimos cinco años haciendo la tesis me ha aportado los conocimientos necesarios para que me consideren el global illumination expert de la compañía, lo que a priori está muy bien cuando el principal producto que hacen y venden es un generador de imágenes realistas, lo que se conoce como render software. Cuando hice la entrevista, y después, cuando empecé, me dijeron que mi papel aquí es mejorar el producto, lo que en concreto se traduce como “aplicar algoritmos que hagan imágenes más realistas, más bonitas y más rápidas”. Hasta aquí, estupendo. Pero el “manos a la obra” se tradujo en seis o siete semanas de pelearme con el código que el anterior “global illumination expert” había programado a su manera (y que los programadores que me leen entiendan lo que mejor les parezca con esta frase). Aún así, arreglé un par de bugs y empecé a familiarizarme con mi entorno de trabajo (léase inglés, compañeros, entorno de programación, código, código ensamblador, etc.). Después de arreglar el segundo bug, le dije a mi jefe que si quería que me pusiera con el documento de mejoras para el programa, y no me puso ninguna pega.

Hace más o menos un mes, recibimos todos un mail de nuestro CEO, que, en resumen, decía que las cosas estaban yendo muy mal y que hacía dos meses que no vendíamos ni una unidad. No había conclusión. En estos mails uno se espera leer al final “ya podéis empezar a espabilar o en un par de meses más esto se hunde” o directamente un “la semana que viene podéis pasar a recoger el cheque del finiquito”, pero no decía nada, ni un “ánimo, sobreviviremos”. Ese mail era un enorme cliffhanger de final de temporada, sin saber si habría una segunda. En cualquier caso eso no presagiaba nada bueno, pero no cuadraba en absoluto con el hecho de que la mitad de los 20 que trabajamos en la empresa hemos sido contratados desde enero. Somos un equipo nuevo que ni siquiera nos hemos empezado a formar como equipo y ya nos dicen que las cosas van mal… La principal conclusión es que algo no se está haciendo bien, y la conclusión adjunta es que ninguno de los diez nuevos tenemos la culpa de ésto.

Desde entonces se han ido sucediendo las reuniones en las esferas más altas de la empresa (el Big Boss, el CEO y los respectivos jefes de ventas, márqueting y desarrollo), pero nadie contaba nada. Sólo mi sarcástico compañero, el alemán, simpático y muy cachondo él, me comentaba que ya me podía ir buscando trabajo en Madrid. Luego la chica de Ávila me iba poniendo al día de la rumorología, ya que ella trabaja en una sala en la que también está el de atención al cliente, que está más enterado de todo. Además, hace un par de semanas me pidieron que fuera cambiando la orientación de mi documento de “posibles mejoras” a “requisitos para un nuevo producto de global illumination”. Había luz al final del túnel (y nunca mejor dicho, aunque sea virtual).

La semana pasada había un ambiente espeso y pesado en el edificio, especialmente en el piso de arriba: más frecuencia en la reuniones y con gente externa. Vinieron unos japoneses el martes y un par de inversores el miércoles. Esos dos días no faltó el catering externo, del que nosotros pudimos merendar las sobras. El jueves por la mañana nos improvisaron al equipo de desarrollo una reunión con el Big Boss, a quien no le había oído hablar antes. En esa reunión me enteré de 1) el nuevo producto tiene luz verde, y ya podemos espavilar porque tiene que estar en la calle en un año y quieren una demo técnica para enero, y 2) nos ha ido de un pelo de rana: si el miércoles los inversores no están de buenas para poner unos cuantos cientos de miles de libras más sobre la mesa, nos hubiéramos ido todos de patitas a la calle, y mis dos meses y medio en Inglaterra se hubieran convertido en una interesante e inútil excursión. Por lo menos (supongo), a estas alturas ya me habría enterado y estaría a tiempo de cancelar mi viaje en ferry de dentro de dos semanas, en el que traigo el coche, la tele, la mujer (no se me enfaden, que queda cachondo 😉 ), y los periquitos, pero la tocada de cojones hubiera sido histórica. De hecho, aún no puedo cantar victoria, ya que el 10 de octubre cumplo los tres meses de prueba y paso a estatus “fijo”, así que aún me pueden hacer la putada más gorda, pero probabilísticamente va a ser que no. Aunque el jueves el respiro de alivio fue enorme, me dio algo de vértigo y preocupación enterarme que “lo que podría haber sido y no fue”.

Pues nada, que aquí estoy, aquí sigo, con un proyecto que empiezo de cero (distinto y mejor de lo que venía a hacer cuando llegué) entre manos y la sensación de haber estado en la cuerda floja sin red y sin haberme enterado. El miércoles vuelvo a volar a Girona por última vez, a llenar cajas, a vaciar el piso y a despedirme definitivamente (de momento 😉 ), de mi etapa anterior. Vuelvo a Cambridge el 5 de octubre a luchar contra los elementos, a ver qué tal se me da.