Trempat

Mi amigo Charlie escribía ayer este tweet :

Perdoneu, però estic començant a trempar molt. Tant de bo no acabi amb gatillazo #yeswecamp #spanishrevolution #nonosvamos #15M #acampadasol

Lo comparto al cien por cien. Lo que está pasando desde el domingo pasado me resulta a la vez emocionante y excitante. Y no es porque crea que de aquí va a salir algo a corto plazo. De hecho sigo siendo pesimista y no creo que haya muchas sorpresas en las elecciones de este domingo, pero hoy soy algo menos pesimista que ayer, y ayer menos que anteayer, a la vez que cada vez más gente toma las plazas.

Simpaticé desde el primer momento con la plataforma “no les votes”. El lema es algo desafortunado para quien se queda sólo con la frase. Ese pronombre que substituye a un objeto indirecto no se refiere, como puede parecer a primera vista, a todos los políticos, sino en concreto a los partidos PSOE, PP y CiU. ¿Por qué ellos? Pues porque fueron los que votaron “sí” a la Ley Sinde: esa ley hecha para tumbar sin demasiados protocolos judiciales las webs de enlaces a descargas. El motivo parece nimio y algo naïf, especialmente si lo comparamos con los grandes problemas de la población en estos momentos, pero la indignación que hace surgir a los “nolesvotes” no viene de que sean unos piratas que no tengan nada mejor que hacer que bajarse series y películas y que se enfadan porque les van a capar sus webs favoritas. Eso es lo de menos. El problema es el trasfondo, el origen de esta ley, una ley que, gracias a wikileaks, se ha demostrado que viene impuesta y promovida (a través de presiones de los presidentes y de la embajada) desde el lobby de la industria del entretenimiento de un país tan lejano como Estados Unidos. La conclusión es clara: quien votó sí a la Ley Sinde no trabaja para el pueblo que lo eligió democráticamente sino para otros. Y a esos políticos no los queremos.

Luego viene la extrapolación y la obviedad (aunque no tan clara como con la Ley Sinde) de lo que se ha hecho en política en los últimos meses (rescates financieros, reforma laboral, recortes presupuestarios y recortes sociales, etc.) responde a intereses de una élite muy selecta que nada tiene que ver con la ciudadanía. Quizás esto siempre ha sido así, pero recientemente el torpe equipo de Zapatero ha tenido el “error” de ser tan descarado que se les ha visto el plumero. Son tan descarados que ni siquiera se les ve apanicados con lo que saben que se les viene encima. Quizás les importa un rábano porque saben que los favores se devuelven, y el presidente acabará de consejero delegado de rascarseloscojones en un alto despacho del edificio de un banco cobrando una millonada, y la Sinde ya tiene su despachito listo y decorado en Beverly Hills donde piensa escribir sin despeinarse el guión de “Mentiras y gordas II: una ministra en apuros”.

Total, que si no son corruptos de los talones a la coronilla, es que son gilipollas integrales, porque están regalando el gobierno a la oposición y en bandeja de plata. Claro que lo más probable es que todo esté previsto y poco importe, porque los que en realidad manejan el cotarro tienen a su servicio tanto a los unos como a los otros y ya les va bien que se vayan cambiando: así parece que hay democracia.

Es por esto que el hecho que cada día salga más gente a la calle me pone, y mucho. Porque igual no somos suficientes, pero con suerte hacemos el suficiente ruido como para que los desencantados con la política, una auténtica masa de gente que pasa de votar porque “total, pa lo que sirve…” se dé cuenta de que votando a un partido minoritario se cambian más cosas que votando en blanco o nulo, y mucho más que quedándose en casa.

Yo también tengo una erección de alto calibre, y puede que el domingo tenga un gatillazo, pero si no es esta vez, a la siguiente tendremos el polvo del siglo.