La casa por el tejado (o construir sin planos)

Imaginemos que somos un grupo de siete personas, y cada uno de nosotros tiene más o menos idea y experiencia de cómo hacer una choza de madera y paja con nuestras propias manos, e incluso un par o tres de nosotros sabríamos planificar una casita en la playa, pero no lo hemos hecho nunca. De pronto nos juntan a todos y nos dicen que tenemos que hacer una mansión, pero en vez de designarnos como arquitecto a uno de nosotros, nos ponen como jefe de proyecto a uno que no tiene ni idea de arquitectura, pero que es un magnífico agente inmobiliario.

Por supuesto el nuevo jefe sabe perfectamente cómo tiene que quedar la mansión para poder venderla a buen precio, porque ha visto, conoce y ha vendido muchas mansiones, pero no sabe por dónde tienen que ir las tuberías o la profundidad que han de tener los cimientos. De este modo, su forma de planificar el proyecto es preguntarnos a cada uno qué es lo que mejor sabemos hacer y ponernos a trabajar en ello. A uno se le dan muy bien las cocinas y se le manda que haga la cocina, a otro le ponen a hacer los cimientos porque la choza que hizo por su cuenta era muy sólida, a un tercero le mandan el jardín, entre otros dos se encargan de las tuberías, los baños y el drenaje, luego estoy yo, que como por supuesto soy experto en luces y sombras, me toca la instalación eléctrica y comprar lámparas, y al último, uno con el que habían trabajado antes (el veterano), le mandan supervisar lo que hagan los otros mientras se encarga del mantenimiento de un castillo de naipes que habían hecho durante los últimos siete años. A la hora de la verdad, éste, como no se atreve a exigirnos nada a los que en realidad somos sus compañeros y nos quiere tratar como iguales, se dedica casi exclusivamente a hacer chapuzas a su manera aquí y allá en el tiempo que le deja su castillo semiabandonado.

Así, después de varios meses en los que cada uno trabaja en lo suyo y de vez en cuando explica a los demás lo que está haciendo para intentar que las diferentes partes encajen, alguien cae en la cuenta de que nadie se encarga de la pintura de las paredes y la decoración, y, lo que es peor, nadie sabe dónde han de ir las puertas y las ventanas. Aun así, por casualidad, o porque alguien lo comentó esporádicamente un día y todos estábamos escuchando, sabemos que la mansión tiene dos pisos y la escalera al fondo a la derecha, así que todos hemos trabajado más o menos con la misma idea de mansión en la cabeza. Cuando aparece el problema de las puertas y las ventanas, nadie quiere responsabilizarse y dejamos el problema para más adelante.

En éstas andamos cuando yo, después de sentir que he hecho un gran trabajo en la iluminación del sótano gracias a la colaboración y entendimiento con el que ha hecho los cimientos, me dispongo a hacer la instalación del primer piso. El caos es total, pero luchando contra los elementos consigo tener una instalación eléctrica que funciona más o menos mal, pero funciona. Eso sí, he tardado tres meses en vez de las tres semanas inicialmente previstas.

Decido que antes de ponerme con el segundo piso voy a dar la voz de alarma a los compañeros y al jefe de proyecto (que por ahí anda convenciendo a los propietarios que la mansión será preciosa, espaciosa, cómoda, y lo nunca visto en iluminacion de interiores, aunque ya avisa que se va a entregar con retraso y pide más dinero para mantener los gastos de obra y materiales), y me dispongo a convencerles que necesitamos hacer los planos, y ajustar lo que ya tenemos como se pueda a unos planos pensados para que que me permitan enfrentar el trabajo en el segundo piso con un mínimo de seguridad y de garantías de que voy a cumplir lo que se espera de la gran baza de la casa: la iluminación.

Después de una intensa reunión de tres horas esta tarde (a la que el jefe no ha asistido porque, efectivamente, sabe que no va a entender una plabra de lo que se hable), han aparecido muy buenas ideas para mejorar la casa y todos hemos salido con ánimo para continuar. Incluso a alguien se le ha ocurrido buenos lugares donde encajar una puerta y tres o cuatro ventanas.

Así, en los próximos meses, entre el supervisor de las chapuzas y yo intentaremos acondicionar el segundo piso para que la futura instalación eléctrica y la iluminación queden cojonudas. Por otro lado, el de la cocina ha expresado su preocupación porque las tuberías y el drenaje se han instalado en la otra punta de la mansión, junto con un baño que les ha quedado de puta madre. En la reunión no ha quedado claro si teníamos que trasladar la cocina o hacer un considerable alargo de las tuberías. Eso sí, el jardín está quedando precioso.

Por cierto, sobre los planos, nada de nada. Mejor se han desestimado porque implicaría derribar y volver a construir, y ya no estamos para perder el tiempo.

(Aclaro: Por si alguien no me conoce suficiente o no lo había adivinado, se trata de un proyecto de software. Está claro que es inconcebible que una casa se construya sin una planificación inicial. En cambio, siento que en software esto es el pan de cada día. Por otro lado hay quien asegura, entre ellos el veterano (el supervisor chapucero del cuento), que esta es la mejor manera de trabajar en ingeniería de software y que, mejorando incrementalmente el diseño y la funcionalidad del proyecto, al final nos quedará la mansión soñada por los dueños del terreno. Yo no lo sé, preguntadme dentro de un año.)

Ahorro

Oído esta tarde en la oficina:

Compañero 1 (novato): ¿Por qué el Big Boss viene tan poco?
Compañero 2 (veterano): Porque es muy caro.
Todos: ¿¿¿???
Compañero 2 (veterano): Sí, como cobra mucho viene la mitad del tiempo y así le ahorra dinero a la empresa.
Todos: ¿¿¿???
Compañero 2 (veterano): Es que el resto del tiempo hace de consultor para otras empresas.
Todos: Hmmm, ahá….

Probando Facebook

Perfil al Facebook de Alex Méndez Feliu Hasta el viernes había resistido, pero en la misma semana se apuntaron (y me invitaron) mis hermanas y dos de mis mejores amigos sólo saben conversar entre ellos por teléfono sobre las puntuaciones de los juegos de Facebook, y otros dos amigos (que se conocen gracias a que ambos son comentaristas de este blog) no dejan de insistirme que me apunte.

Así que me apunté el viernes, y me pasé el sábado jugando.

No tiene nada demasiado especial: es un agregador social, como linkedin, myspace o microsoft live (antes microsoft spaces), sólo que totalmente orientado al ocio. Es decir, sin ninguna utilidad práctica más que para pasar el rato. Iba a decir “perder el tiempo”, pero no quiero añadir connotaciones negativas al asunto, que perder el tiempo está muy bien siempre que no afecte a la productividad laboral o a las relaciones personales del mundo real: las de “cara a cara”.

A primera vista pienso que el éxito de Facebook radica en un par de elementos. El primero es la baza de la adicción. Tomémoslo como un juego (o varios), a ver quién consigue encontrar a más amigos, quién consigue más regalos virtuales, quién deja, y a quién le dejan más mensajitos. Aparte están los juegos en sí, en los que compites directamente con tus amigos en a ver quién saca mayor puntuación.

El segundo elemento es la sorpresa. Gracias al éxito de Facebook encuentras apuntada a gente que nunca pensabas ni siquiera que tenía un ordenador, o a amigos perdidos de tu infancia y adolescencia.

Supongo que en pocos días perderá la gracia. Al menos más me vale que sea así, que ya tengo suficientemente abandonado este blog como para encima liarme con otras cosas.

Adiós a la TV License

En capítulos anteriores, en este mismo blog

…si tienes un aparato de televisión en tu casa conectado a la antena, pagas, aunque la tengas apagada y no la veas o aunque sólo veas la MTV. Total, ¿para qué complicarse la vida si todo el mundo tiene televisión y todo el mundo la usa?

Por cierto, la broma de la BBC cuesta unas 11 libras al mes por hogar.

Pues desde que trajimos el aparato de televisión el pasado octubre, me di de alta y hemos estado pagando la televisión puntualmente. Tan puntualmente que te cobran seis meses por adelantado, y de ahí lo que toque cada mes.

El hecho es que desde que nos mudamos a la nueva casa la recepción de la antena no acaba de funcionar bien. Cuando hacía buen tiempo veíamos sólo tres o cuatro de los treinta canales de la tv digital, y con viento o lluvia, la señal desaparecía por completo. El dueño se negó tozudamente a repararnos la antena, pero alguien nos recomendó un aparatejo llamado TV booster, que no es más que un amplificador de señal. Con eso, los días de buen tiempo vemos casi todos los canales, y con viento o lluvia, solo algunos y no muy bien. Así hemos pasado los últimos meses, en los que, por cierto, casi no hemos visto la televisión; sólo la tuvimos encendida durante las olimpiadas, y algunas mañanas con las noticias.

Hace unos días recibimos una carta con la comunicación del aumento de precio anual y los plazos de pago para el próximo año: ahora ya son casi 12 libras al mes. La decisión fue inmediata y Estela la ejecutó fulminantemente con una llamada: nos hemos dado de baja de la TV license. Hemos alegado que la antena no va y que no vemos la tele, pero para que no haya dudas, ya hemos guardado el cable de conexión a la antena y el tv booster en un cajón, por si viene alguien a comprobarlo. Ahora falta que nos crean y nos devuelvan los seis meses que hemos pagado por adelantado.

¿A quién se parece?

Ayer nos fuimos a hacer lo que llaman, a mi parecer erróneamente, la ecografía 4D, que consiste en obtener una representación virtual del bebé en tiempo real a partir de los datos que aporta la ecografía. Esta aplicación no representa una complejidad extra al avanzado aparato que te hace la ecografía tradicional, es un programa más que puede venir como una actualización del firmware del aparato. El servicio añadido consiste en imprimirte unas “fotos” de este modelo virtual y grabarte un video en DVD. Como es algo nuevo, y como se trata de un capricho que no aporta absolutamente nada a la evaluación de la salud del bebé o la madre, pues te cobran un dineral que hoy en día ronda los 150 euros.

Pero como a Estela le hacía ilusión, a mí me daba curiosidad, y además queríamos complementar las únicas dos ecos que nos han hecho en Inglaterra, pues nos animamos.

(Nota 25/SEP/2008 9h38: Aquí iba un video que he quitado porque youtube no lo acaba de dar por procesado. Si resucita, lo volveré a poner.)

En la consulta garantizan una correcta visualización del bebé, que es lo mínimo que se puede pedir visto lo que cobran. Nuestro problema era que si teníamos mala suerte no podíamos volver otro día, que ayer estábamos en Barcelona y esta mañana hemos vuelto a Cambridge. Pues resulta que el bebé se pasó todo el rato con un bracito delante de la cara, así que nos mandaron a pasear un rato, a ver si el bebé cambiaba de postura, y lo probábamos de nuevo. Al volver no tenía un brazo, sino los dos tapándole la cara (momento que recoje el primer video), pero como se movía más, el doctor pudo pillarle un momento con los brazos apartados de la cara y nos hizo la visualización del segundo video.

No tengo muy claro si esto vale lo que cuesta. De hecho en tres meses tendremos al bicho en vivo y en directo y nos habremos olvidado que lo tenemos en DVD con un escaneo guarro en 3D. Pero de momento ya le hemos estado buscando parecidos, y, contestando a la pregunta del título: no se parece ni a su madre ni a mí; en todo caso tiene la nariz y la boca de Miguel, el hermano de Estela.

Barra libre

He recibido esta mañana un mail en la cuenta de la Universitad (sí, después de más de un año que no trabajo allí, todavía tienen mi cuenta activa y estoy suscrito a las listas del departamento, con lo que me entero de todas las reuniones, seminarios y cotilleos) que invitaba a todos los miembros del departamento a dejar de utilizar las redes P2P si no era para uso exclusivo de temas de docencia e investigación. Parece que al administrador de sistemas le llegó algun aviso…

Es curioso que hace un par de semanas circuló un correo parecido en mi trabajo actual, porque alguien estaba usando el azureus y la red se colapsó varias veces.

Pasando por alto los temas de derechos de autor, pienso que el principal problema de usar P2P en el trabajo es precisamente la utilización personal de recursos que has de estar usando para un uso productivo. El límite intolerable está cuando empiezas a invadir la productividad del compañero, como en el caso de acaparación de ancho de banda o hacer que caiga la red.

Queda claro entonces que algunas cosas se deben de hacer bajo la cuenta y riesgo de cada uno en casa. Alguno que me conoce bien me dirá que no prediqué precisamente con el ejemplo cuando estaba en la Universidad. Pues bien, resulta que, primero, ya no estoy allí, y segundo, cuando lo hacía, me aseguraba que el ancho de banda máximo de subida y de bajada estuvieran dentro de límites casi imperceptibles.

En cualquier caso, reconozco que tenemos un problema. Bueno, los creadores de contenidos (productoras y distribuidoras de cine, televisión, música y videojuegos) tienen un problema y depende de la solución que encuentren saldremos salpicados todos. Está claro que quien más está ganando dinero con el asunto y callan como si no fuera con ellos son los proveedores de internet. A estos no les interesa vigilar lo que te bajas o no, y menos bajarte el ancho de banda o cortarte la comunicación, porque si se ponen pesados, me voy a la competencia, o porque para ver mis mails, chatear y leer la web del periódico vuelvo a la conexión gratuita de mi módem de 56kb.

Así que, señores, ¿por qué no legalizamos el asunto y, por una cuota mensual fija razonable que se distribuya justamente entre los productores de los contenidos que sí me estoy bajando, me dan barra libre?

A freír espárragos cuánticos

Google nos recuerda que hoy alguien va a pulsar el botón del fin del mundo.

O, como brillantemente describe un comentarista de Halón Disparado:

Este jueves le dan al “ON” y nos vamos a freír espárragos cuánticos.

Recuerden: sigan trabajando como si no fuera a pasar nada: si sucediere, no nos vamos a enterar. Y si durante una porción de segundo llegáramos a sentir algo, no quedará nadie para escribirlo en los libros de historia. De hecho, tampoco quedarán ni lápices ni libros de historia.