La telenovela mexicana

El próximo mes de junio hay elecciones a la presidencia de México. Aún queda bastante, pero la campaña electoral aquí ya ha empezado; dura noventa días. Llevo casi una semana en este país y no dejo de sorprenderme. Con los amigos que ya he visto y con la familia ya ha salido el tema de conversación varias veces, y aunque estoy muy lejos de ser un analista político, ya me han dado cuatro ideas como para componer una teoría que me resulta tan interesante como aterradora.

Una pincelada de antecedentes. En México las elecciones son cada 6 años y un presidente no puede repetir mandato. Hasta el año 2000, había gobernado democráticamente en México un único partido durante más de 70 años, el PRI, siglas del irrisorio oxímoron “Partido de la Revolución Institucional”. Ese año ganó Vicente Fox, del PAN (“Partido de Acción Nacional”) que prometía un cambio que nunca llegó. A pesar de ello el siguiente candidato del PAN, Felipe Calderón, ganó por la mínima en el 2006 a Andrés Manuel López Obrador, del PRD (“Partido de la Revolución Democrática” ¡Toma ya!). ¿Que dónde estaba el PRI? Hundido en su miseria y en sus guerras internas, imagino.

En éstas estamos que han pasado seis años y vuelven a haber elecciones. Por el PRD repite como candidato López Obrador, cuando el sentir común de mi entorno es que el actual gobernador de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, sería mucho mejor candidato que éste, por haberse López Obrador desgastado mucho con la derrota en las anteriores elecciones y por ser Ebrard, otra vez según mis fuentes, uno de los mejores políticos del país. El PAN propone a Josefina Vázquez Mota, según uno de mis amigos, un robot entrenado para dar la respuesta correcta (en en sentido político, claro) a cualquier pregunta. El PRI hace una apuesta aparentemente un tanto arriesgada sobre la que me extenderé un poco más adelante: Enrique Peña Nieto, un tipo guapo. Y tonto.

He querido dejar obvio que ninguno de los candidatos es el mejor candidato posible de cada partido. Ni siquiera son buenos candidatos. Esto se alinea con mi tesis de que, al igual que está pasando en los últimos años en muchos países, el líder político elegido debe de ser un muñeco fácilmente manejable por los elementos de poder reales, a los que les interesa aparentar delante del pueblo que estamos en democracia, pero donde en realidad las decisiones no están hechas para el pueblo sino para unos cuantos ricachones que manejan los hilos de la economía mundial. Y cada vez se me hacen más descarados. De ahí estos movimientos de #democraciarealya o el #15M, que no sé si tienen el equivalente en México, pero algo parecido hay, ya que he visto pintadas en los carteles tipo “No votes al PRIAN”, que recuerdan a nuestro PPSOE.

De entre los tres candidatos, tanto Peña Nieto como Vázquez Mota se me antojan puras marionetas elegidas para allanar el camino al “poder real en la sombra”. Si ganara López Obrador la historia cambiaría y veríamos de pronto a México alineado con el eje del mal latino junto con la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Morales o la Cuba de Castro. Pero esto no pasará (para mi desazón, añado).

Pero Peña Nieto tiene algo especial. No sólo es un guapo tonto. El candidato que el PRI ha elegido para recuperar el poder después de doce años de sequía es el perfecto cánon de un prototipo muy conocido en México: el galán de telenovela. Ya tenía algo de telenovelero el expresidente Vicente Fox, con su voz profunda, su sombrero y sus botas rancheras, y su sonado divorcio y posterior boda con su secretaria exactamente un año después de ganar las elecciones. Entonces el malvado patrón del rancho arrebató el poder inmóvil durante 71 años al PRI. Doce años después vuelve el protagonista, el galán, a recuperar lo que es suyo y salir triunfante al lado de la dueña de su vida y de su corazón. No es casualidad que su actual mujer, Angélica Rivera, es actriz protagonista de varias telenovelas de Televisa en los últimos años.

Tampoco es casualidad que Peña Nieto vaya por delante en los sondeos y encuestas electorales.

Si dentro de tres meses Peña Nieto ha ganado las elecciones, y la estrategia experimental del PRI de montarnos una telenovela con la política ha salido bien, ya podemos ir remojando el culo el resto de países del mundo, que nos van a apantallar bien la política real con mucho corazón, corazón.

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La pareja ideal. ¿Futuros presidente y primera dama de México?

Una respuesta a “La telenovela mexicana”

  1. Muy interesante, y creo que das en el clavo con tu teoría sobre los candidatos.

    La foto de la feliz pareja me ha recordado instantáneamente a Marco Rubio y su esposa ex-animadora. Estoy segura de que, si no se lo lleva por delante algún escándalo, Rubio estará en las próximas primarias a candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Su historia, además, se adapta como un guante a la estética telenovelera, donde todo es más falso que un euro de goma: sus padres emigraron de la Cuba de Batista, pero él se vende a los cuatro vientos como hijo de refugiados del régimen comunista de Castro. Ya sabes lo que dicen, no dejes que la verdad te estropee una buena historia. Y menos si esa historia supone la diferencia entre que no te voten más que los latinos y que te voten y hagan campaña por ti los ricachones blancos de derechas.

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