Up


Veo que no estrenan la última película de Pixar en España hasta el 30 de julio y en el Reino Unido hasta octubre. Me considero por lo tanto afortunado de haberla podido ver en México hace unas tres semanas, una experiencia interesante teniendo en cuenta que no habíamos ido al cine desde antes de que naciera el bebé en diciembre y que lo llevábamos con nosotros. El niño se portó bastante bien, lo que significa que no protestó mucho y que se durmió toda la segunda mitad de la película: para ello tuve que estarlo paseando en brazos recorriendo la última fila de un lado a otro, pero las ventajas de ir al cine en un matinal de jueves es que la última fila y casi todas las de adelante están vacías.

Casi cada vez que escribo una reseña sobre una peli de Pixar siento como si fuera a decir lo mismo: la película es una excelente y emotiva peli de aventuras y sin duda recomendada. Debo destacar los soberbios primeros diez minutos de la película, con una introducción que resume la vida del protagonista (un abuelo de 78 años) que te funde el corazón y te exprime el estómago de tal modo que no puedes dejar de soltar lágrimas hasta bien entrada la propia acción de la película. Me es difícil recordar en la historia del cine unas escenas tan emotivas. Posiblemente el final de El club de los poetas muertos (1989) o el discurso final de Cyrano de Bergerac (1990) tengan la misma intensidad, pero la diferencia es que ahora estamos hablando del principio de la película y no del final. El resto de la película deja la emotividad parcialmente de lado (podría decir que afortunadamente, porque estar dos horas como los primeros diez minutos te haría salir del cine fulminado) y pasa a ser una maravillosa película de aventuras donde un niño, un viejo, un perro y un extraño pájaro de colores nos pasearán por hermosos paisajes sudamericanos.

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Y ahora me toca hablar un poquito sobre la tecnología de la peli, que por eso es mi mundo. Parece que en cada película de Pixar se plantean un ambicioso reto técnico que, por supuesto, superan con nota. En realidad, retos técnicos en una peli hay miles, pero siempre hay uno que ellos como compañía quieren destacar por ser un hito en la industria en ese momento. En este caso están los globos: los 10000 globos de colores que levantan la casa de nuestro protagonista no pueden ser animados a mano uno por uno, y se utilizaron algoritmos de física y de colisiones para que la animación de los globos resultara realista. Por otro lado, y ya más cercano a mi especialidad, que es la iluminación, no pude evitar fijarme en el tratamiento de las semitransparencias tanto en los globos como en sus sombras.

Total, que espero de verdad que esta película no sea el final de una serie de pelis de altísima calidad que se ha mantenido constante durante quince años ya (desde Toy Story en 1995) y que, aunque las tres películas que vienen sean secuelas (mucho me temo que por exigencias de Disney tendremos Toy Story 3, Cars 2, y Monstruos S. A. 2), se mantenga la garantía de entrtenimiento y emotividad que Pixar nos brinda cada año.

Curso de conscienciación sobre la velocidad

En una media hora estaré acompañando a Estela a un curso de conscienciación sobre la velocidad o, como aquí lo llaman “speed aware course”, que todo en inglés es más corto y suena más bonito.

Y es que hace unas semanas pasó (y posó) delante de una cámara de tráfico a 38 mph cuando tenía que ir a 30. Las opciones que nos dieron fueron, o pagar la multa de 60 libras y perder 3 puntos del carnet, o pagar el curso de cuatro horas (que vale igual, 60 libras) y así no tener que perder los puntos.

Personalmente pienso que la medida es buena, no sólo porque sí la creo efectiva (será difícil que a partir de ahora tanto Estela como yo nos descuidemos al pasar rebasando el límite de velocidad delante de una cámara), sino también porque me va a permitir pasar cuatro horas a solas con mi hijo esta tarde. 😉 A ver qué improvisamos.