Ciencia y burocracia

Voy a seguir un poco con el tema del día, aunque parece que le vaya a la zaga a Rinze (que en parte es cierto, porque él me mandó el artículo), vamos a seguir hablando de lo mal que está la ciencia.

Digo lo del tema del día porque en parte empezó ayer a raíz de unas conversaciones con Rinzewind y el Irreductible en twitter, algo que ya nombré en la frase de Guinovart que puse ayer y que en su aldea el Irreductible ha resumido fantásticamente.

Pero apartándonos un poco de lo mal que está la ciencia en España, Rinze mandó anoche un enlace a uno de esos tochos que no dan ganas de leerse a no ser que uno tenga la suerte que su mujer se vaya a dormir aprovechando que el crío por fin duerme y ya esté saturado de ver videos de gatitos. Al final resulta que el mismo Rinze publicó algún extracto ayer, pero es tan bueno que quiero dar cuenta de ello yo también por aquí.

El artículo trata de uno de los males endémicos de la ciencia mundial, que es lo mismo que hablar de la ciencia en los pocos países en los que se hace ciencia de verdad: Estados Unidos y algunos países del Norte de Europa. Se trata de la burocracia.

El caso típico es el de un científico que cuando por fin consigue estabilizar su situación, a los cuarenta y muchos y después de pasar por el doctorado y varios postdocs en varias de las mejores universidades del mundo, se las ve y se las desea para conseguir financiar sus proyectos de investigación. Los proyectos suelen ser por tres años, en los que se puede contratar a un par de becarios y algún técnico, pero la burocracia es tan enfarragosa que el líder de este pequeño grupo científico creado gracias a la financiación debe dedicar entre un año y año y medio a diseñar y proponer el plan para el siguiente trienio, mientras supervisa el trabajo de sus becarios. El científico, que ha llegado a su posición gracias a ser excelente en su campo, se ha convertido en un burócrata engullido por el sistema y ha dejado de hacer ciencia para poder concentrarse en mantener el trabajo de su grupo. Aun así, si hay suerte y el siguiente proyecto es concedido, es muy probable que ya haga medio año que terminó el proyecto anterior, uno de sus becarios se haya ido a trabajar en el restaurante familiar, que da más satisfacciones, y el otro aguante con migajas de otros pequeños proyectos puente o, a veces, sin cobrar.

Este es el resumen de la situación, aunque está mucho mejor detallado y explicado en el artículo enlazado, no se limita sólo a describir, sino que propone soluciones, y algunas de ellas me han parecido brillantes. Destaco una, no del articulista sino de otro científico que se la mandó vía mail:

“My solution? Everyone should get slotted into a funding category and assessed every five years. If you’re productive, you get five more years of resources. If productivity is down, you are moved down a category. If it is high, you can apply to move up. Starting PIs are in a different category and must apply to get onto the treadmill. The difference: PIs would be judged by overall productivity, not grantsmanship. We can stop wasting our time writing grants, and the system can be more easily calibrated to train a sustainable number of postdocs. It is depressing to train people who will struggle for funding.

A peer-reviewed, 5-year renewable, productivity-based ‘track’ system with a set amount of money at each level would stabilize funding, encourage innovation and productivity, allow each PI to control how their money is allocated, and permit us to make nationwide decisions about the size of our science enterprise. It also has the merit of simplicity.”—Ross Cagan, Professor of Developmental and Regenerative Biology, Mount Sinai School of Medicine

En definitiva, eliminar la burocracia, aumentar los periodos de evaluación a cada cinco años, y no dejar a nadie sin financiación, sino premiar o castigar los resultados de los últimos cinco años subiendo o bajando al científico de “categoría”, según la cual recibiría más o menos dinero.

Eso y no recortar los fondos de investigación, claro.