Presunto culpable

Sé que han pasado bastantes días desde el caso del chico que fue falsamente acusado por algunos medios de maltratar a su hijastra de tres años, quien finalmente murió.

El caso me da mucha tristeza y rabia.

Es cierto que hay muchos hijos de puta (y unos pocos siempre serán demasiados) que maltratan sistemáticamente a sus hijos, y éstos deberían pudrirse en la cárcel, pero la imagen que dan los medios nos hace poner nuestra mirada acusadora sobre cualquiera de nuestros vecinos. Y si eres un médico de familia que recibe a un niño con un golpe sospechoso, la presión social puede desviar tu juicio más hacia la del presunto culpable que la del presunto inocente. No quisiera ser un médico en tales circunstancias.

Mi hijo de casi un año, que gatea como un corcel y se pone de pie a la mínima que encuentra el más inestable apoyo, no hay semana que no se haya dado uno o dos cocos medio fuertes, y un par de veces hemos ido de urgencias, por si acaso. Una fue porque le dio por tocar ajos y cebollas y frotarse los ojos. Se le hincharon como si se hubiera dado con el canto de la mesa. La otra fue algo más grave: estaba en nuestra cama y se cayó dándose en el pómulo contra la pata de su cuna. Le consolamos y seguimos durmiendo, pero por la mañana el ojo estaba feo.

En estos casos hay un protocolo médico: nadie te acusa directamente pero hay un formulario extra que el doctor de turno debe rellenar. No tengo más remedio que estar de acuerdo con esta forma de hacer las cosas, si no, no hay forma de pillar al que pega al niño y luego dice que se ha caído de la cama, pero hace falta una investigación y pruebas médicas objetivas que alejen al médico de la influencia televisiva de los telediarios, cada día más sensacionalistas.

Pienso que lo peor que le puede pasar a uno es que tu hijo se te muera en un accidente, especialmente si es por un descuido, por una distracción en la vigilancia que podría haberse evitado girando la cabeza hacia los columpios cinco segundos antes. Pero si encima te confunden con uno de los hijos de puta que maltratan a sus hijos y los medios te linchan públicamente, es para perder toda confianza en la humanidad e irse a vivir solo a un iglú del polo norte.

El síndrome del colorante azul

– El niño está raro esta tarde.
– ¿Raro?
– Sí, está histérico.
– Bueno, sí, ya sabes que es un niño muy activo.
– Sí, pero más…

Ya por la noche…

– Por primera vez he podido dormir al niño sin que llore.
– ¿Ah, sí? ¡Qué bien!
– Bueno, no sé, le he sentido raro…, estaba contento, como un poco borracho, estaba jugando con sus muñecos a oscuras, y nunca lo había hecho, hasta que se ha estirado y se ha rendido.
– Mmmm, ¿qué ha comido hoy?
– Pescado al horno y patata hervida… ¡un momento!
– ¿Qué?
– ¿Sabes los smarties que me dieron el martes los compañeros de la empresa por ganar a los bolos?
– Sí…
– Pues esta tarde ha abierto el tubo y los ha tirado todos por el suelo. Mientras yo los recogía le ha dado tiempo a comerse uno o dos…
– Pues será el chocolate…

Hace quince años, la cosa hubiera acabado así. Sabemos que el chocolate tiene teobromina, con un efecto parecido a la cafeína, que ha puesto al niño más nervioso de la cuenta y mañana estará como una rosa.

Pero en la época de internet sólo hace falta hacer una búsqueda de smarties + hyperactive y descubrir que hay una cosa llamada el síndrome del smartie azul, y es que dicen que ciertos colorantes artificiales causan hiperactividad en los niños. Testimonios no faltan.

Pero miro el tubo y pone bien grande “No artificial colours or flavours” y entre los ingredientes se han cuidado mucho de poner algo que suene a artificial. (Aunque a mí lo de “inverted sugar syrup” o “modified maize starch” me suena fatal.) He encontrado un pequeño artículo en The guardian que explica esto. Lo curioso es que los smarties azules desaparecieron de la gama porque parece que no había colorantes naturales de color azul. Como siempre hay un roto para un descosido, alguien debió protestar, y hace algo mas de un año lo solucionaron usando una cosa sacada de no sé qué algas llamada spirulina.

Total, que no sabemos si ha sido el smartie, el chocolate, el colorante azul, la spirulina, o un cúmulo de casualidades y falsas percepciones (más un (positivo) cambio de hábito a la hora de ir a dormir), pero gracias a internet hemos aprendido mucho por el camino.