Sin tetas no hay paraíso

Es curiosa la relación que tengo con mis hermanas. Ahora que vivo a 1500 quilómetros de ellas hablamos mucho más que cuando vivía a 100, por no hablar de cuando vivíamos en la misma casa, hace ya más de diez años, cuando la comunicación era prácticamente inexistente. El caso es que hablando por teléfono con mi hermana pequeña (sí, está casada y tiene a mi única sobrina, pero sigue siendo mi hermana pequeña) me recomendó la serie Sin tetas no hay paraíso. En pocos días me había bajado los nueve capítulos. Estela se quedó medio mosca, porque dice (con razón) que no podemos perder ninguna oportunidad de seguir practicando el inglés (escuchado en este caso) , pero como Lost y House han estado en pausa hasta esta semana, y le hemos perdido el interés a Battlestar Galáctica, nos quedaba la quinta temporada de Friends (de la que hemos visto diecinueve episodios en diez días) y Sin tetas no hay paraíso.

Después de ver cuatro capítulos, estoy gratamente sorprendido. Sabía que era una adaptación de un culebrón colombiano y me esperaba una mezcla del argumento de La reina del Sur, con las historias de amor y cuernos de Los ricos también lloran y el aspecto castizo de Hospital Central. Bueno, ahora que pienso, no me he equivocado de mucho, es casi exactamente lo que he descrito, pero con la mezcla les ha salido un producto de alta calidad.

El Duque
Te voy a fundir con la mirada, y eso que aún no has escuchado mi voz.

La serie engancha y además está muy bien hecha. El argumento no es original, no deja de ser la historia de la Cenicienta, pero con el acierto de convertir al príncipe azul en un narcotraficante mafioso directamente salido del joven Don Vito (Robert de Niro) de El Padrino II. El hada madrina es una prostituta de lujo y las hermanastras son un hermano pringao y una amiga tan pánfila como la propia Cenicienta, que en eso no ha cambiado. ¡Ah! Y en vez de buscar un zapato de cristal, nuestra cenicienta busca ponerse tetas de silicona.

Los otros dos grandes aciertos son un muy buen guión y el carisma que rezuman varios de los personajes, destacando el capo mafioso Rafael “El Duque” (un excelente Miguel Ángel Silvestre) y esta femme fatale que prácticamente encarna a Jessica Rabbit que es, precisamente, la Jessi (tremenda María Castro). Dos personajes-caramelo con los que encuentro han hecho un gran acierto de cásting. Menos creíbles son ya el policía que sigue el caso de asesinato con el que arranca la serie, y la misma Cenicienta de este cuento de hadas narco, la pobre princesita Catalina (Amaia Salamanca), que de tan mira-qué-penita-doy-mira-qué-ojazos-tengo-que-parezco-el-gato-de-Shrek, dan ganas de volverla adulta con un par de cachetes.


No soy mala, es que me han dibujado así.

Veremos a dónde nos llevan los cinco capítulos que quedan, pero esto tiene muy buena pinta. Esperemos que no la caguen.

El horror

Siendo como es el tema del día en todo el mundo, no creo que vaya a escribir nada nuevo, pero durante el día de ayer me pasaron por la cabeza muchísimas reflexiones e intentaré plasmar aquí algunas.

Para los pocos que no se haya enterado (o que vengan del futuro y no sepan de qué hablo), hay un señor en Austria que ha tenido encerrada a su hija en el sótano de su casa durante 24 años. Por si esto fuera poco, la mujer tuvo siete hijos de él, tres de ellos han estado viviendo con ella en el sótano, otros tres fueron adoptados por el padre/abuelo y la abuela, y el séptimo fue incinerado en el horno de la casa después de morir. El caso se ha destapado porque la primera hija, ya de 19 años, ha desarrollado una enfermedad genética que suele darse en casos de incesto y la tuvieron que llevar al hospital.

De entrada no me salen las palabras para describir lo que siento cuando leo esto, pero básicamente se pueden resumir en rabia y tristeza. Siento que no hay posible castigo para este señor (estoy intentando evitar llamarle monstruo porque a su lado le tengo cariño a Frankenstein, Drácula, la Momia y a Hannibal Lecter). De entrada porque tiene 73 años, y aun el ojo por ojo (meterle 24 años en un zulo haciéndole sufrir violaciones continuadas) no tiene ningún sentido. Tampoco lo tiene hablar de la pena de muerte, o de encerrarle de por vida. Hay cosas que la única solución que tienen pasan por inventar la máquina del tiempo primero. Es muy difícil imaginar la magnitud del daño que este señor ha hecho. La mujer y los tres hijos encerrados con ella los tienen muy difícil para ser seres sociales y tener una vida normal. Luego están los tres que vivían con él arriba en calidad de adoptados y su esposa. La verdad no imagino que este señor pudiera ser una persona normal en su casa y en su trabajo (era propietario de una empresa, y visto el tamaño de su casa le iba muy bien), pero todo puede ser. Si ese es el caso, tenemos un monstruo social que sólo ha engendrado cuatro monstruos más, esperemos que recuperables en la medida de lo posible.

Ateniéndonos solamente a los hechos, la pregunta es cómo pudieron no enterarse de lo que sucedía, primero su esposa, y después el resto de la familia, los vecinos y/o amigos. La explicación que se empieza a dar es “no quisieron enterarase”, y creo que por ahí van los tiros.

Una última reflexión para terminar: esta historia es carne fresca que va a generar mucho dinero. Primero, vamos a tener para días en las noticias y los periódicos mientras nos van desgranando detalles del caso, nos dan la entrevista con la mujer, la entrevista con la secuestrada, con los hijos mayores, los planos de la casa, el juicio, etc. Y después, váyanse preparando para las películas, las series, los libros y el videojuego.

Dejando de buscar el piso perfecto…

… porque ya hemos encontrado algo. Bueno, no es una casa perfecta, pero se acerca bastante. Dejad que os explique…

El piso donde estamos ahora es bonito, cálido y acogedor, pero es pequeño y está lejos del trabajo. Así que desde enero hemos estado mirando pisos para mudarnos. Básicamente hemos estado buscando:

  • Un piso de dos habitaciones. Tres hubiera estado bien, pero entonces el presupuesto se disparaba.
  • Algo más cerca del trabajo. Estaba la opción de buscar por el norte de Cambridge (ahora estamos al sur y hemos de atravesar la ciudad para llegar al trabajo) o en los pueblos de alrededor, un poco más baratos, pero lejos de la civilización y obligándonos a utilizar el coche.
  • Precio máximo: 800 libras.

Éstas han sido las líneas generales; el filtro de selección en el momento de buscar en los anuncios clasificados de internet. Ahora bien, desde que en diciembre vimos dos o tres, hasta la semana pasada, hemos visto seguro unos veinte o veinticinco pisos, que hemos ido descartando porque no eran “perfectos”. Aquí va una lista con posibles motivos de descarte:

  • Moqueta en el baño. Yo pensaba que era una leyenda urbana, y de hecho, en los primeros que vimos no había mucha moqueta, pero es real: los baños en Inglaterra tienen, en general, moqueta hasta en el baño. Y sí, hemos descartado al menos dos pisos que era perfectos, en todo, menos en el detalle de la moqueta en toda la casa y, en particular, en el baño.
  • Falta de espacio. En general hemos estado buscando un piso ya amueblado, pero hemos sido algo flexibles en ésto. Eso sí, un piso sin lugar para armarios, con las habitaciones pequeñas, la cocina pequeña y sin armarios empotrados quedaba descartado.
  • Cocina americana. Éste era el único inconveniente del piso de Girona, y yo tenía claro que quería la cocina separada del comedor. O una cocina comedor con la salita aparte.
  • Sin lugar para guardar las bicis y el coche. Debía tener, mínimo, un lugar asignado para el coche y un trastero o un cobertizo para guardar las bicicletas.
  • Según el barrio. Quizá fue exagerado, pero descartamos uno de los pisos, que no tenía ningún defecto, porque cuando fuimos a verlo había un policía picando a la puerta de los vecinos. Vimos dos o tres pisos más en ese barrio, pero ya con reservas.

Por último, lista de cosas no imprescindibles, pero que puntúan:

  • Amueblado. Y mejor con buenos armarios y dos camas o una de matrimonio en la segunda habitación.
  • Doble cristal, que hace frío en invierno, y es ecológico.
  • Instalación de gas, para la cocina y la calefaccón.
  • Instalación de Virgin Media, que es donde tenemos contratado el teléfono e internet.
  • Trato directo con el dueño. Y mejor si se ve buena persona. Muerte al intermediario chupasangre.

Pues la semana pasada vimos, en total, cinco pisos; uno el miércoles, tres el viernes, y teníamos cita para un cuarto piso el mismo viernes que, agotados, dejamos para el sábado, sólo que el viernes por la noche ya nos habíamos decidido por el que habíamos visto el miércoles y el del sábado lo vimos por verlo, y, por cierto, era de los que eran perfectos excepto por la moqueta en el baño…

Total, que el 17 del mes que viene entramos en una casita adosada, a medio camino entre el centro de Cambridge y el trabajo, muy cerca del río en un barrio llamado Chesterton. A Estela no le acabó de gustar que no tiene doble cristal y que la nevera de la cocina es pequeña. Otro posible problema que yo le encuentro es que la habitación da a una calle bastante transitada; no es que sea una avenida, pero es una calle por donde pasa el bus y hay varios comercios justo enfrente. Todo lo demás se ve muy bien, lo que nos acabó de convencer es que es trato directo con el dueño y el señor se ve muy accesible, además de parlanchín. Él dice que nos pone todos los muebles que necesitemos, literalmente “para entrar a vivir sólo necesitaréis traer vuestra comida y ropa”. También tiene un pequeño jardín con un cobertizo para las bicis y, por supuesto, no tiene moqueta en el baño.

El lunes ya firmamos el precontrato.

De medios de transporte e inversiones

Desde que Estela empezó a trabajar a finales de febrero, a dos edificios de donde estoy trabajando yo en el mismo parque empresarial, hemos estado viniendo en coche al trabajo. También ha coincidido que su madre ha estado tres semanas con nosotros, y nos propusimos llegar al trabajo antes de las 8 de la mañana, para que ella pudiera salir antes y estar más rato con su madre. Yo seguía trabajando hasta las seis.

Todo esto fue hasta la semana pasada. Fue el jueves que me vino con la propuesta de una amiga suya de ir a pasar el fin de semana del 26 (el que viene) a Gales a hacer bicicleta. Le dije que estaba loca. Mi bicicleta llevaba dos meses con la rueda de atrás pinchada, al lado de la suya que no ha tocado desde que la compramos en febrero. Nuestro estado físico da mucho que desear, cuando nuestro único ejercicio físico las últimas tres semanas había sido hacer paseos turísticos para contentar a la suegra, y antes ni eso. Y luego está el coche, que desde el 5 de abril lo tenemos oficialmente ilegal en Inglaterra.

Discutimos un rato hasta que llegamos a un acuerdo: el sábado haríamos la prueba de venir hasta el trabajo en bicicleta, y si la superábamos, desde el lunes vendríamos en bicicleta al trabajo todos los días durante dos semanas. Así solucionábamos lo de ponernos algo en forma y lo de no tocar el coche hasta el viaje a Gales. Pues hasta hoy, lo hemos cumplido; llevamos cinco días viniendo juntos al trabajo, seguimos llegando a las ocho, y nos pegamos quince quilómetros diarios de pedaleo, siete y medio de ida, siete y medio de vuelta.

En cualquier caso, yo he estado sufriendo el mal estado de mi bicicleta. El sábado hinché la rueda y conseguí engrasar la cadena hasta que dejó de encallarse, ya que el óxido había hecho estragos en ella, pero la rueda no duraba hinchada más que unas horas y no tenía frenos. Hinchar la rueda cada vez que he de usar la bici es un engorro, pero ir sin frenos es peligroso y en tres días me he pegado varios casisustos. Así que ayer, que por fin tenía la hora de comer libre después de un par de días viendo pisos (1), tomé prestada una llave del ocho y arreglé los frenos. Fue más fácil de lo que creía y no tuve que usar la opción B de llevarla a un taller. Igualmente, tomé la decisión de hacer una inversión en la bicicleta y por la tarde me fui al Halfords a llenar el carro de la compra: dos cubiertas, que las que tenía ya estaban podridas, una cámara a prueba de pinchazos (que ya estoy harto, que ya he pinchado seis o siete veces desde el verano), una llave para los frenos, unas pastillas de freno, una cadena anticorrosión y un casco para Estela. Llegué a casa, puse la nueva cámara y las nuevas cubiertas, dejé las pastillas de freno y la cadena para el fin de semana. Al subir a casa examiné la cámara que acababa de sacar, encontré el pinchazo y lo parché, así la tengo de recambio por si me falla la de delante. Me lavé las manos, cenamos, y nos pusimos a terminar de ver el episodio piloto de El coche fantástico 2008, sólo para darnos cuenta de que nos volveríamos a dormir antes de terminar de verlo…

(1) El tema de los pisos dará para otro post próximamente, sólo digo que esta tarde tenemos tres visitas más.