La ciencia no necesita tijeras

Me permito, de entrada, modificar el título propuesto a esta iniciativa de Javier Peláez en su Aldea Irreductible (que era La ciencia en España no necesita tijeras) para introducir un punto de vista más global. Pienso que la ciencia, en general, no necesita fronteras; y es un error basar su financiación en la competitividad de un país con respecto a los otros países del entorno. Pero vamos por partes.

Voy a resumir primero la razón por la que es necesaria la ciencia, así en crudo, en general, y a nivel mundial, a partir de varias ideas sacadas directamente de algunas de las charlas a las que he asistido este pasado fin de semana en The Amazing Meeting en Londres.

Empezaba Brian Cox su charla del sábado por la mañana resaltando cuál era la misión de una de las agencias de ciencia del Reino Unido. No recuerdo exactamente la agencia o la frase en sí, pero en resumen se trataba de aumentar el valor y la productividad de las empresas del Reino Unido. Cox manifestó su rotundo desacuerdo con esa misión, tildándola de estrecha de miras y poco ambiciosa. Después mostró parte de su trabajo en el Gran Colisionador de Hadrones en Suiza y destacó que la construcción de tal mastodóntica herramienta científica, que servirá para que conozcamos mejor el origen del Universo, no hubiera sido posible sin la colaboración de muchos países.

La última charla el domingo por la tarde la dio Phil Plait, presidente de la Fundación James Randi para la Educación, y autor del blog Bad Astronomy. Su magnífica charla nos introdujo las razones por las que hasta el final de la guerra fría se desarrolló la carrera espacial, básicamente militares, con detalles como que fueron los nazis los primeros en desarrollar la tecnología de propulsión que permite a un cohete (o un misil) despegar del suelo, pero que ésta no llegó a ser puesta en práctica hasta que los americanos, después de ganar la guerra, se apropiaron de todo ese conocimiento para aplicarlo, entre otras cosas, en mandar hombres a la Luna. Hoy tenemos comunicaciones vía satélite y GPS gracias a eso, pero mucha gente piensa que ir al espacio va mucho más allá de lo que nuestras aspiraciones como humanos deberían alcanzar. Pasó a analizar los fallos y aciertos de dos películas sobre la caída de un meteorito en la Tierra, Armageddon y Deep Impact (ambas de 1998), destacando la segunda como más científicamente correcta, y pasó a explicarnos que hay un asteroide de unos 250 metros de diámetro llamado 99942 Apophis que va a pasar bastante cerca de la Tierra en el año 2029. Ese año no va a pasar nada, pero hay una ligera probabilidad (una entre 45000) de que pase por su punto de resonancia gravitacional, lo que le haría volver siete años después, concretamente el viernes 13 de abril del 2036. La catástrofe entonces podría ser comparable a la que exterminó los dinosaurios hace 65 millones de años. La diferencia entre los dinosaurios y nosotros es que ellos no desarrollaron una carrera espacial, y nosotros, gracias a los avances científicos que tenemos hasta ahora y si nos centramos en construir un artilugio (que ellos llaman tractor gravitacional) que sea capaz de desviar la dirección del asteroide y tenerlo listo para usarlo en el 2029, podemos salvar a la humanidad del primer armagedón real al que nos enfrentamos. Para ello hace falta financiación, mucha investigación, mucho esfuerzo y colaboración internacional. Como vemos la ciencia no sólo está para que un país sea competitivo o para que hoy podamos vivir en media el doble que nuestros antepasados, sino que, por una vez, podemos evitar algo grande.

Quisiera terminar contestando brevemente a la pregunta original que incluiría la palabra España en el título, de la que me he desviado para dar una visión algo más generalista. En concreto, una razón para no recortar el gasto en investigación en España la tengo en mi propia persona. Yo conseguí una beca del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología en el 2002 que financió mi doctorado hasta mediados del 2006. Desde entonces estuve nueves meses más escribiendo mi último artículo y compilando la tesis, en los que me pagaron a través del dinero de un proyecto europeo, y finalmente estuve tres meses sin cobrar, los que tarda la burocracia desde que se deposita la tesis hasta que se presenta ante un tribunal. Después tuve que elegir entre unos meses de inestabilidad en la Pompeu Fabra en Barcelona hasta que consiguiera algún contrato de postdoc (un Juan de la Cierva o un Ramón y Cajal) o venir a trabajar a Inglaterra. Por el sueldo y la estabilidad elegí lo segundo, así que el Ministerio invirtió cuatro años en mí (aunque fuera una miseria, unos 50000 euros en 4 años) para que luego me viniera a otro país.

Aunque no hago exactamente la ciencia como se entiende en la Universidad, estamos al tanto de lo que se cuece en los congresos de informática gráfica y a veces implementamos alguno de los últimos algoritmos en la materia. Lo que hago tiene un nombre: transferencia de tecnología. Pero pago mi impuestos en el Reino Unido. Si alguna empresa española compra nuestro producto para mejorar su productividad, va a estar importando un producto del Reino Unido. Y si gracias a lo que hago algún día la empresa donde trabajo tiene beneficios, éstos se quedarán en el Reino Unido. Total, que si la ciencia en España ofreciera tan sólo algo de estabilidad (tan sólo eso: no estar meses sin cobrar y trabajando gratis cuando se te acaba una beca y buscas la siguiente), yo igual no me hubiera ido, y muchos de los españoles que hay repartidos por el mundo, tampoco. Imaginen si, encima, pudiéramos tener sueldos competitivos.

Una respuesta a “La ciencia no necesita tijeras”

  1. Uy, pues las becas estas gracias a las cuales gente como tu está desarrollando la Ciencia y tecnología de otros paises con el dinero de los impuestos españoles parece que no salen este año ¡bravo! ¡otro recorte más! ¡ni desarrollar a los países más pobres nos dejan! ¡Gobierno insolidario!

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