Los cuatro tabús de la paternidad

Ayer me encontré confesando en un comentario del blog de Su que yo, a veces, odio a mi hijo. Cuesta decirlo y cuesta escribirlo, pero lo que más cuesta es enfrentarse al momento en que, cuando tú estás muerto de sueño y él no deja de gritar y patalear en su cama, sientes que deseas con todas tus fuerzas tirarlo por la ventana y librarte de la pesadilla. No lo haces, por supuesto, pero de pronto entiendes todos los filicidios que aparecen en los periódicos. Esto es solo un ejemplo personal de cosas que no se pueden contar en público. Hay unas cuantas más. Algunas quedan recogidas en este emocionante video que he encontrado hoy en uno de los blogs de Quo. Vale la pena (se pueden activar los subtítulos en castellano):

18+18

Hoy hace dieciocho años mi padre me regaló el curso de la autoescuela para sacarme el carnet de conducir. Lo logré diez meses y medio después.

La sensación que me queda es que, aunque puedo contar qué ha sido de mi vida y lo más importante de cada año desde 1993 hasta hoy, de un solo vistazo no me salen los números y parece que fue ayer que conseguí la etiqueta de “mayor de edad”. Han pasado mis segundos 18 años en un suspiro.

Por lo demás, no me quejo. Tengo unos gramos de melancolía que destilar que vienen pegados con el día que es, cada año, pero no voy a seguir escribiendo que os voy a deprimir y ni siquiera sería justo porque yo estoy bien (hay una palabra inglesa que da en el clavo con esto: I’m content, que es algo así como satisfecho). Igual el punto de dolor de cabeza y el estómago revuelto con el que me he levantado esta mañana tienen algo que ver. Voy a acabar de estropearlo con un pedazo de cada una de las tartas (una de limón y una de chocolate) que les he traído a mis compañeros de trabajo. Y luego en casa ¡pastel y besitos de mis hijos!

Creo que empezaré mi nuevo año mañana. Hoy aún tengo mucha transición por la que pasar.

Visualización médica

No suelo poner por aquí demo reels porque suelen consistir en un montón de coitus interruptus en unos minutos y me fastidian más que lo que me puedan gustar, básicamente porque me quedo con las ganas de ver los cortos o las escenas enteras.

Pero en este caso me ha fascinado el video que resume los trabajos del año 2010 de hybid una empresa especializada en animaciones de visualización médica. Aquí lo tenéis:

hybrid 2010 reel from hybrid medical animation on Vimeo.

Hoy hace un mes. Experiencia de un Parto en Casa.

El 14 de diciembre nació mi segundo hijo, Marc. Su nacimiento ha sido una de las experiencias más increíbles de mi vida.

Tiempo atrás había decidido tener un parto en casa, aunque la idea no era muy del agrado de mi marido, Alex. Al final terminó convencido porque la comadrona le hizo ver que no era tan complicado, ni se necesitaba de un gran equipamiento para hacerlo posible. Lo más importante lo tenía. Un parto previo sin complicaciones, un embarazo sano, el bebé se encontraba en posición correcta y su peso estimado se encontraba dentro de la normalidad.

Yo estaba preparada mental y psicológicamente. “Hoy es el día” me dije a mí misma, y lo supe en cuanto me puse de pie unos minutos antes de las 6:00 y sentí un calor que me resbalaba por los muslos. Había roto aguas y sabía que se desencadenaba el trabajo de parto. Llamé a Alex y le dijé. -Hoy es el día-, aunque entre lagañas el tardó en asimilarlo un rato más.

Enseguida comencé a prepararlo todo. El salón estaba lleno de juguetes de mi hijo mayor y tenía que despejarlo todo y poner los plásticos para preparar el sitio donde iba a tener a mi hijo. Alex aparece en escena y me dice ¿En qué te ayudo? y le digo, -prepara el salón, yo me voy a duchar-  Necesitaba estar limpia para el nacimiento. La ducha me sentó muy bien. El agua caliente era muy relajante ya que las contracciones comenzaban a ser más frecuentes y más fuertes. Alex iba tomando los tiempos, la frecuencia y la duración de las contracciones, y yo le iba gritando desde la ducha -¡tengo otra!-

Salí de la ducha y solamente deje el baño para ponerme una camiseta negra de Eurographics, Dublin 2005 de Alex y para agarrar la máquina tens para que Alex la preparara. Volví al baño y ya no salí más.

Alex llamó al hospital a las 6:50 de la mañana para pedir que enviaran inmediatamente a la comadrona y le dijeron que tardaría en llegar unos 20 minutos. Yo empecé a sentirme cómoda sentada en el wc y poco después puse toallas en el suelo y me puse incada apoyada en el borde de la tina del baño.

Alex me iba dando masajes en la parte baja de la espalda y cuando finalmente pudo montar la tens machine, me puso los pads en la parte baja de la espalda, ¡pero no había puesto las baterias nuevas incluidas!, así que a desmontarlo, cambiar pilas y a montarlo otra vez y finalmente, el bendito aparato empezó a hacer su función. Fue muy corto el tiempo que lo usé pero el masaje de Alex y las descargas de corriente de la tens fueron la mejor opción para hacer las contracciones más llevaderas.

La comadrona, no había llegado y no llegaría hasta después del nacimiento. Yo no tenía miedo y el hecho de que la comadrona no estuviera presente aún, tampoco era un impedimento para que mi hijo naciera. Yo escuchaba a mi cuerpo, sabía que el momento se acercaba, todo funcionaba armónicamente y las contracciones eran seguidas una a otra de manera acompasada y por fin llegaba la primera contracción donde se asomaba la corona y después la contracción en la que la cabeza salía. Alex empezó a desesperar un poco porque no creía lo que estaba sucediendo. La situación era surrealista. Alex vuelve a llamar al hospital para decir que el niño estaba naciendo y salió un momento del baño. En ese momento le grité. -¡Alex regresa, que no quiero que el niño se caiga al suelo!- Alex volvió y estuvo junto  a mí y desde ese momento estuvimos en directo a través del altavoz con la gente del hospital que ante la situación decidieron enviarnos a la ambulancia, ya que llegaría antes que la comadrona. Finalmente llegó una ola de calor, la última contracción. No fue dolorosa en absoluto. Marc había llegado a este mundo a las 7:22.

En el instante en que Alex tenía al bebé en sus manos, mi primer hijo Eric de casi dos años acababa de despertar y era testigo de la llegada de su hermano. No sabemos cuanto llevaba ahí. Si un par de minutos o si llegó cuando el bebé se encontraba fuera.

La experiencia ha sido única e irrepetible. Nuestro hijo nació en nuestro hogar y ni él ni yo sufrimos. Después de un par de minutos comenzaba a llorar y Alex me pasa al bebé para que me lo pusiera sobre la piel. Alex tomó de la mano a Eric y se lo lleva a la sala plastificada e inutilizada donde le pone “Pingu” el dibujo animado favorito de Eric.

Los primeros en llegar, 15 minutos después del alumbramiento, fueron los paramédicos,  y la comadrona llegó 5 minutos después que ellos. En total, Marc y yo estuvimos unidos a través del cordón umbilical por media hora más después de su nacimiento. La comadrona cuando llegó, preparó todo para que Alex pudiera cortar el cordón y posteriormente me ayudó a expulsar la placenta de manera natural.

Soy una madre muy feliz pero a la vez me invadió la tristeza los días posteriores al nacimiento de Marc, porque sabía que había llegado el momento de pasar página y de cerrar la etapa de mi vida en la que en mí misma habitaba otra persona. Tengo la fortuna de haber tenido dos embarazos buenos y 2 partos maravillosos, aunque el parir en casa es una experiencia única y es lo mejor que pude haber hecho.