La lección

Anoche el niño se fue a dormir inquieto. Muy cansado, pero inquieto.

Tengo pendiente escribir nuestros últimos ocho meses de aventuras para que el niño se duerma, de los cuales los últimos dos o tres han ido a mucho mejor, pero esa será una entrada técnica, estructurada y larga y será contada en otra ocasión. Lo de hoy es una anécdota con moraleja.

Eric ya hace varios meses que, en general, duerme toda la noche, desde las ocho o las nueve, que lo ponemos a dormir, hasta las cinco o seis de la mañana, cuando a veces se despierta ya definitivamente y a veces se vuelve a dormir un par de horas más.

Anoche se durmió sobre las nueve. Estaba, como decía, muy cansado, pero también inquieto. Dio muchas vueltas en la cama ante de quedarse dormido. Una hora más tarde se despertó llorando. Fui y con un poco de consuelo se volvió a dormir rápido. Pero cuando nos íbamos a dormir nosotros, sobre las doce, se puso a llorar desconsoladamente. Lo cogí en brazos pero no dejaba de llorar. Lo llevé con su madre (santo remedio en todas las demás ocasiones) y tampoco dejó de llorar. Ni siquiera quería teta. Estela dijo que seguro que le dolía la tripa. Le palpé y se puso a llorar más. El pobre debía estar sufriendo mucho. Quería huir. No quería estar en brazos. Tampoco en su cama. Tampoco en nuestra cama. Lo dejamos de pie en el suelo a ver si iba a algún lado, pero no, se apoyó en la cama y siguió llorando. Decidimos que le daríamos Calpol (jarabe con paracetamol para niños), pero ya me estaba haciendo a la idea de empezar a vestirme para ir a urgencias.

Llevé el jarabe y Eric se abalanzó sobre él. Nunca le ha gustado tomar jarabe pero esta vez lo engulló. Pedía más. Nos pedía el frasco. Entonces Estela tuvo una iluminación: «¡Tiene sed!»

Fui por su tacita, que estaba medio vacía y se la di. La terminó en dos tragos. La rellené y volvió a beber. Tomó más de la mitad. Me dio la taza, se estiró y cerró los ojos con cara de satisfacción. Lo llevé a su cama. Se ha despertado a las seis y se ha vuelto a dormir hasta las siete y media, como muchas mañanas. Está perfectamente.

Lección para no olvidar: antes de pensar en medidas drásticas, cuando un niño llora, revisa la lista de necesidades básicas. A saber, más o menos por este orden: sed, hambre, cansancio, inseguridad, suciedad, dolor.

¡Qué ganas tengo de que mi hijo aprenda a decir «agua»!

3 opiniones en “La lección”

  1. Uops! M’ho apunto per quan tingui criatures! Si és que a vegades ens compliquem la vida i ens anem ràpid cap a lo pitjor…
    Ara que, li podries haver donat una tassa de llet amb madalena i de pas ens expliques per Facebook «Como comerse una madalena con leche por Eric», que vaig riure molt!

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