Discusiones homeopáticas

Como otros muchos, supongo, me he enzarzado unas cuantas decenas de veces en discusiones sobre la homeopatía, la acupuntura y similares sin que haya ni un milímetro de avance en lo que yo creo que es la esencia de una discusión: ponerse de acuerdo. Para los defensores de las pseudociencias, y especialmente la homeopatía, parece que el objectivo de discutir es únicamente “ganar la discusión”; demostrar que se tiene razón a costa de lo que sea, pero especialmente cargándose la esencia del pensamiento crítico a través de un uso perverso de la retórica y la dialéctica. Las trampas del lenguaje lógico, las falacias, están a la orden del día en el discurso pseudocientífico.

He encontrado un par de vídeos que presentan una discusión entre un escéptico tonto y una defensora de la homeopatía de discurso inteligente, hilvanado y convincente. En estos vídeos, la defensora de la homeopatía gana la discusión, sin lugar a dudas. Eso no significa que tenga razón:

Esto me recuerda a una de las preguntas que alguien del público le hizo a PJ Myers en la pasada conferencia escéptica TAM en Londres:

Alguien del público: (cito de memoria) Tengo una duda que me atormenta: mi director de tesis es uno de los astrofísicos más respetados del mundo, ha publicado en Science y en Nature y se codea con las grandes mentes del mundo en su ámbito. Pero resulta que tienen una biblia en el despacho y pasa los fines de semana en reuniones cristianas. ¿Cómo se explica esto?

Myers: (también de memoria) Las personas inteligentes tienen una increíble capacidad para racionalizar lo más absurdo. Los teólogos más importantes de la historia han pasado sus vidas explicando de forma lógica los misterios de la fe, y de forma admirable. La inteligencia y el escepticismo no tienen que estar necesariamente relacionados.

Una respuesta a “Discusiones homeopáticas”

  1. Genial, no podría estar más de acuerdo: ganar una discusión a ojos de un tercero no significa tener la razón. Hace muy poco me he visto enzarzada en otra de estas discusiones de besugos en las que no importa lo que digas, expliques ni cuantos ejemplos pongas, tu interlocutor siempre acude en última instancia a la tolerancia y al «¿me estás diciendo que TÚ entre todos los millones de personas que sí creen/usan tal o cual magufo eres la que tiene razón y los demás son tontos todos?» La respuesta es sí, naturalmente, pero la gente está muy poco acostumbrada a que le sirvan el adjetivo “tonto” en bandeja y a la cara, está demasiado acostumbrada al odioso «todas las opiniones son válidas» y a que quien piensa de forma escéptica simplemente se calle por no incomodar al tonto. Ya es hora de dejar de callarnos y llamar a los tontos por su nombre, porque si no lo hacemos, se nos comen vivos.

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