La niña de la foto

Esta foto tiene más de treinta años:

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El niño de la foto soy yo y de la niña con la que estoy bailando sólo sabía que se llamaba Deborah y que era hija de unos amigos de mis padres y mis abuelos a quienes ellos hacía mucho tiempo que no veían.

Esta foto siempre ha sido muy especial para mí. La Deborah de la foto es una niña misteriosa a la que nunca más volví a ver, a la que no recuerdo en mi mente sino a través de una sola imagen; la de esta misma foto. Siempre me he preguntado qué sería de ella, qué vida había tenido y si le había ido bien.

Hace casi tres años uno de mis mejores amigos me presentó a su nueva novia. Algo más tarde se compraron un piso, se fueron a vivir juntos y hace dos años tuvieron una preciosa niña. Sí, la mujer de Charlie y la madre de Natàlia se llama Deborah.

A Deborah, como a Charlie y a otras ciento y pico personas las tengo como amigos en el Facebook. Mi hermana también es una de estas personas, y, mirando mi perfil con mi madre para ver fotos de mi hijo vieron un mensaje de Deborah, mi amiga, la mujer de Charlie, la madre de Natàlia. Pero para mi madre, ella era la hija de sus amigos de hace tantos años. Mi hermana y mi madre buscaron la foto de arriba y me la enviaron. Para mí era imposible. Siempre he dicho que no creo en las casualidades y algo así me superaba. De hecho todavía me supera.

Para mí sigue siendo Deborah, mi amiga, la mujer de Charlie y la madre de Natàlia. Pero ahora, además, sé que es una de mis primeras amigas de infancia, y no sólo sé qué ha hecho de su vida y cómo le ha ido, sino que resulta que hace casi tres años que lo sabía. Sólo me faltó que alguien hiciera la conexión.

Ayer organizamos una comida semisorpresa con las dos familias, y el reencuentro de sus abuelos con mi abuela y mis padres fue muy emocionante. Una de las cosas que hicimos ayer fue un remake de la foto, treinta y pico años después:

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En la punta de la lengua

Esta mañana he ido a Londres a buscar el pasaporte de Èric. He estado en el consulado bastante más rato del que esperaba, ya que no tenían el pasaporte en recepción (algo que hubiera sido cosa de dos minutos) y me han dado número para bajar al sótano y esperar a que me tocara en la ventanilla correspondiente, sólo para preguntar si había llegado.

Pero el sótano estaba hasta la bandera (de España, al ladito de la de Europa). Y es que esta semana es midterm, y en este país los niños tienen una semana de vacaciones a mitad de curso, y los padres aprovechan para llevarles a visitar el consulado de su madre patria y, de paso, les renuevan el pasaporte.

Después de una hora y media me han atendido y ya tengo todo a punto para mañana pillar los tres el avión a Barcelona.

Pero yo venía a contarles otra cosa.

A Londres he ido en tren, y desde la estación de Liverpool Street hasta Sloane Square, donde hay que bajar para el consulado español, se pilla la Circle Line (línea amarilla). De regreso a la estación de tren, de nuevo en la línea amarilla, me siento en una esquina del vagón y frente a mí hay un señor mayor de pelo blanco, con tejanos, una camisa azul, calcetines blancos con unas sandalias de esas que están de moda y que parecen unos sandalias de playa de plástico duro, de color azul pastel, y un abrigo granate oscuro, que parecía más una bata de abuelo que un abrigo. A su lado tenía una mochila.

El hombre me sonó enseguida, era clavado, no, exacto que ese…, sí, ese, el de esa peli….

Al llegar a la estación de Aldgate el señor se levanta, pilla la mochila y se va. En la mochila hay el título de una peli: Wanted. Le siento un tanto tambaleante. En la puerta del vagón cruza unas palabras con otro hombre de las que sólo entiendo lo último que dice el hombre que entra: “No, hombre, nada, sólo que le he reconocido”. y luego le dice a su mujer: “Es un actor, sí, ese, el de…, ¿cómo se llamaba esa peli?”

Se sientan frente a mí, justo donde estaba sentado el actor.

“Era el malo de Supermán II“, les digo yo. “Y también salía en esa del desierto, que hacen de travestis“.

“Sí, sí, ése es, exacto… ¿cómo se llamaba?”, me dice el señor.

Llego a la siguiente estación. Me despido de la pareja. Bajo del metro. Me compro un sandwich y un zumo de manzana. Subo al tren. Una hora y cuarto después llego a Cambridge. Pillo la bici. Paso un segundo por casa a saludar a mi mujer y mi hijo y dejar unas cosas y salgo disparado al trabajo. A cien metros de llegar al trabajo y con toda la intención de echarle un ojo a la IMDB nada más llegar, mi mente se ilumina… ¡LO TENGO…POR FIN!

Pasaporte para un bebé no inglés en Inglaterra

Èric no es Inglés, a pesar de haber nacido en Inglaterra. No es algo muy importante, la verdad. Por ser español, es también europeo, y eso, hasta que nos volvamos locos y volvamos a cerrar las fronteras, es tener las puertas abiertas en gran parte del mundo. Pero claro, hay que tener un pasaporte, y como no es inglés, no vale ir a la oficina de pasaportes de nuestro pueblo.

Hay que ir al consulado de España en Londres.

Para el pasaporte de Èric hace falta tenerlo inscrito en el libro de familia, una autorización del padre o la madre, pagar 12.05 libras, una foto del bebé y, si quieres que te lo manden a casa, un sobre prepagado con tu dirección. Entonces tendrás el pasaporte en casa en dos o tres semanas.

Para inscribir al bebé en el libro de familia hace falta que los padres estén inscritos en el consulado, fotocopias de los pasaportes, el registro inglés del nacimiento del bebé y, como la madre no es originaria española, una copia del registro de la madre en el registro civil español. Si quieres que te lo manden a casa, igual, das el sobre prepagado y en una semana lo tienes de vuelta.

Para registrarse en el consulado hace falta una copia del pasaporte, una prueba de residencia (la factura del gas, por ejemplo) llenar el formulario y presentarse personalmente en el registro del consulado.

De todo esto nos dimos cuenta hace poco más de una semana y tenemos el vuelo a Barcelona para este viernes que viene. Por supuesto, el niño no puede volar sin DNI o pasaporte.

Así que el martes nos dirigimos los tres en coche al consulado de Londres con una carpeta de documentos y fotocopias listos para adelantar todo lo posible y dispuestos a posponer el vuelo dos o tres semanas si no nos aseguraban tener el pasaporte para el día 20. La solución pasaba, aparte por implorar máxima celeridad en los procesos, por evitar la parte de enviar documentos por correo, así que hubo que volver a Londres el viernes a por el libro de familia, tramitar entonces el pasaporte de Èric, y nos han prometido que lo tendrán el jueves 19.

Y este viernes volamos a Barcelona a pasar cinco días.

Paternity leave

Esta semana he estado de baja de paternidad, pero no la he sentido como vacaciones, en absoluto. Y no es porque el bebé dé mucho trabajo.

La baja de paternidad (o paternity leave) aquí en Inglaterra es voluntaria. Puedes tomarte cero, una o dos semanas. “Pero entonces todo el mundo se toma dos, ¿no?”, me diréis. “Pues no,” contesto, “porque no te pagan el sueldo completo”. De hecho queda una especie de sueldo mínimo que en mi caso es una tercera parte de lo que ganaría si trabajara esa semana. Además, si las tomas, hay que tomarlas seguidas y dentro de las primeras ocho semanas del bebé.

Mi solución de compromiso ha sido tomarme sólo una semana, la última que podía, ya que Èric cumple ocho semanas el martes que viene, aprovechando que mi suegra se fue el lunes y así Estela no se quedaba de golpe sola con el bebé.

Mi idea era utilizar esta semana, aparte de para ayudar a Estela, para aquellas cosas que uno no puede hacer mientras trabaja, como trámites burocráticos. La misión principal era sacarle el pasaporte a Eric, ya que el viernes que viene vamos a Barcelona a ver a sus yayos, sus tías, y sus bisabuelas, que todo el mundo está ansioso por conocerle. Pues el lunes lo usamos en llevar a la madre de Estela a Heathrow. Íbamos con tiempo, pero tardamos tres horas en un recorrido que el Tom Tom marca en condiciones normales como hora y media. Le fue justísimo para coger el avión, pero lo conseguimos. El martes fuimos al consulado de España en Londres para los trámites del pasaporte de Èric. Esto lo explicaré mejor en otra entrada, porque le puede servir a alguien. El caso es que decidimos ir en coche, aun teniendo que pagar el congestion charge (ocho libras), porque no me imagino con el niño en el tren y el metro de Londres. Fue terriblemente cansado, pero lo logramos.

La idea del miércoles era ir al cine, a una sesión especial llamada Big Scream donde van las mamás con sus bebés y se toleran los lloros inconsolables. Pero el lunes y el martes Èric hizo un poco de sangre en su caca, y decidimos ir al ambulatorio. Total, nos dijeron, probablemente había sido un poco de estreñimiento o una heridita interna causada por la irritación y que si le pasaba más seguido o más intensamente que volviéramos. No le ha vuelto a pasar.

Sólo el jueves lo sentí un poco como día de vacaciones, y eso gracias al estupendo día que hizo por la mañana y el paseo de tres horas que hicimos al lado del río. También aproveché para llevar el coche al taller y me depellejaron 160 libras por un sensor de temperatura estropeado que hacía que el coche tragara gasolina a la desesperada. Ayer tuve que volver a Londres por el tema del pasaporte, en realidad es que el primer día (el martes) sólo nos inscribimos los tres y dejamos el libro de familia. Ayer recogí el libro de familia, que era necesario para la tramitación del pasaporte, y eso es lo que hice. El jueves que viene hemos de volver a Londres a buscarlo. Nos lo podrían mandar por correo, pero entonces no estaría listo para viajar el viernes.

Y esta ha sido mi semana de baja de paternidad. No hay planes para el fin de semana más que ponerse a cocinar la comida de la semana, que visto el plan con el bebé (darle de comer, cambiarle los pañales, acunarle e intentar que se duerma, repetir ad infinitum), Estela no va a tener tiempo de nada más.