De la noticia a la realidad personal

El titular es el siguiente:

Second arrest over M11 death crash

De toda la noticia que podéis leer siguiendo el enlace previo, quiero destacar este párrafo:

The southbound M11 was closed while police investigated the incident with some motorists trapped on the Harlow stretch for several hours. The road was re-opened at 7pm last night.

Recapitulo:

Tres chavales de entre 16 y 17 años (aquí debería poner «presuntamente», pero voy a relatarlo como una posible versión de los hechos) roban un coche un viernes por la noche y a las 8 y pico de la mañana del sábado se la pegan en la autopista que va de la carretera del aeropuerto de Stansted a Londres (la misma que casualmente va de Cambridge a Londres). El que va en el asiento del acompañante se mata, el que va atrás sale despedido y lo encuentran a varios metros en medio del campo, grave, pero vivo, y se lo llevan en helicóptero al hospital. El conductor, con el brazo roto y cubierto de sangre, consigue que un Audi A3 le lleve a la estación de metro más cercana y desaparece. El mismo día por la noche, la policía le detiene en su casa.

Mientras tanto, no muy lejos:

Un servidor, su mujer y la madre de ella se preparan para ir a pasar el fin de semana a casa de unos amigos cerca de Londres. El único objetivo es que la suegra, que está de visita, se pueda hacer las fotos «yo estuve aquí», con el Big Ben, y en el Tower Bridge, y que nos subamos al London Eye. Nuestro error: poner nuestra propia música al subir al coche y no darle una oportunidad a la radio. Una vez pasada la salida ocho, la del aeropuerto de Stansted, poco antes de las 11 de la mañana, nos quedamos parados en el tráfico. Recorrimos los siguientes cuatro quilómetros en cuatro horas, hasta que en un momento dado, veo por el retrovisor que los coches de atrás están dando la vuelta y volviendo por los mismos carriles por los que veníamos. Ocho quilómetros contra dirección. Salimos en la salida de Stansted, le decimos al Tom Tom que evite la M11, y en una hora y media estábamos, muertos de hambre, en casa de nuestros amigos, que habían tenido cinco horas extra para limpiar la casa y prepararnos la comida que, ahora, ya era cena.

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