Sobre Parchís y las reuniones de grupos de antaño

A raíz de una entrada en vayatele que muestra un video bastante antiguo para relacionar la serie de ficción Gominolas con la historia del grupo que la inspira, Parchís, he acabado viendo en youtube un documental mexicano relativamente reciente (parece ser del 2006) que narra la historia del grupo. Yo ya hablé sobre Gominolas e incluso brevemente opiné sobre una supuesta reunión de Parchís, pero lo que no sabía es que la reunión de Parchís había estado tan cerca de producirse.

Aviso que el estilo del documental es horrible, usando todas las técnicas de montaje y suspense de lo peor de la telebasura, como los Diario de… de la Mercedes Milá. Y también aviso que verlos todos (está dividido en seis partes) ocupa sus cuarenta o cincuenta minutos que supongo que muy pocos estaréis dispuestos a perder. Pero para los que éramos fans del grupo, es un gustazo ver a Frank, a Tino, a Yolanda, e incluso a Oscar, la ficha azul original antes que llegara Frank, veinticinco años después. Luego está bien enterarse de la historia del grupo con todos sus cambios de integrantes, con estos Chus y Michel, de los que no tenía noticia, y bien, que parece bastante claro que David y Gemma no han querido participar en este documental, y bien por ellos.

Finalmente, antes de darle al play, quisiera aportar mi breve visión sobre el tema de la reunificación. Han vuelto The Police. Han vuelto Led Zeppelin. A Mark Knopfler no paran de preguntarle por Dire Straits, pero éstos no volverán nunca. Han vuelto Hombres G y Héroes del silencio. Y es que la nostalgia vende, y mucho. En 1999 (cuando yo estaba allí) hubo un fenómeno en México con la vuelta de Timbiriche. Y de Timbiriche a Parchís sólo hay un paso. Timbiriche era un grupo infantil de mediados de los ochenta que surgió en México a raíz del éxito de Parchís y en el que participó Paulina Rubio (quien vea el documental completo, verá que su nombre sale en algún momento). El éxito de la vuelta de Timbiriche fue tan grande que allí en México se especuló muchísimo sobre la vuelta de Parchís. De hecho, la vuelta de Hombres G y de Héroes del silencio es una consecuencia directa del éxito de aquel regreso de Timbiriche. Me puedo imaginar, sobre todo después de ver este documental, las presiones que debieron recibir los de Parchís para que así fuera.

Pues eso, espero que el que se atreva a verlo todo no se aburra demasiado.

Efectos del calentamiento global

Va os cuento otra, hicieron un estudio los de la Universidad de Bristol y descubrieron que el 46% de la población inglesa cambia los paños de cocina cada seis meses o más, ¿ y ahora qué? Y luego venga a dar por culo, perdón, por saco con “food poisoning” e historias varias. Pero si el problema son ellos que son unos guarros. Y hasta ahora porque con el frío que hacía las bacterias estaban congeladas, pero esto del calentamiento global se va a cargar a todos los británicos.

Raquel, comentando la entrada sobre lo guarros que son los ingleses.

Sobre lo guarros que son los ingleses

Yo no me considero una persona especialmente limpia. Algunas de las pelusas de mi piso ya tienen nombre, sobre todo aquellas que me saludan y me vienen a recibir con alegría y dando saltitos cuando llego. Limpio los platos cada dos o tres días, y tengo un considerable desorden con la ropa que tengo por lavar, y con la lavada que tengo por doblar y guardar. Pero, como dice mi mujer, en casa de los demás, cambio. Si vienen visitas encontrarán la casa limpia y si voy a casa de alguien, me comporto. Pero lo de los ingleses es increíble.

Hoy hemos recibido un correo general de la office manager que dice más o menos así:

Subject: La cocina

Hola

He recibido quejas del servicio de limpieza sobre el estado de la cocina. Está claro que ellos vienen a limpiar la oficina, pero no para hacer de chachas recogiendo la mierda que deja cada uno.

En concreto:
Hay platos sucios con sobras de comida apilados en las encimeras.
El microondas queda pringado de comida después del uso.
Hay comida caducada en la nevera.
Hay bolsas de té en el fregadero.
Cucharas usadas sobre las mesas.

Todo esto es inaceptable.

Por favor, asegúrense de poner sus platos (tazas, cucharas, etc.) usados en el lavavajillas. Limpien el microondas después del uso aseguréndose que está limpio para la siguiente persona. Pasen la balleta sobre cualquier líquido que se les haya vertido y, en general, dejen la cocina limpia y piensen en sus compañeros.

Gracias por su cooperación.

Mientras lo traducía, no podía parar de reírme y es que parece una broma, pero todo es completamente cierto. Otro día hablaré de las moquetas en los lavabos, de que te sirvan la comida en los pubs en platos que no están bien lavados y de la basura en los autobuses.

Las mejores películas de los 80 (II): El club de los poetas muertos

La primera vez que vi El club de los poetas muertos (1989) fue en clase de filosofía en BUP. Supongo que después nos tocó hacer un trabajo sobre el concepto del carpe diem y su relación con la felicidad que seguramente se lo copié a Raquel, y por eso no recuerdo haberlo hecho. Lo que sí recuerdo es, no sólo que ese era el tema principal de la película, sino que me caló tan hondo que todavía hoy considero que gran parte de mi filosofía de vida está basada en lo que aprendí de esta película.

Robin Willams (en su mejor papel, a años luz de cualquier otro que haya hecho…, bueno, quizá lo iguala el de Despertares (1990) ) es John Keating (un papel para el que también se postularon Liam Neeson y Dustin Hoffmann), un profesor de literatura que llega a una estricta escuela de niños pijos y revoluciona el gallinero. Sus clases siguen un método de enseñanza completamente distinto al que de una escuela cuyo lema es “Tradición, honor, disciplina y excelencia” se puede esperar, y aspira, no sólo a enseñar literatura a los jóvenes, sino a educarlos en una forma de pensar y una forma de vivir que les ha de hacer hombres libres. Claro, algunos de los alumnos se toman la lección demasiado a la brava y Keating tendrá que resolver unos cuantos problemas, aparte de enfrentarse con algunos de los padres, sus superiores y el resto del profesorado.

De los chavales, los dos más protagonistas han seguido haciendo carrera. La carrera de Ethan Hawke continuó lanzada después de ésta, e hizo Colmillo Blanco (1991), El país del agua (1992), ¡Viven! (1993), Reality Bites (1994), Gattacca (1997), Grandes esperanzas (1998), …, y hasta hoy no ha perdido el ritmo. Robert Sean Leonard, después de Rebeldes del swing, Mucho ruido y pocas nueces y La edad de la inocencia, las tres de 1993, no hizo nada interesante hasta que desde hace unos años es el querido Wilson del Dr. House. Leí una vez a alguien que decía que parece una ironía que este actor resurja con un papel de doctor oncólogo, cuando el papel que le dio a conocer en la peli que nos ocupa es la de un chaval al que su padre (Kurtwood Smith, el malo de Robocop (1987)) le obliga a estudiar medicina, y él no aguanta la presión porque lo que quiere es ser actor.

Las clases del profesor Keating

Dirige Peter Weir, uno de los directores de Hollywood que, aun con su escasa producción (va al ritmo de una peli cada cinco años), puede ser considerado uno de los grandes, aunque sea por Único testigo (1985) y El Show de Truman (1998), donde curiosamente también consigue uno de los mejores papeles de un actor-payaso como Jim Carrey, en este caso.

El título de la película viene de las escapadas nocturnas que, inspirados por las enseñanzas del profesor, una parte de los chavales hacen por las noches a una cueva cercana a la escuela con el objeto de leer poesía, además de fumar y tocar el saxofón, pero claro, en un momento dado aparecen las chicas y los conflictos aparecen. Toda la película, sus frases, sus momentos, toda es maravillosa, pero hay pocas escenas en la historia del cine que me emocionen tanto como este final en el que en un acto de rebeldía varios de los alumnos se suben a las mesas de la clase para demostrar al profesor que han aprendido algo.

¡Oh, Capitán, mi Capitán!

¡Oh, Capitán, mi Capitán!

Brooklyn Follies de Paul Auster

Brooklyn Follies - Portada del libro Sí, me he leído las 300 páginas de este libro en dos semanas. Para la gran mayoría debe ser normal, pero para mí es todo un récord, creo que sólo superado por otra novela de Paul Auster, El país de las últimas cosas, que la leí en seis horas seguidas en un viaje de avión a México. Tiene mucho que ver el hecho que hace tres semanas que ya no pillo la bicicleta para ir al trabajo, sino que voy en bus. Tardo más, ya lo sé, pero voy más tranquilo, paso menos frío y, además, leo. Gracias a eso también pude acabar El Hobbit.

Brooklyn Follies es un libro de personajes, y básicamente de personajes masculinos, aunque en los últimos capítulos algunos personajes femeninos cobran más importancia. Es la historia de varios hombres que cuando empieza la historia se encuentran en un momento de fracaso vital. Nathan, divorciado y despreciado por su hija, está superando un cáncer de pulmón. Su sobrino Tom, ha abandonado un doctorado en literatura y se ha dejado engordar mientras conduce un taxi por Nueva York y, a sus treinta años, sigue soltero y sin compromiso. Harry también está divorciado y lleva una tienda de libros usados en Brooklyn. Son hombres solitarios que coinciden en un lugar y un momento en el que se les da la oportunidad de volver a empezar con sus vidas.

Es un libro fascinante, como casi todos los de Paul Auster, pero en este caso tiene un punto diferente, el juego metanarrativo que nos propone Auster en sus otros libros aquí, aunque también está, no es tan evidente. En cierto modo, El libro de la insensatez humana que Nathan está compilando como proyecto de entretenimiento en su jubilación, tiene que ver mucho con su historia, la que estamos leyendo sobre él y su sobrino. El fascinante proyecto que se le ocurre en las últimas páginas (y del que no desvelaré nada) también autodescribe la misma novela. Pero aquí el juego está más en las historias paralelas entre los distintos personajes, como si en un juego de espejos unos se reflejaran en los otros. Por ejemplo, hay una exploración profunda de las relaciones familiares no convencionales, donde la atadura familiar más fuerte que encontramos es la de un tío y su sobrino, y este sobrino, a su vez, debe cuidar a su propia sobrina de nueve años. Las relaciones padres/hijos o los matrimonios no funcionan en esta novela, en cambio, los tíos y sus respectivos sobrinos tienen una relación de sincera amistad.

Me encanta la forma en que está escrito el libro. Es el primer libro de Auster que me leo en inglés, y su prosa es un regalo para los oídos. No es que tenga un vocabulario fácil, ni mucho menos, pero el estilo es tan directo, tan fluido, que da esa sensación de que dice exactamente lo que pretende expresar, muchas veces con metáforas hermosas y estremecedoras, como cuando describe la tristeza de Harry al despedirse de su hija esquizofrénica el día antes de entrar en la cárcel:

Harry’s heart had been broken many times, but now it was no more than a pile of ashes clogging up a hole in his chest.

Otras ideas, como el Hotel Existencia, un lugar donde sólo se puede ser feliz, son tan mágicas y típicas de Auster como la colección de fotos de Smoke, la Sinfonía de Olores para el perro Bones en Tombuctú, o la biblioteca de El país de las últimas cosas.

Podría criticar posiblemente la falta de una línea argumental clara. La historia va de un lado a otro, de un personaje a otro según las circunstancias lo requieren, pero en nigún momentos sabemos a dónde quiere ir a parar, porque da la impresión de que no todas las historias quedan cerradas hasta que, en el penúltimo capítulo, la metanarrativa nos explica qué es lo que acabamos de leer. Además, la última frase cierra una sutil subtrama política subyacente de forma muy contundente.

En definitiva, es un libro emocionante, vital, muy ameno, con fascinantes giros argumentales, en el que amas a los personajes desde el primer momento, y a pesar de lo trágico de muchas de sus historias, es hasta divertido. Una tragicomedia. Como la vida misma.

P3 2007

Apenas 21 horas en las comarcas de Girona.

Aeropuerto. Raciones en el bar Manolo de Besalú. -3 grados al llegar a Camprodón a las 19h30. Dos quintos en un bar. 26 hombres solos. Cena a las 22h: Macarrones y carne. Campeonato de duro con liguilla, cuartos, semifinales y gran final. 2h30, arrasamos con el P3. A dormir a las 6h. Diana a las 9h45. Desayuno. -4 grados cuando salimos de Camprodón a las 11h. Aeropuerto.

Conclusión:

Ah! M’oblidava… Cap a quina banda carrega vostè?

Actualització (19/NOV/2007 9h17): La crònica del Mikel.

Actualització (19/NOV/2007 21h59): La visió de l’Ignasi.