El mundo mágico de aquí y ahora

En el día que los médicos británicos piden, después de que lo hicieran los parlamentarios, que la homeopatía no se financie con los impuestos de todos, poco me queda añadir a lo que ha dicho el Agente Smith con respecto a una de las citas del mismo artículo.

Eugenio Manuel ha titulado su artículo La vuelta al mundo mágico, pero creo que para volver tendríamos que habernos ido primero. ¿No sigue habiendo gente que lee el horóscopo, y algunos incluso se lo creen? ¿No siguen existiendo videntes y echadores de cartas? ¿No sigue habiendo gente que toma remedios homeopáticos, utilizando acupuntura, flores de Bach, tonterías por el estilo? ¿No sigue habiendo gente que va al templo el día que le corresponde según su superstición particular? ¿No sigue habiendo gente que utiliza amuletos cuando tiene que enfrentarse a una prueba particularmente difícil?

No tenemos que volver a ningún mundo mágico: todavía no hemos salido de él.

A mí el tren me hubiera atropellado…

…y reconozco que la culpa hubiera sido completamente mía, por borrego.

Porque todos somos borregos. Forma parte de nuestro instinto primario seguir al líder y hacer lo que hacen los demás. En circunstancias normales esto salva vidas, por eso lo tenemos arraigado en nuestra psique, porque en algún momento de nuestra etapa evolutiva hemos sido seleccionados por ello.

Pero anoche el borreguismo mató a 12 personas y dejó otros tantos heridos. Arrollados por un tren. Sucedió en Castelldefels, a menos de medio kilómetro de donde yo solía pasar todos los veranos de mi infancia y juventud, a escasos 500 metros de donde mis padres estaban anoche celebrando la verbena de San Juan. De pequeño crucé esas vías innumerables veces, no por borrego, sino por ser, simplemente, niño. Al otro lado de esas vías había un bosque. Detrás del bosque la carretera que llevaba a Sitges, y atravesando la carretera, un campamento gitano. Creca del campamento, y subiendo a una colina, el Hotel Rey Don Jaime, donde se casaron mi hermana y mi prima. Atravesar las vías era el primer paso hacia un día lleno de aventuras. Hoy donde el bosque hay una autopista y donde el campamento gitano, varios bloques residenciales, cosas de la modernidad que hacen menos accesible, y más peligroso, ese desconocido mundo de aventuras. Por cierto, por donde yo atravesaba las vías ya no se puede: está bien vallado desde que pasan por allí los Euromed.

Pero en la estación sigue siendo más fácil atravesar las vías que subir y bajar el puente (o que bajar y subir el paso subterráneo, ese que dicen que está allí desde hace un año y que yo aún no conozco), y la fatalidad hace que coincidan decenas de personas que llegan de Barcelona a celebrar la verbena en la playa, que el andén en dirección sur esté al otro lado de las vías (mira, esto en Inglaterra no habría pasado), y que justo a esa hora pase el Euromed desde Valencia.

No hay duda; la culpa es de los imprudentes que pasaron. Pero uno tiembla cuando piensa que, dadas las circunstancias, es extraño que no hubiera pasado antes, y, segundo, que no hubiera sido tan difícil tomar medidas para evitarlo. Claro, a posteriori, lo reconozco, hablar así es muy fácil.

Lo dicho: yo hubiera sido uno de ellos.

Rediseña el logo de BP

Que el logo de una compañía petrolera evoque a las energías renovables como la solar y a la conservación de la naturaleza con un logo que es a la vez un sol y una alcachofa, tiene cojones, además de unas cuantas toneladas de hipocresía.

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Por eso me ha hecho gracia esto que he visto en un retweet de Shaderlight (haciéndose eco de uno de Stephen Fry); este concurso para rediseñar el logo de la compañía, a raíz de los recientes acontecimientos en el Golfo de México. En realidad el concurso se podría haber hecho antes del desastre y el resultado podría haber sido el mismo. Por eso, de los que se han presentado hasta ahora, a mí me gustan dos de los más sutiles:

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