Somos como niños

Rinze ha destacado la conclusión. Déjenme a mí poner el texto completo porque vale la pena.

Un poquito de contexto antes: la entrada de Rinze (totalmente recomendada) muestra unos gráficos en los que se intuye que el descalabro de los precios de las propiedades inmobiliarias en España apenas está empezando a suceder y le queda muchísimo recorrido cuesta abajo por delante, comparando con lo que está pasando en nuestros compañeros de crisis, que son Estados Unidos, Irlanda y el Reino Unido.

Después de veintiún comentarios, Gsus dice esto:

Es triste que este tipo de análisis no se lleve a cabo por la clase política o, al menos, por los medios periodísticos habitualmente considerados “serios”. Mientras la sociedad no reflexione sobre las causas de la crisis inmobiliaria, y más aún, mientras no se haga un mínimo de autocrítica y cada uno reconozca su parte de responsabilidad en la locura que hemos estado viviendo, no habrá salida para la crisis. La cosa no se limita a gobierno(s) y empresarios.

Un ejemplo: en mi familia hay quien ha especulado con vivienda, considerando que era una práctica socialmente aceptada (se prefería el término “inversión”) e incluso promovida por los bancos y la administración; mis familiares se deshicieron de su “inversión” poco antes de que estallara la crisis, por suerte para ellos, y sacaron un buen beneficio. Contribuyeron activamente a alimentar la burbuja. Ahora, piensan que el gobierno es el responsable último de la situación económica, con lo cual evitan reconocer su parte de culpa (no malintencionada, pero real). Probablemente votarán al PP para que solucione el supuesto desastre socialista, olvidando que las bases para la especulación desenfrenada las sentaron los populares. Multipliquen este pequeño pero significativo ejemplo por un buen puñado de miles de ciudadanos.

Por otro lado, todos conocemos a gente que se ha metido en una hipoteca que sabían que no podrían sostener a poco que empeorara la situación económica. El argumento era más o menos este: “Comprar es caro, sí, pero todo el mundo lo hace; además no hay otra opción: alquilar es tirar el dinero”. Ahora no reconocen su responsabilidad por haber cometido una locura (sólo había que informarse y pensar un poco antes de firmar la autocondena), y reclaman ayuda. Si pierden dinero, toda la culpa será del gobierno, que no ha gestionado bien la situación. Multipliquen este ejemplo por unos cuantos millones de ciudadanos.

Conclusión: vivimos en una sociedad de menores de edad, constituida por ciudadanos que exigen derechos pero no admiten responsabilidades ni se preocupan en entender las consecuencias de sus propios actos. Lo peor es que los políticos lo saben, y actúan en consecuencia.

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