The Dark Knight (El caballero oscuro)


La pregunta que me rondaba la cabeza desde hace unos días era hasta qué punto debía moderar las expectativas creadas. Los hechos son que esta película se estrenó el fin de semana pasado en Estados Unidos y ha batido todos los récord de público y de crítica, encaramándose en unos pocos días al número uno de las mejores películas de la historia del cine en IMDB. Lo primero que viene a la cabeza es ¿es esto posible? ¿cómo puede una película superar en un fin de semana a Cadena Perpetua, El Padrino 1 y 2, o El bueno el feo y el malo? ¿No es una exageración mediática? ¿No hacen falta unos años de cocción para que una película se convierta en un clásico y gane el bouquet necesario para cotizar en las mejores películas de la historia del cine? Dejo ahí la pregunta y dejaré el análisis para expertos en psicología de masas, porque mi apuesta es que con el tiempo esta película se va a desinflar… pero sólo un poco.

Como ya habéis visto las cuatro estrellas y media que le he plantado, ya imagináis que respondo al tema de las expectativas diciendo que no me ha defraudado: estamos ante una gran película, a la que me es imposible encontrarle un resquicio por el que pueda decir que me falla. Pero como la perfección es fría y eso sólo le da tres de las cinco estrellas a una película, debo nombrar el elemento que hace que aplauda, me quite el sombrero, me incline con la rodilla en el suelo y alabe: ése es Heath Ledger. Su Joker es brutal y acojonante, es el loco de la celda más profunda, es el payaso siniestro del circo del horror, es un villano de tanta altura y un personaje tan atractivo (como los son todos los grandes malvados del cine) que su principal demérito es ajeno a él y se llama Batman, que en esta ocasión casi que pasa desapercibido entre tanto carisma a su alrededor. Tampoco me voy a olvidar de Dos Caras (Aaron Eckhart), que también es un malo de altura, aunque su presencia como tal en pantalla es escasa a pesar de las más de dos horas y media de película. Claro que el terrorífico y explícito diseño de su personaje tiene mucho que ver. El Teniente Gordon (Gary Oldman) gana peso en la trama, y los inseparables de Bruce Wayne, Lucius Fox (Morgan Freeman) y Alfred (Michael Caine) tienen sus grandes momentos, aunque para este último se le reservan las frases lapidarias y que pueden acabar siendo citas cinematográficas al lado del “Why so serious?” y el “I’ll put a smile on that face” del Joker. No he nombrado al personaje de Rachel Dawes hasta ahora, porque me sabe mal decir que sigue siendo un personaje algo vacío e insulso, a pesar de que el cambio de actriz de la pazguata Katie Homes a la gran Maggie Gyllenhaal es claramente a mejor, esta última queda desaprovechada.

Creo que no me dejo nada importante en el tintero, sobre la fotografía, el montaje, el ritmo, la música…, ya lo he dicho todo antes cuando he dicho que la película es perfecta y no me voy a enrollar. Sólo me queda la duda de si la muerte de Ledger el pasado enero nos influencia en la mitificación de un personaje, y, por ende, una película que seguro merece una alta calificación, pero de ahí a meterla entre las mejores de la historia del cine hay un gran paso y falta de perspectiva. El tiempo, y algún que otro nuevo visionado, lo dirá.

Wall-E


Las películas de la compañía Pixar no sólo destacan por su excelencia en el campo de la animación 3D, sino por ser excelentes películas en sí mismas, empezando por sus puntos de partida: sus soberbios guiones. Pero mi apreciación personal es que esta vez me han fallado. En sus anteriores películas, incluso en las tres con historias más sencillas e infantiles como Bichos (1998), Buscando a Nemo (2003) y Cars (2006), el guión es milimétricamente perfecto. Pero siento que en Wall-E la historia flaquea por muchos lados. En realidad asistimos a la historia de amor entre dos robots, y desde este punto de vista no tengo ningúna objeción. Lo que en realidad me chirría es el trasfondo de ciencia ficción futurista, que, incluso homenajeando estupendamente a los grandes clásicos (ahí están el HAL de 2001 y el Gran Hermano de 1984), no consigue establecer una lógica interna consistente (1 con SPOILERS).

Por otro lado…, bueno, por todo lo demás, en realidad, la película es una maravilla. Me encantan los dos personajes principales, uno que es clarísimamente un Johnny número 5, y el otro un iPod avanzado versión año 2800, en homenaje a Steve Jobs, el dueño de la compañía Pixar, que es el mismo que de la compañía Apple. Es increíble cómo dos personajes que son prácticamente mudos y que se comunican entre ellos, y por ende con nosotros, con ruiditos (lo que hace que más de la mitad de la película sea casi casi cine mudo, un riesgo del que salen airosos) nos puedan transmitir tanto. Son geniales el afán coleccionista del robot protagonista y su curiosidad por los objetos, la horda de robots locos y, por ende, antisistema en la nave espacial, la forma de representar a los humanos, que, aunque inconsistente (ver de nuevo 1), tiene un brutal valor simbólico con la sociedad occidental de hoy en día acomodada en el consumismo y las comunicaciones virtuales… y también quisiera destacar el maravilloso epílogo sobre la, digamos, para no estropear demasiado, la segunda y revisada historia de la humanidad, vista a través de la historia de la pintura: fondo y forma intrincadas como nunca, y que además invitan a una segunda lectura como un guiño sobre la propia compañía, pionera en el 3D, después de que hace año y medio fuera comprada finalmente por la gran representante de la animación tradicional: Disney.

Total, que les ha salido un bonito alegato ecoanticapitalista con historia de amor robótico incluida, pero que como distopia futurista deja que desear.

Off-topic: Quisiera quejarme amargamente sobre las condicines deplorables en las que vimos la película. Soy de los pocos que quedan que prefiero gastarme las siete libras que vale la película en el cine, con la pantalla grande, el sonido envolvente, la cómoda butaca y la sala oscura, especialmente si tengo una mínima seguridad de que la película lo va a valer, como es el caso. Pero cuando empieza el corto Presto, el proyeccionista (esa figura que ya no existe porque se encarga simultáneamente de los siete proyectores de las siete salas que tenga el complejo), dejó puesta una lente que nos mostraba la película en formato vertical, con los personajes delgadísimos y altísimos. Cuando a los cinco minutos vinieron a arreglarlo, el corto ya había acabado, y lo hicieron de tal forma que la zona de la pantalla de más a la izquierda estuvo tapada (en negro, vamos) durante más de la mitad de la proyección. No es que se perdiera nada fundamental, pero se perdía el equilibro de la fotografía del formato panorámico y, joder, que no estaba bien, no era perfecto, y yo, por el cabreo, no pude concentrarme a disfrutar de la peli lo que merezco por lo que he pagado. Ya sé que lo que hay que hacer en estos casos es levantarse e ir a buscar a alguien responsable y avisar a tiempo; eso obliga a perderse unos minutos de la peli, que ni yo ni nadie más de la sala estuvo dispuesto a hacer. Lo peor es que, después, nos conformamos como borregos en vez de ir en masa a pedir que nos devuelvan el dinero. Lo merecemos por burros. Eso sí, si ya voy poco al cine, la próxima vez aún me lo pensaré un poco más.

1.- ATENCIÓN SPOILERS. ¿Alguien me explica como se pueden reproducir unos gordos que no se mueven de sus sillas transportadoras y que apenas pueden mantenerse en pie? Y otra: Si las máquinas se rebelan contra los humanos y no quieren volver a la Tierra ¿qué sentido tiene mantenerlos vivos en este estado de enajenación mental?

Quiero ser un perro inglés

Nos vamos, que nuestro perro cumple hoy diez años y le hemos preparado una cena especial con salchichas y le vamos a regalar un nuevo collar azul con estrellas amarillas.

Sally, una compañera de trabajo de Estela, que, junto a su marido, fueron lo primeros en irse, a las cinco, de una fiesta que había empezado a las tres.

Carsharing, o cómo tener un coche a mano sin ser el propietario

Después de dejar el coche en Barcelona hace ya un mes (que todavía está en venta, por cierto), nuestra intención era esperar uno o dos meses a comprar un coche de segunda mano en Inglaterra. En realidad, ahora que vivimos a cinco minutos en bicicleta del trabajo, el coche sólo lo necesitamos una o dos veces al mes para ir a visitar a Raquel o a Venus, o para algún otro evento esporádico que nos surja. Así las cosas, en la misma semana, un compañero de trabajo me comentó a mí, y una compañera le comentó a Estela que podíamos usar el carsharing, algo que en principio es ideal para nuestro caso.

La idea es similar a la de alquilar un coche, pero en la que pagas por horas y a través de una suscripción. Hay un pago anual de membresía (en nuestro caso es de 50 libras) y luego, cada vez que usas el coche pagas seis libras la hora (si es un Golf) o cuatro libras la hora (si es un Polo). Si lo pillas más de ocho horas, lo puedes tener hasta 24 horas por 50 libras. Las primeras 30 millas que hagas en un día vienen incluidas en el precio, y a partir de ahí, te cobran 23 peniques por milla. Si has de poner gasolina o lavar el coche, lo puedes pagar con la tarjeta que viene dentro del vehículo, y el resto se basa en la confianza. Te piden por supuesto que lo cuides, que lo dejes aparcado en el lugar que tiene asignado y con al menos un cuarto del depósito de gasolina lleno, que lo mantengas limpio y que conduzcas con cuidado, aunque si hay multas no te preocupes que te las van a cobrar, y si hay un accidente la franquicia es de 500 libras. Puedes quitar la franquicia pagando un extra mensual, lo cual es una decisión personal, como si tuvieras tu propio coche.

Me puse a hacer cuatro cuentas y vi que si lo usamos dos días completos al mes (100 libras), nos sale a cuenta de sobras, ya que tardaríamos tres años y pico en gastar las 4000 libras que nos gastaríamos en uno de segunda mano, y eso sin contar el seguro y posibles reparaciones, que en el caso del carsharing están incluidos. De acuerdo que después el precio por milla es superior al gasto estricto de la gasolina, pero eso es algo que ayuda a la concienciación de cuál es el gasto real de un coche, que debería incluir el desgaste, la amortización, el seguro, los líquidos varios…, que no nos damos cuenta, pero mantener un coche es un desperdicio económico y ecológico importante, y así sabemos qué es lo que gastamos realmente por tiempo y distancia de uso.

Nosotros nos dimos de alta la semana pasada pensando que lo usaríamos para el concierto de los Gipsy Kings, pero como al final nos llevaron, lo estrenaremos el próximo sábado, que nos han invitado a una fiesta a un pueblo a unas 15 millas de aquí. Ya os contaremos la experiencia.

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