Mi hijo no me hace caso

Ayer se me ocurrió poner las palabras del título de esta entrada en el google a ver qué salía. Sé que es un ejercicio un poco arriesgado, porque google no es la máquina de la verdad o de las soluciones instantáneas y cuando buscas algo como «me duele el dedo gordo del pie izquierdo» lo más probable es que acabes concluyendo que tienes cáncer y, lo peor, que necesitas frotarte la oreja con unas carísimas hierbas mágicas para solucionarlo. Pero me leí los cuatro o cinco primeros artículos que aparecían (saltándome los foros de madres histéricas, que ya sé cómo acaban) y me parecieron bastante sensatos.

Por la noche, ya con los niños dormidos y aprovechando que ya hemos terminado House y no tenemos urgencia por ver nada nuevo, convoqué una reunión de emergencia con mi mujer para poner en común qué ha leído ella y qué he leído yo y, como novedad, apuntar cuatro ideas en papel para intentar seguirlas y ver qué resultados obtenemos.

El caso es que sentimos que Eric, a sus tres años y medio, se nos está yendo de las manos. Personalmente no creo que sea un caso excepcional, y la educación de los hijos es difícil para cualquier padre, pero, como muchas otras cosas, hay cosas de las que se hace difícil hablar abiertamente, pero voy a intentarlo por aquí.

Por ejemplo, el evento que desató mi búsqueda ocurrió por la mañana. Estela le estaba vistiendo y decidió probarle unos pantalones nuevos que había comprado para ver si le iban bien o había que devolverlos. Eric ya había decidido que quería sus pantalones de Bob the Builder y cuando su madre le dijo que no, que primero los otros, pero que luego le ponía los que él quería, empezaron los problemas. Estela consiguió que se los probara pero la rabieta que pilló por ello duró veinte minutos en los que no quiso ningún pantalón y lo único que decía era «no quelo plantons». Era como si quisiera volver al pasado y que el hecho de probarse los pantalones nunca hubiera pasado. En éstas, además, se nos hacía tarde para ir a la guardería. Estrés infinito, como podéis imaginar. Pues como ésta, cada día hay alguna.

En casa empezamos poniendo tres normas, con la idea de irlas ampliando o cambiando a medida que las vaya obedeciendo, pero son lo bastante genéricas y completas como para que no las hayamos tenido que cambiar. Son éstas:

  • Haz caso
  • El pipi y la caca se hacen en el baño
  • Sé suave, que engloba:
    • No pegues ni empujes a tu hermano
    • No azotes las puertas
    • No tires las cosas (al suelo o contra alguien)

La segunda (eso que aquí llaman potty training) empezamos a tenerla dominada. La tercera la tiene clara y cuando lo hace es porque está enfadado o es sin querer. En lo que parece que estamos fallando es en el tema de que nos haga caso. Voy a apuntar, a ver si me acuerdo, las notas que hicimos en la reunión de anoche. Éstas son las notas que nos tenemos que aplicar a nosotros en cuanto a su educación.

No perder los estribos

Gritarle, pegarle, o incluso reprimir la violencia de manera que sólo sientas ira e impotencia como para encerrarte en la habitación a llorar, o que llegues a tener pensamientos horrible y brutalmente sádicos tanto contigo como con el niño es algo que no debe llegar a pasar. Pero pasa. A mí me pasa. A mi mujer le pasa. Pero no debe llegar a pasar. Hay varias razones. Primera, la violencia (física o psicológica) es inútil. Sí puedes conseguir que el niño te haga caso gritándole o pegándole, pero lo conseguirás una vez. La siguiente tendrás que gritar más o pegar más fuerte para conseguir lo mismo, lo cual a la larga o consigues un niño sumiso, acojonado y sin personalidad o un mentiroso violento fotocopia de su progenitor. Ninguna de las dos es buena. La segunda razón es que la violencia envenena la relación con tu hijo, y ningún niño tiene necesidad de odiar a sus padres ni de ser odiado por ellos. También puede envenenar la relación con la pareja.

¿Cómo evitarlo? Decir que con paciencia es de perogrullo, pero podemos intentar varias técnicas. La primera es aprender a detectar la subida de tensión y pararla a tiempo. ¿Es tan importante que se pruebe los pantalones ahora o podemos hacerlo luego con más tranquilidad? Ir a la pareja y pedirle que tome cargo es otra opción. Salir de la habitación, contar a diez y respirar hondo es otra. Lo importante es saber dónde está el límite y parar mucho antes de ver que te estás acercando. Personalmente creo que tener claro el por qué la violencia no funciona y sus horribles consecuencias es un gran primer paso.

Refuerzo de la atención positiva

Cuando el niño se porta mal es en la mayor parte de los casos para llamar la atención. Yo veo claro que en el caso de Eric es una consecuencia de los celos de su hermano pequeño. Nosotros hemos caído en la trampa clásica, y eso que lo teníamos claro. No hay que desatender al hermano mayor al cuidar al bebé recién llegado. El mayor ve que cuando se porta bien no se le hace caso y se le deja tranquilo con sus cosas. El mayor ve que se atiende al enano cuando éste llora y aprende que llorando, gritando y pataleando se le hace más caso. Los padres olvidamos que «portarse bien» no llama la atención y óbviamente nos acercamos a reñirle cuando hace algo gordo. El niño, paradójicamente, prefiere que le riñas a que le ignores.

Pero ¿cómo arreglarlo? Pues haciendo al revés: premiando el buen comportamiento (o el comportamiento neutro) con atención y castigando las rabietas con falta de ella, ignorándole. Es muy difícil no hacer caso a tu hijo cuando igual está esparciendo por la habitación la ropa que acabas de planchar, pero hay que, otra vez, tener paciencia y saber que la ignorancia es en este caso el mejor y más efectivo castigo.

No es no

Para aprender la norma el niño necesita consistencia y firmeza. Si se decide que no va a ver la tele después de las 8 no vale negociar cinco minutos más hasta las ocho y cinco. Y en eso, lo reconozco, yo soy demasiado permisivo. Ésta me la grabo a fuego. La contrapartida es que hay que pensar antes de decir no a algo. No podemos amenazar con algo que no vamos a poder cumplir, por ejemplo. Aquí también se incluye la consistencia y apoyo entre lo que dicen el padre y la madre. Si hay diferencias de criterio se resuelven más tarde.

La norma de las tres veces

Éste es uno de los posibles trucos para no tener que llegar a la ira o la violencia. Si el niño que no hace caso ve que se le pueden repetir quince veces las cosas sin consecuencias, a la siguiente esperará hasta la décimo-sexta, o hasta la vigésima vez. Vamos a intentar aplicar lo de que las cosas se dicen como máximo tres veces. La primera, suave y amablemente. La segunda seria y firme. La tercera igual pero va acompañada de la amenaza del castigo correspondiente, que hay que pensar bien para poderlo cumplir (te apagaré la tele, te vas al rincón dos minutos…). Si sigue sin hacer caso, no hay cuarta, se cumple el castigo sí o sí. Una cosa importante a tener en cuenta en este caso es que hay que darle tiempo al niño entre aviso y aviso para que asimile y cumpla lo que se le ha pedido.

Conclusión

Hay muchas más cosas pero esto es lo básico y ya me ha salido suficientemente largo. Me gustaría escuchar otras historias y opiniones, especialmente de alguien con experiencia que piense que nos estamos equivocando o algo que no estamos teniendo en cuenta.

Igualmente espero que esto le sirva a alguien.

Para cualquier cosa, aquí están los comentarios.

59 opiniones en “Mi hijo no me hace caso”

  1. Yo he aprendido un par de cosas durante mi limitadísima experiencia como postiza. Las dejo aquí con el caveat de que cada niño es un mundo.

    1. Subir la voz es tremendamente eficaz si se hace muy poco. Y no pegar chillidos diez minutos, sino subir la voz para dar una orden corta: «VEN AQUÍ AHORA MISMO». Pero hay que racionarlo mucho, porque se vuelven inmunes.

    2. Lo que mejor nos funcionó durante la (cortísima) etapa de rabietas de S. fue decirle: «Vale, así no puedo hablar contigo. Cuando te calmes, hablamos de esto». Y sigues a tu bola hablando con tu pareja o haciendo lo que sea, mientras se desgañita. Son los diez minutos más largos de la historia y te sientes una persona horrible, pero a los diez minutos se calman, les suenas los mocos, les dices «Vamos a hablar» y oye, mano de santo. Tú te sigues sintiendo una persona horrible el resto del día, pero ellos a los veinte minutos están tan campantes. Y aprenden que montar un pollo no les da ventajas.

    3. No os contradigáis el uno al otro, EVER.

    Muchísimo ánimo, tenéis que estar muy cansados. Esto también pasará. Un abrazote.

  2. Bé Àlex, no sabia si estendre’m molt o poc. Podria fer el primer, però el comentari seria massa llarg :S
    Així, us recomano que us llegiu URGENTMENT tots dos «Padres liberados, hijos liberados» basat en l’ideari del psicòleg infantil Haim Ginott.
    Estic segur que us servirà molt i us farà replantejar moltes coses de base de les que exposes i ser més feliços tots quatre 🙂

  3. Joan, em poso a buscar el llibre per internet i penso, coi, com piquen el 25 euros, i penso, a veure en anglès? I veig la portada i ¡resulta que el tenim!, però en anglès és A Guide to a Happier Family i això de Liberated Parents, Liberated Children està en petit i no ho havia reconegut.

    Li faré una ullada.

  4. És curiós, a l’edició en castellà és «guía para tener una familia más feliz» el que està en petit.
    De totes maneres insistiria en que li féssiu més que una ullada. Ho dic entrant una mica més al fons en les normes que plantegeu per l’Èric.
    – «Sé suave, no pegues a tu hermano, no azotes las puertas, no tires cosas…» son límits molt clars i que per tant l’infant acabarà adaptant (a base de transgredir-los de tant en tant, segurament – transgresió que per altra banda no farà «per fer la punyeta» sino per comprendre ell mateix on és el límit que vosaltres marqueu).
    – «el pipí y la caca se hacen en el baño» també és clar. Però hem de tenir en compte que un infant amb tres anys i mig no té el control total sobre els seus esfinters y per tant és normal que davant de situacons d’estrés o simplement quan estigui molt concentrat pugui tenir accidents (com nosaltres ho anomenem). Es pot donar també el cas del primer punt, que vulgui provar el límit. Sempre se li pot demanar a l’infant que reculli o netegi el que ha embrutat (no sé si caldria en els casos «d’accident»), però no com a càstig, sino com a conseqüència d’un acte, o si més no que ens acompanyi a fer-ho.
    – «Haz caso» no és un límit clar. És una ordre i pel general volem que els nostres fills tinguin criteri, no que siguin obedients (sovint no ens agrada fer-ho a nosaltres amb les autoritats que ens dirigeixen). Un nen sa no fa cas i ja està, perquè si és així és perquè té por. Son persones que comencen a tenir criteri propi i se’ls ha d’acompanyar. El que explicaves al principi dels pantalons és molt clar. No ens agrada que ens obliguin a fer coses i l’Èric triava els seus propis pantalons. En aquest cas el que jo hagués fet seria deixar-ho per un altre moment, i si era totalment imprescindible ho hauria fet i ja està, però sense enfadar-se ni sentir-se malament un mateix o fer-ho sentir a l’infant. Una tonteria així ens pot destrossar el dia, a tots els pares/mares ens passa sovint, i llavors ens en podem adonar que el problema no és l’infant sino nosaltres mateixos 🙂

    En el llibre trobareu molts exemples en els que us podreu veure reflectits. De vegades parla d’infants més grans, però crec que és comparable.
    Una abraçada i ànims, que tots estem en la mateixa «lluita», aprenent tots plegats a estar millor en la vida.

  5. M’agrada el nou interface!
    us felicito per reflexionar sobre criança, la criança és un camí de creixement personal; si no te n’adones molt probablement la caguis amb els fills, i a més, perds una oportunitat de millorar com a persona i ser més feliç.
    El llibre «de capcelera» que et diu el Joan va desencadenar en un segon llibre: «cómo hablar para que tus hijos te escuchen y cómo escuchar para que tus hijos te hablen», amb exemples pràctics i concrets. Jo vaig llegir els dos i el primer em va semblar més reflexiu, anava més a l’arrel per poder rescatar la nostra intuició personal, per això li vaig recomanar directament al Joan; el segon em semblava un pèl encapsulat, les «normes» en criança em fan por… però potser us agradaria, també. Mireu els dos i decidiu, per nosaltres ha estat com obrir una porta per anar fent el camí sobre la relació amb els fills -i amb la resta de persones, al cap i a la fi-.
    petons!

  6. Con mi limitadísima experiencia con las bestezuelas ajenas confirmo totalmente lo que dice Maiko. Aunque en el punto 1 ni siquiera necesito subir la voz, basta con la cara de mala leche y hablar despacito… El 2 es mano de santo. Y el 3 de cajón.

    Buenísimo el post. Lo acabo de recomendar en twitter.

  7. Yo no tengo ninguna experiencia como madre, pero sí como hija, y coincido con Maiko y contigo en casi todo (por lo menos, así lo hicieron conmigo).

    Ignorar la pataleta y, cuando pasa, decirle «¿ves? ahora que hablas suave y normal podemos hablar y entendernos bien».

    Lo de las tres veces, no sé si mi padre las contaba. Sólo sé que cuando decía «NO T’HO TORNO A DIR», con voz (un poquito) alta, mejor parar. Las consecuencias podían ser fatales (pero creo que la amenaza de no volver a decirlo evitó que intentara buscar las consecuencias xD).

  8. Google Reader vuelve a hacerme una jugarreta y me he enterado de esta entrada hoy, cuando la has compartido por lo de estar en Menéame. Muy interesante, y te comento que yo tengo una entrada desde hace varias semanas en la recámara con niños de por medio. Ayer tuve otra ración de críos en casa, y esta semana voy a tener otra, lo que seguramente hará que la entrada sea publicada en breve, porque cada vez que tengo contacto con churumbeles me sube la bilirrubina, y no ellos precisamente. Y, aunque no es el tema de mi entrada, pregunto por «la violencia» a los padres. Hablas de ello aquí y todos coinciden, pero yo no veo realmente la respuesta a por qué es tan tabú HOY día darle un cachete en el culo a un hijo. «Te hacen caso una vez y a la siguiente no». Yo esto no lo he visto nunca en la vida. Naturalmente, si a todo lo que te frustra de un niño tu respuesta es un cachete, el cachete no sirve de nada. Pero es que no entiendo por qué tiene que ser todo blanco (jamás dar un cachete) o todo negro (moler al niño a palos).

  9. mi experiencia es como hija. pero me ocurrió en plena adolescencia. A los 12 años dejé de ser hija única y pase a tener una hermana d 10. Por supuesto q estaba celosa pero ella estaba muy espabilada y sabía como hacerme daño. algunos amigos de mis padres q lo veían desde fuera hablaron con ellos pero ellos insistian en q era normal. llegue a ime

  10. Morti, obviamente no tengo una respuesta al por qué es tabú la violencia en la familia, pero puedo imaginar por dónde van los tiros. Admitir que has pegado alguna vez a tu hijo es como admitir que has fumado un porro en tu juventud, la mayor parte lo ha hecho, pero la imagen que queda es de alguien que le da felizmente a las drogas. En el caso de pegar la imagen es de maltratador. Y me arriesgo con una idea más: la imagen es justificada. Me explico.

    La violencia es adictiva. Y peligrosa. Sí, exactamente igual que las drogas. Para obtener el mismo efecto que la primera vez, a la segunda has de poner una dosis más alta. La diferencia es que ya no es a ti a quien perjudicas, sino a tu hijo, por lo que no vale la «liberalización». Por otro lado la «sobredosis» es demasiado fácil. Hablo de ira descontrolada. Es realmente demasiado fácil que la ira te obnubile y te haga perder el control. Y cuando algo se descontrola en este tema puede acabar muy mal, insisto, de forma demasiado fácil. Asusta de lo simple que es. Somos así de débiles. Es por esto que quiero insistir en la parte de «verlo venir de lejos y pararlo a tiempo».

    Volviendo a los porros, puedo estar de acuerdo en que uno de vez en cuando no hace ningún daño, pero con control y teniendo claro los límites. Con los porros puedes tener muy claro que controlas y saber que estás dentro de tus límites. Con la violencia es mucho más difícil controlar, y por eso los límites han de estar mucho antes: ni un solo grito, ni un solo azote en el culo. Así de claro.

  11. La violéncia sólo es síntoma de la falta de otros recursos, y es una lástima. Todos los padres tendríamos que invertir un poco de tiempo en crecimiento personal. Hablo tanto de la violencia física como de la emocional, y también de la falta de respeto hacia el niño, que es una persona, no lo olvidemos; sólo los sobrenombres que les ponemos ya dicen mucho.
    Àlex, con el objeto de compartir, te cuento que nosotros ante una situación en crianza (como en todo!) que nos provoca «desorientación» buscamos consejo, leemos, y casi siempre la solución está en «reeducarnos» nosotros mismos. Ahora mismo tenemos a Rai agresivo con nosotros, y anadmos en proceso de trabajar las emociones (reconocerlas y canalizarlas) yo estoy leyendo sobre ello y cuando aprenda algo seguro que podré acompañar a Rai mejor.
    Besos

  12. Te agradezco la respuesta. Realmente lo veo así para mí, y es una de las muchas razones por las que no tendré hijos (sé que los mataría, lo digo sin tapujos), pero no estoy tan convencida de que sea una cuesta así de resbaladiza para otras personas. Me parece que esta tendencia actual al «bajo ningún concepto» es buena y sin duda preferible al griterío o cachete por todo, pero es una tendencia que injustamente (para mí) estigmatiza a estupendos padres que tienen perfectamente controlado el asunto del cachete. Los niños son listísimos y se dan cuenta de cuándo un tortazo es justificado porque han pasado todos los límites pasables de los padres; cuando nunca, nunca, hay un grito o un cachete y por algo extraordinario te cae uno, uno se da cuenta de qué ha sido lo extraordinario y de por qué no le conviene repetirlo. Dos o tres cachetillos recibí yo en toda mi vida y UN tortazo en la cara, justificado por completo. Me fui a la cama con la mejilla picándome, pero lo que hicimos (mi hermano se llevó el mismo que yo) nunca jamás se repitió, y recuerdo irme a la cama sin rechistar y sabiendo que me lo merecía. La mayoría de la gente que conozco, de niños ellos mismos o ya de padres, con hijos un poco más mayores han recibido y aplicado los mismos correctivos. Por lo que vengo observando, son solamente los nuevos padres los que hablan de que bajo ningún concepto se debe dar un cachete, y es un cambio de mentalidad que se ha producido en poquísimo tiempo y que me resulta fascinante.

  13. No había comentado nada pese a haber visto la entrada ya hace un par de días, pero con lo de Menéame he vuelto a ella y ahora que me animo a abrir la boca, opino lo mismo que Mortiziia. Como hija añado, además, que conmigo funcionaron los tres únicos cachetes que me dio mi padre en mi vida y que sin embargo, me «traumatizaba» mucho más el hecho de que mi madre, que debe de ser por lo menos miembro fundador de la liga del anti-castigo físico, no tenía sin embargo ningún problema en echar la monserga de que había fracasado como madre, por pillarnos haciendo lo que no debíamos, no con la edad de tu hijo pero con tres o cuatro años más, con lo cual no hablo de hacer cosas horribles sino de pillarte contando una mentira, diciendo una palabrota o peleándote.

    Dejo claro que quiero mucho a mi madre y que no tengo ningún trauma por eso, pero sí que es cierto que decirle algo así a un niño de ocho años sí lo hace sentir mal y culpable no sólo por el hecho puntual; a mí los tortazos sólo me hacían pensar que eran merecidos, precisamente por la escasez de estos, me hacían pasar mucha vergüenza y a diferencia de lo otro, no me hacían llorar toda una tarde. Efectivos cien por cien, y la verdad es que a mi padre no le causaron ninguna adicción!

  14. Hola! me ha parecido muy interesante tu articulo y no podido no comentarte, no tengo hijos ni pienso tenerlos en un plazo mínimo de 6 años así que espero que cuando me llegue la situación pueda actuar como se debe.

    Aún así solo quería comentarte que tus técnicas no son diferentes de las del encantador de perros, solo que estos te hacen chantaje psicológico y el perro no sabe :P.

    Mucha suerte! Si aguantas con 30 se te van de casa y ya está hecho.

  15. Os fastidia que «no os haga caso» u os fastidia que no haga «lo que vosotros queréis en cada momento»… es que hay una gran diferencia. Muchos padres se comportan de manera caprichosa con sus niños, como si éstos fuesen una propiedad y por ello debieran hacer absolutamente todo y siempre que el adulto lo quiera, sin tener en cuenta los sentimientos del niño… el niño no es un Tamagochi. Por eso perdéis los estribos vosotros: porque os empecináis con la terquedad de un niño de 3 años que otro niño de 3 años haga exactamente lo que a vosotros se os ponga en la punta del pito o del coño cada vez. Los adultos muchas veces son más infantiles que los propios niños, y vuestro niño ya debe de estar hasta el gorro ya de vosotros y de vuestros caprichitos: «ahora haz esto, ahora haz lo otro…» ¿Y cuándo vosotros aprenderéis a hacer algo de lo que vuestro niño quiere…? ¿O a armonizar una convivencia, cediendo todos un poco de sus caprichitos para que haya respeto y paz? Me parece que confundís lo de ser padres con tener un perrito obediente a vuestro servicio. Que os den. Pobre niño.

  16. Pues con todo el respeto del mundo a tu articulo, yo creo que un par de cachetes a tiempo curan muchos problemas, los padres son padres y no colegas de nuestros hijos, y la educacion es lo primero, y tener a un niño montando un cristo en publico gratuitamente no me parece logico, y no echarle las broncas o no darle un sopapo a tiempo no se nos vaya a traumatizar me parece un fallo monumental (ejemplo de padres «post-constitucionales»).

    Precisamente un juez de menores llamado Emilio Calatayud dice una serie de verdades como puños acerca de que los padres actuales estan perdiendo el norte:

  17. Cuando está de rabieta le gravo con el móvil y cuando esta tranquilo se le dejo ver.
    Detesta que los graves en esa situación. No se si sirve para algo, pero ya que no debes pegarles ni maltratarles de ningún modo porque no sirve de nada y está mal visto; con este sistema te quedas a gusto y luego puedes recrearte al visionarlo.

    Putos niños, son una pesadilla. Jejeje

  18. Una posible solución a los celos es explicar al mayor por qué se le hace más caso al pequeño: es indefenso y no sabe hacer muchas cosas, pero el mayor sí sabe hacer montones de cosas por sí mismo (ensalzando lo hábil que es siendo un poco más mayor) y qué bonito sería que os ayudara a enseñarle y a cuidarle, otorgándole una responsabilidad (obviamente, vigilada, sigue siendo un niño pequeño e inexperto). Vamos, hacerle ver lo importante que es ser el hermano mayor.

    Como dices, para él es una persona a la que se le hace caso por incordiar. No comprende que no tiene otro modo de pedir las cosas que necesita!

    Me parece un genial post

  19. «Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida.

    He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una hola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.

    Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo.

    Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

    Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado.

    Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con la mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ten erguidos los hombros!”

    Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí.

    Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.

    ¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta.

    “¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente.

    Nada respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agostar.

    Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

    Bien, hijo: poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre?

    La costumbre de encontrar defectos, de reprender; ésta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros.

    Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas.

    Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

    Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto.

    Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.

    Temo haberte imaginado hombre.

    Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro.

    He pedido demasiado, demasiado…»

    W. Livingston Larned

  20. Hola. He caído por aquí de casualidad.

    Sólo quiero comentar, más para mí que para vosotros, que aostiar a los hijos es una sentencia de muerte irreversible en la relación familiar. Hoy en día curiosamente me parece perfecta la fría, distante y maquillada relación que tenemos en mi familia ya como adultos. Soy la pequeña de tres hermanos (los dos varones) y afirmo que pequeñas partes de mi persona han quedado necrosadas por el trato recibido de mis padres durante mi infancia y adolescencia. No tuvieron ningún tipo de respeto por sus hijos y nos han caído ostias, gritos y similares por doquier. Tuvieron hijos para hacernos currar cuando nos necesitaran y para moldearnos a su placer sin tener en cuenta ni un ápice de nuestro criterio (y creo que puedo hablar por mis dos hermanos). Han sido unos padres terribles, los he odiado, he deseado sus muertes, hoy en día incluso tengo el convencimiento de que cuando mis 4 parientes directos se mueran seré una persona no más feliz pero sí menos preocupada. Podré enterrar el hacha de una vez.

    Siempre digo que tengo los traumas y los odios controlados y lapidados en mi corazón, pero creo que no es cierto. Lo que tengo es mi alma tatuada con todo lo malo que me han hecho, y por muy viejos y mejores personas que sean ahora nunca voy a olvidar la maldad y casi el placer con el que nos castigaban a diario.

    Debo decir también que estoy a favor de soltar una bofetada antes de que suceda una barbaridad entre hermanos o directamente de hijos a padres. Pero jamás sin justificación. Porque no dar razones sinceras, directas y apropiadas convierte a los hijos en personas muy difíciles y contumaces. Si hay que dar un guantazo o dos o tres que así sea, el hijo lo entenderá con los años y la relación seguirá sana. Pero si vas a tocar la cara a tu hijo piénsate muy bien las consecuencias del cómo, el cuándo y el porqué.

    Los padres que evitáis tocar a vuestros hijos tenéis mi gratitud por saber tener la paciencia que muchos no tienen. Pero debéis valorar también si una ostia a tiempo evitaría futuros desastres.

    Los padres que moléis a palos, a gritos, a sacudidas, a humillaciones y a denigraciones a vuestros hijos mereceríais el mismo trato cuando llegárais a viejos, que vuestros hijos os pagasen con la misma moneda cuando sois ancianos y no os valéis por vosotros mismos. Cuando esperáis comprensión y paciencia, amor y cariño, consejo y refugio, que os trataran como vosotros hicísteis. Que os sintiérais una mierda, personas desgraciadas en el mundo, que deseárais no existir o morir directamente. Y sobretodo os merecéis una ley constitucional inquebrantable e ineludible para quitaros la tutela de los hijos que traéis al mundo y que al menos crezcan con valores decentes y puedan ser personas normales cuando hagan su vida.

    Por suerte, personas como yo que han comido mierda por un tubo tenemos la decencia y la empatía suficiente para no devolver esa asquerosa moneda y evitar convertirnos en lo que nos enseñaron. Prefiero ver a mis padres envejecer tranquilamente sabiendo que ellos ya llevan su propia procesión por dentro, porque saben que han perdido aquello que un día trajeron al mundo y a veces no tienen valor ni hagallas siquiera para mirarnos y decir un simple «perdón». Ni eso. Hacen vida como pueden y tratan de hacer liviano su camino al infierno.

    Y esa es la mejor lección para ambas partes, al menos en mi caso. Una de las cosas que hice fue sentarlos en una mesa y decirles claramente lo que pensaba. Mirarles a la cara y decirles que sabes que se arrepienten y que no tienen valor a afrontar la situación de disculparse. Decirles que van a comerse su sufrimiento en soledad porque a mí me daba igual, no tenía intención alguna de recriminarles nada ni de sacar trapos sucios. Decirles que habían cavado su propia tumba para con sus hijos y que tenían lo que se merecían, ni más ni menos.

    Muchos padres son escoria, parece mentira que yo haya salido de un nido putrefacto. Tengo 28 años, mis hermanos tienen 32 y 35. Somos una familia corrompida, sucia, hipócrita, desfavorecida, ennegrecida, separada, amoral, y aún así logramos mantener una relación cordial que a muchos les parece más o menos normal. «Típica de una família que ha tenido problemas».

    Tengo un aprecio mínimo a los miembros de mi familia porque no puedo evitarlo de ninguna manera, pero si yo pudiera elegir ahora mismo por derecho divino cambiar algo de mi pasado lo que haría es cambiarme yo de familia.

    Perdonad el mensaje, he aprovechado para vomitar un poco de bilis.

  21. Yo también opino que el castigo físico no es para tanto. Por ejemplo, a mi mujer le pego de vez en cuando, pero lo normal, eh?. Cuando hace algo que me saca de mis casillas o me monta un pollo en público le pego un buen sopapo y se calla ya. Con mi madre a veces también hago lo mismo, que a la vieja gagá la tenemos en casa y se pone muy pesada con el mando de la televisión y tal. el cachete justificado funciona.

    Supongo que pilláis el sarcasmo y el punto. El niño no es una mascota a la que la reprendes con un azote porque «no entiende». Es que es mucho más difícil hacerlo sin pegar, y desde luego es difícil reconocer que uno lo está haciendo mal. Igual que no pegais una hostia a un amigo cuando hay un conflicto, no hay que pegar una al niño, porque aunque sean proyectos de persona, ya son seres humanos.

  22. Yo también opino que el castigo físico no es para tanto. Por ejemplo, a mi mujer le pego de vez en cuando, pero lo normal, eh?. Cuando hace algo que me saca de mis casillas o me monta un pollo en público le pego un buen sopapo y se calla ya. Con mi madre a veces también hago lo mismo, que a la vieja gagá la tenemos en casa y se pone muy pesada con el mando de la televisión y tal. el cachete justificado funciona.

    Supongo que pilláis el sarcasmo y el punto. El niño no es una mascota a la que la reprendes con un azote porque «no entiende». Es que es mucho más difícil hacerlo sin pegar, y desde luego es difícil reconocer que uno lo está haciendo mal. Igual que no pegais una hostia a un amigo cuando hay un conflicto, no hay que pegar una a un niño, porque aunque todavía sea un proyecto de persona, ya es un ser humano.

  23. te recomiendo busques el libro «summerhill un punto de vista radical sobre la educacion de los niños». No es que sea un manual sobre la educación de los padres a los niños, pero entendiendo la infraestructura de la educación, se puede potenciar desde distintos focos.

    Simplemente, interesante 😀

  24. Yo también he caído aquí por casualidad y me gustaría aportar mi granito de arena.
    Primero para r, por tener la valentía de reconocer que sus padres lo hicieron mal y segundo por decirle que,en mi opinión, aun no ha conseguido superarlo, al menos hasta que no destierre definitivamente el «Debo decir también que estoy a favor de soltar una bofetada antes de que suceda una barbaridad…».
    Soy padre, nunca he tocado a mi hija, ni cachete siquiera (y claro q he tenido rabia ante sus rabietas), pero cuando veo a algunos padres hacerlo en el parque veo más claro el error que cometen, ya que su hijo no entiende que pasa, sólo le enseña una forma de arreglar los problemas que nunca le ayudará en el futuro… En eso estoy de acuerdo con la entrada y creo q los que dicen lo del cachete se equivocan, sus hijos les tendrán miedo y odio… Muy lejos del respeto y la admiración que todos los padres deseamos. Sólo tienen que preguntarse si les gustaría que en el trabajo les dieran cachetes si el jefe lo cree oportuno o que le pidan a un amigo que les de una colleja cuando le ha ignorado un par de veces… ¿A que cuando le toca a uno se ve diferente?

    Mi aportación en cuanto a lo que dice la entrada es que los 3 avisos no sirven, yo acababa con el aviso dos y medio, a mi me funcionó mejor las órdenes claras ANTES de las situaciones (después de merendar, te probarás los pantalones y luego iremos al parque), muchas veces pretendemos que los niños sean adivinos y sepan exactamente lo que tienen que hacer sin decírselo… Y cuidado con lo que se dice, porque luego es esencial cumplirlo (castigos incluidos). No te evitara las rabietas, pues los niños no son robots, pero eso y el refuerzo cuando se portan bien, las hará cada vez mas cortas… Aunque con el tiempo siempre hay recaídas :(, no hay recetas mágicas.
    Estoy de acuerdo, entrenar la paciencia es la clave… Y el apoyo de la pareja para pasarse la rabieta en momento de colapso es una ayuda de grado máximo (me he identificado completamente ;).
    Gracias por el blog y disculpad las faltas de ortografía (escribo desde un móvil).

  25. Ante todo presentar respeto por todo aquel que se ha preocupado por la educación y relación de familia.
    Bien, quisiera decir que con la mayoría de comentarios con los que tengo más en común son de hijos. Y la respuesta es simple. Se debe de mirar des de los dos puntos de vista: como padre y como hijo. Y en el articulo solo se presentan las preocupaciones como «padre». Pongo como padre aunque tendría que poner padre egoísta, porque no tiene en consideración el momento del hijo en ningún momento. La relación que se da en este articulo es de dictador-sumiso. El hecho es porque obligamos sin más. Lo mejor para una personita que viene al mundo es decirle el porque de las cosas. El niño no siempre entiende el porque, se asusta de los gritos, se acobarda, etc, y eso no conlleva nada bueno, solo malestar en la familia e incomodidad.
    «haz caso», «no es no», simplemente daros cuenta de las mismas palabras ¿Qué expresan? Simplemente obediencia ciega. No hay un porque, y sino hay un porque no se entienden las cosas y como consecuencia no hay comprensión. La comprensión es base en toda relación.
    No soy madre, soy hija, hermana, sobrina-prima y novia. Con todos excepto con el novio he estado viviendo (compartiendo casa) y he visto el daño que hace la falta de empatía y comprensión. Con mi novio vivo un momento de amor (de lo que realmente es amor). Algo que se transmite sin motivo y sobretodo sin esperar nada.
    No podemos nunca esperar, podemos pedir siempre con respeto y comprensión, esto si queremos estar a gusto. Esperar nos hace desear unas consecuencias exactas, en las que… sino sale como esperábamos, podemos tener unos efectos negativos con nosotros y los demás (lo que se llama Karma, un mal ambiente).
    Entonces, yo aconsejaría, que por favor vierais donde está el fallo en el niño, sí, pero antes el vuestro, porque al fin y al cabo la fuente originaria del malestar de la familia es más vuestro que suyo en estos momentos.
    Sabréis que cuando llegue el respeto y la comprensión que hacer. Todo viene solo.
    El consejo más directo a los problemas sería lo siguiente:
    – No tratéis de castigarle, ni de premiarlo. Esto comporta un extremo (yin o yang), nunca equilibrio. Lo mejor es darle razones (el porque), y en última instancia aclarecer las cosas (con alguna voz alta y poniendo os serios, eso le hace ver que es algo serio).
    – Más que castigos, yo diría que lo que se le debe es de cerrar el grifo. Si una persona no se comporta con respeto y cuidado, lo mejor es cerrarle el grifo. Y considero que la mejor manera es no consentirle. Estamos muy normalizados por ser el primer mundo, pero la TV es algo que realmente ensucia y distancia por norma general. Las nuevas tecnologías hace que las generaciones crezcan en un ambiente de poder y por lo tanto de hipocresía.
    – No se trata de tomar atención cuando hace algo bien. Sino de dedicarle tiempo a estar con él. Sois sus padres, debéis de darle amor, y no dedicarle tiempo como un tamagotchi (como bien se ha mencionado antes ese apunte). Todo niño debería ser fruto del amor, nunca de un capricho para no sentirse solo o esperar algo. Lo mejor es hacer alguna actividad todos en familia y juntos, nunca descartar a nadie, sois una unidad. La actividad siempre es sencilla: intentar hacer la cena todos en el mismo lugar (mientras uno vigila a los niños y el otro cocina y le enseñáis la diferente variedad de alimentos), hacer un puzzle fácil,… e infinidad de cosas.

  26. Sé que mi comentario ha sido largo, así que quería acabar diciendo que me he intentado esforzar mucho y quisiera decir que, para el que realmente esté interesado en estar a gusto en familia, por favor que se preocupe en leer esto aunque sea largo, porque de verdad que he puesto empeño
    Yo también aconsejo un autor, el cual su nombre es precisamente el mio (el puesto en este comentario: Jiddu Krishnamurti.
    Casi cualquier libro de este autor lo recomendaría para casi todas las situaciones (excepto la bibliografia, porque no viene a cuento).
    Y por último, siento decir que el articulo presentado aquí solo me puede servir para no seguir de ejemplo, con todos mis respetos. Y para poder ayudar a ver el problema. jejeje!

    Bién, que os vaya bien.

  27. Hola Alex… Como papá de 2 peques (de 4 y 6 años) me identifico plenamente con tus experiencias y tus teorías… Es muy dificil dar las mismas atenciones al pequeño y al grande y es muy dificil el estar a la altura cuando no te dejan dormir una noche, cuando te manchan el traje, cuando llegas tarde y ellos lo agraban o cuando te conviertes en el foco de atención en algún lugar público a causa de alguna montada por ellos…

    Muy bueno tu blog, mejores tus consejos… pero amigo mío… la teoría es algo y llevarlo a la práctica no siempre es sencillo…

    UN abrazo

  28. Hola, he encontrado esto a través de meneame y no he podido menos que sonreír con lo que has escrito. Yo tengo un niño y una niña de 14 y 16 respectivamente pero recuerdo perfectamente cómo eran cuando tenían la edad de Eric.

    Estoy muy de acuerdo en lo que dices en tu post y no sólo eso, sino que yo lo apliqué 1000 veces con mis hijos. Yo sólo te añadiría una cosa: NEGOCIAR. Funciona y funciona bien con los niños. Mi hijo era muy testarudo de pequeño y la única manera de que dejara de hacer algo era cambiársela por otra cosa: por algo menos peligroso o por algo más conveniente en ese momento.

    Mucho ánimo y una cosa: FUNCIONA. Todo lo que has escrito, funciona. Te lo dice un padre que anda por la vida orgulloso de sus hijos. Orgulloso de tener dos hijos buenos chicos, espabilados y educados. Jamás les he puesto la mano encima. Jamás han visto violencia en casa. Y mis hijos son dos niños moviditos, espabilados, con muchos amigos y, sobre todo, dos chavales felices.

  29. Establecer limites a la actuacion de los chavales es importantisimo desde que son pequeños ya que estan permanentemente explorando y retando. En este punto a pesar de las personas estupido-politico-correctas tengo que decir que un cachete en la mano, o en el culo a edades tempranas nos evitara muchos disgustos posteriores.
    Frente a los chantajitos tipo lloros- pataletas, una solucion es -siempre sin alterarse- llevarle a su cuarto y decirle que no pasa nada, que si quiere llorar, llore todo lo que quiera , pero en su cuarto y dejarle ahi…
    animo, yo tengo tres hijos estupendos

  30. Los de la generación de los 80 si nos daban un tortazo nos quedabamos con él y vaya si ha servido. Me alegro que de vez en cuando un tortazo me hiciera ponerme en mi sitio………..

  31. Muchas gracias por tu post R., gracias a tus líneas he podido apreciar el tema desde otra perspectiva, yo tuve la suerte de tener unos padres que me querían mucho, pero los perdí a los 8 años, así que no sé si hubiese preferido tener unos padres como los tuyos -que no tenerlos, no sé si me comprendes. Ahora con 38 años tenemos un niño de 3 y medio y a pesar que ya me ha montado algún pollo, nunca, pero nunca se me ha pasado por la cabeza siquiera gritarle -hacemos como Maiko: no hicimos caso cuando se ponía a chillar, y cuando se calmaba nos sentábamos con el pequeñajo y «hablabamos como las personas». La escena se repitió 3 veces, no hubo cuarta vez. Luego la cosa se complicó por que no chillaba sino «atraía» nuestra atención llenando de dibujos las paredes del salón, o hacíendo una «tarta» poniéndote perdida toda la cocina (aunque medio curado lo tengo con el «como no has guardado tus juguetes, no hay tarta» y con el «como se ha portado bien, aquí he traido una cosita mu rica», así que de momento tenemos domada a la fierilla -hasta que se le ocurra una nueva triquiñuela-). Un gran abrazo.

  32. Como hija puedo afirmar que se empieza por un cachete porque has hecho una trastada (normal para un crío de tres años) y es fácil acostumbrarse a eso. En mi caso, esa costumbre se convirtió en maltrato y cuidado, con esto no quiero decir que por darle un cachete a tus hijos seas un maltratador. Lo que digo es que ese NO es el camino, no debe convertirse en el recurso habitual. Porque el hijo tiene dos recursos: el miedo o la indiferencia. En mi caso prefería que mi padre me pegara a que mi madre se enfadara conmigo y me regañara haciéndome razonar, porque, por supuesto, lo efectivo era lo que hacía mi madre.

    Como monitora infantil (salvando el hecho de que los niños te ven como a una autoridad mucho más potente que a sus propios padres en la mayoría de los casos), la experiencia me dice que los niños ENTIENDEN. Por pequeños que sean, aunque no tengan la capacidad de expresarse como lo hace un adulto, entienden perfectamente cuando razonas con ellos, pero sólo si están serenos. Así que cuando a algún niño le da el berrinche, lo primero es tranquilizarlo, porque nada de lo que le digas o hagas en esas circunstancias será realmente efectivo. Yo practico la respiración conjunta cuando se ponen histéricos y, después de unos segundos, ya se serenan y podemos hablar. A los que se ponen ñoños, sencillamente les explico que con esa actitud no se puede hablar conmigo y también funciona. Así que coincido con el autor del post: PACIENCIA. Tal y como estés tú (tu energía) así responde el niño. Cuanto más calmado estés, más probabilidades de éxito. 🙂

  33. Bueno, lo que detecto al leer el post es que si con 3 años la educación de tu hijo os obsesiona de esa forma, no me quiero imaginar con 14…

    Un niño es un niño, es una ‘personita’, que tiene su particular forma de ver las cosas… a veces (sólo a veces) hay que darle la razón, como a los tontos, aunque no la tenga, para evitar resentimientos y un enfrentamiento mayor más adelante, aunque sólo sea para quitársela más tarde.

    Muchas de las cosas que pones son de auténtico sentido común, sentido común que por desgracia muchos padres y educadores no tienen.

    Lo que no puede ser es que la «educación» de un niño se convierta en un enfrentamiento o un pulso permanente entre los padres y el hijo.

    Por lo que menos obsesión, menos normas y libros sobre cómo actuar, que sólo es un niño de tres años!!! Edad que creo, hemos tenido todos (aunque en algunos no lo parezca)

  34. Enhorabuena por el artículo, me ha encantado, hace un par de años que vengo trabajando con niños , como monitor de actividades extraescolares en un colegio de infantil y primaria, y la verdad es que no he tenido problemas serios hasta que este años me tropecé con un par de niños reveldes que me llegaban a frustrar bastante.

    Realmente eran buenos niños pero se me hacía muy difícil trabajar con ellos según que días y ello afectaba negativamente al grupo, en verdad me he sentido muy identificado con muchos de los errores cometnados en el articulo.

    Salvando las distancias, ya que yo sólo soy un monitor, una de las medidas que puse en práctica con estos niños fue la de canjear el «tiempo de juego», siempre que algún niño se excedía cinco minutos o más yo lo aceptaba diciendoles «está bien puedes jugar cinco minutos más, aunque la próxima vez jugarás cinco minutos menos».

    De nuevo felicidades por el artículo, espero que si algún día soy padre estós pequeños consejos me sean de utilidad.

  35. Como madre de un niño de 4,5 años y una niña de casi 3, me parece muy interesante todo lo expuesto y comentado anteriormente y os felicito, pero hay algunos «post» que se me escapan con esto de los nacionalismos. Espero ni molestar ni ofender a nadie, sólo pido un poco de empatía con el resto de españoles; y si hay algún alma caritativa, ¡por favor que los traduzca!.
    Desde mi punto de vista y la experiencia que me avala con mis dos peques, quien más atención necesita cuando llega un nuevo hermanito a casa, es el mayor, ya que es quien más atención demanda.

  36. Flipo con los papuchismo zen. Tengo dos hijos varones, de 4 y 7 años. Ambos son fuertes, tozudos y cariñosos. Se cuidan entre ellos siempre y en todo momento. Son generosos y despiertos, amigos de sus amigos y respetuosos con sus compañeras. No empiezan peleas contra otros, pero jamás dejan sin respuesta una afrenta. Siento que he de educar hombres autosuficientes, no mixiricas.

    Y se han llevado un par de cachetes en alguna que otra ocasión, tanto en publico como en privado; no muchos, también es cierto (tengo un tono especial de voz para los mensajes ejecutorios sin negociaciones). El dolor es un mensaje rápido que llega de forma instantánea allí donde la palabra no llega. No siempre tengo el tiempo ni el deseo de interminables negociaciones (con un niño no se negocia, él obedece lo que tú le ordenas, eres su padre y estás obligado a saber lo que es bueno o malo para él, no eres el eterno santaclaus). Siempre les pido razones y les sermoneo con sus deberes, dejando clara la diferencia entre lo que puedes y lo que debes hacer.

    Quiero que conozcan el dolor, el llanto y el sufrimiento, y que lo hagan desde pequeños porque serán dolores, llantos y sufrimientos en pequeña escala, pero que les harán conocedores de lo que significa. Quizá eso provoque que a los 18 no corran en un coche prestado porque ya saben lo que duele. O quizá a los 30 no despidan alegremente a 2500 trabajadores cuando esté en su mano porque sepan lo que significa que te lloren los adentros. Que conozcan todas las emociones humanas los hará más completos. Y más hombres.

    Jugamos mucho juntos, estamos muchas horas haciendo deporte, paseando, visitando expos, yendo en moto o en bici. No es que sean lo más importante, son lo UNICO importante en mi vida, pero eso no quita para que cada uno sepamos la posición que tenemos.

    Entiendo que es MI visión como padre, pero quiero ponerla negro sobre blanco en un hilo en el que veo apenas una visión de la autoritas paterna y no es precisamente la que me gusta.

    PD: Sí, he llegado desde meneame. Supongo que el hecho de que a un blog cualquiera entre gente que no necesariamente comparte la línea editorial del editor enriquece puntos de vista.

  37. No m’he llegit tot el post ni els comentaris, però tu que estàs per allà, no coneixes Super Nany? 😉
    Castigar-lo a un racó o fer-li una taula amb les coses que pot i no pot fer i els premis que pot tenir ens han ajudat a nosaltres. I tranquil, que tot just comença, hauràs d’anar inventat coses cada cop …
    I una última cosa, els nens odien la roba. El meu de ben petit ploraba només d’entrar en una botiga, i la cosa no ha canviat massa. Jo crec que està en els gens … XD

  38. hola veo qué tenéis un problema de aprendizaje vosotros y no vuestro niño sois los adultos y cómo tales tenéis qué saber negociar, ceder y mandar según la situación. las personas.no somos robots y por eso tenemos cambios en nuestro humor y comportamiento, cosa qué no disculpa ningún tipo de violencia con el niño, pero lo qué tiene qué aprender son los límites, las realidades y las consecuencias para qué sea un adulto más capaz en sus relaciones y este trabajo hay qué hacerlo desde su más ttierna infancia. algo qué os puede dar una pista es qué un niño a los tres años y medio ya tiene qué hablar perfectamente, sobre todo las palabras de uso frecuente.
    un saludo

  39. Mi padre fue un tío autoritario, que dejaba bien claro lo que yo podía/debía y no podía/debía hacer. No era no, y tenía que hacerle caso. De vez en cuando me cayó un buen azote en el culo, a veces con la parte suavita de la zapatilla.

    Pero mi pare también era cariñoso, atento, he podido hablar siempre con él y le he adorado y adoraré toda mi vida.

    Si eres una persona normal, un azote o una colleja nunca van a ser el recurso habitual, ni se van a convertir en adictivos, ni van a aumentar en fuerza y cantidad. Siento mucho que se den casos como el de R (seguro que hay muchos más de los que pensamos), pero a mí ese comportamiento no me parece de unos padres con la cabeza y el alma bien puestas. Yo sé que a mi padre le dolían más los azotes que a mí, pero ahora mismo echo la vista atrás y me parecen muy bien justificados: situaciones en las que ponía mi vida en peligro o montando pollos tan monumentales como estúpìdos.

    Un padre no es un amiguito ni es el hermano o el hijo de sus hijos. Es un padre, una figura que debe inspirar autoridad (que no autoritarismo o dictadura) y amor (que no colegueo). Eso es lo que hace tan difícil ser padre, y algo casi imposible ser un padre perfecto, como es casi imposible ser perfecto en nada de lo que hagamos. Para que lo consigáis os deseo todo el ánimo del mundo a ti y a tu mujer, Alex, y yo creo que vais por muy buen camino. Pero vamos, que aquí estoy leyendo cosas que, bajo mi punto de vista, son un poco exageradillas y radicales para algo tan importante y complejo como la paternidad. Un saludo.

  40. Pues yo no trato a mi hijo como no me gustaría que me trataran a mí: si mi hijo tiene una pataleta le apoyo, escucho y consuelo de la misma manera que si yo tengo una «pataleta» viene mi marido a consolarme (y mi hijo también lo hace). ¿Qué pensaría yo de mi marido si no me apoyase en mis malos momentos?
    Lo del «no es no» tampoco lo comparto y los castigos no valen para nada. En mi casa se cambia de opinión y no pasa nada, eso se lo dejo a la psicología conductista con la que no comulgo en absoluto. En mi casa hay consecuencias, nada de castigos.

  41. Seoman a lo que tú llamas un simple azote, te puedo replicar que es un delito y está penado, para llamar exagerado a los demás te expresas con un pelín de libertinaje. A ver si dejamos de tratar a los niños como si fueran inferiores y por contra nosotros superiores. ¿Tú a tu mujer le justificas un zapatillazo bien merecido?. Tus palabras justifican el maltrato.
    Los niños delincuentes no se crean por dar cariño a los niños y no usar las zapatillas. Bowly trabajó y estudió a niños delincuentes y provenían de familias en las que habían recibido maltrato, zapatillazos, azotes, gritos, insultos…eso sí hace a los niños delincuentes e infelices.

  42. Soy maestra de infantil y trabajo cada día con 18 pequeños de entre dosny tres años y todo lo que dices me parece bien. La violencia no conduce a nada y ese argumento de que nuestros padres nos dieron mas de una bofetada y aquí nadie esta traumatizado me resulta un poco simple y nefasto. Sin esas bofetadas tambien hubiéramos sabido que lo que hicimos estaba mal. Es verdad que los niños son listos y hay que estar ahí para enseñarles y guiarles sobre todo, pero ese es nuestro trabajo como maestros y como padres. Ellos insisten una y otra vez y están continuamente retándonos pero debemos marcar el camino a seguir a base de paciencia y técnicas como las que se nombran aquí como pueden ser calmarlos, esperar que se les pase la rabieta para razonar con ellos, ignorar comportamientos inadecuados y sobre todo, reforzar lo positivo que es lo que mas se nos olvida por estar hartos de enfadarnos con ellos. Debemos partir de la base de que ellos no son malos, son niños y como digo, hay que guiarlos con cariño y paciencia.

  43. Seoman tiene toda la pinta de haber sido criado a base de zapatillazos y tortazos… pero «todos a tiempo y con el mayor amor del mundo» ¿¿eh??… sólo así se explica que adopte esa postura de dictador para con sus hijos. Pero luego se llena la boca de «amor de padre» y demás zarandajas que solo los verdaderos padres, que crian con inteligencia y paciencia, tienen derecho a reivindicar para sí.

    Me recuerda a la psicópata de mi madre…

  44. Hola, como padre de 2 mellizos que van a cumplir 3 años, creo que puedo decir algo sobre este tema, yo fu criado a base de zapatillazos, tortazos y gritos, y no culpo de ello a mis padres, sabe dios como se criaron ellos, de hecho gracias a ellos, creo que puedo decir que soy un hombre hecho y derecho, familia, trabajo estable, etc ….
    Gracias a que somos animales racionales, vamos aprendiendo de nuestros errores, y mejorando en la educación que les damos a nuestros hijos, estoy de acuerdo al 100% con lo que escribes en tu entrada, y creo que es mejor una pequeña dictadura en casa, para evitar lo que se ve en programas como SuperNani o Hermano mayor, de todas formas no vale de nada si no estamos con ellos el máximo tiempo posible, puesto que lo que más necesitan es nuestra compañía y amor, y por último no olvidarnos que son niños, y como tal tienen que hacer todas esas cosas que hace los niños, siempre enseñándoles que esta bien y que esta mal.

  45. He leido algunos comments y alucino. Miguel, me da pena tus hijos, lo siento por ellos, no te va a gustar lo que te voy a decir pero pegar a un menor es un delito y tu no sólo lo ejerces, encima te jactas de ello.

    «Quiero que conozcan el dolor, el llanto y el sufrimiento, y que lo hagan desde pequeños porque serán dolores, llantos y sufrimientos en pequeña escala, pero que les harán conocedores de lo que significa.»

    He alucinado con esto y te voy a decir una cosa, esto es maltrato, te guste o no.

    No señores, NUNCA, NUNCA se debe pegar a un menor, un ser indefenso.

  46. Trabajo con niños especialmente conflictivos, así que creo que puedo aportar algo al respecto. Todo lo que has recopilado en el artículo es estupendo pero lo difícil está en cumplirlo y hay que echar mano de truquitos. Añado aquí alguna cosa, por si te sirve.

    Por ejemplo, para que no se llegue al enfado y a tener que salir de la habitación para contar hasta diez, es mejor hacerse el enfadado cinco minutos antes de estarlo de verdad. El niño se lo va a creer igual, pero el adulto va a controlar sus actos y los va a medir con objetividad. Un poquito de teatro, vaya. Sin gritar, no es necesario en absoluto. El grito es igual que la bofetada, tiene una escala ascendente y no creo que nadie quiera acabar en la adolescencia de sus hijos comunicándose a grito pelado. Con ponerse serio ya es suficiente.

    Otras veces puede pasar que el niño te desafíe. De tanto en tanto tienen la costumbre de volver a probar a medir sus fuerzas con los padres, pues se dan cuenta de que han crecido y su obligación es probar a ver hasta donde llega su nuevo poder. Entonces el castigo de dos minutos al rincón, ya conocido por ellos, les resulta indiferente y te desafían, así que has de aumentar el castigo a medida que ellos te vayan plantando cara. Y no, en plena lucha de poder no da tiempo de pensar bien qué castigo se va a poner y se te puede ir la mano, o incluso puedes verte obligado, ante un alarde de cabezonería infantil, ir añadiendo un castigo tras otro, de tal modo que el niño acaba con toda una semana sin televisión (o lo que sea). Cuando el castigo es demasiado grande o largo, deja de ser efectivo, por aquello de «de perdidos, al río». Y además es injusto. Pero como bien dices, no te puedes echar atrás. Entonce el truco es el siguiente: una vez cumplida la parte justa de castigo, se puede tomar el papel de poli bueno, se tiene una conversación con el pequeño, razonando y, como supuestamente se ha mostrado razonable, se negocia un cambio de un castigo por otro diferente. Por ejemplo, «te quito tres días sin televisión si ordenas el cajón de los juguetes durante esos días». Incluso, una vez instaurado el sentido de justicia en en los pequeños, se les puede pedir que ellos ofrezcan un «contracastigo» a cambio. Lo de ordenar armarios o ayudar más en casa suele ser un buen trato.

    En cuanto al resto de negociaciones, yo tengo una norma: jamás negocio sobre nada que no quiera negociar de hoy en adelante para el resto de mis días. Los niños te piden la excepción «sólo hoy», pero si lo han logrado una vez, lo van a probar ya para siempre. Así que deben mantenerse algunas cosas innegociables, como por ejemplo la hora de los deberes.

    Algo fundamental que no has mencionado en el artículo y que es la base de una buena relación de respeto con los hijos: jamás hay que mentir a los niños. Ni se miente, ni se dejan de cumplir las promesas. La palabra de sus padres tiene que ser cien por cien confiable, de lo contrario todo lo demás que hagas, es inútil. Y no, no vale mentir y cuando te pillan decir que era una broma: una broma es aquello con lo que al final se ríe todo el mundo, y un engaño es un engaño. Los niños tienen que aprender desde pequeños a distinguir entre ambas cosas. Además, si les mientes, tienes que atenerte a que te van a mentir también a ti (lo he visto tantas veces!). La confianza es la base de cualquier relación, sea con una persona de un 1,80m o con una persona de 0,8m, pero a veces nos olvidamos de esto cuando se trata de los niños. Así, pues, ni una mentira, ni un engaño, esa es la primera regla para que los niños te hagan caso.

    Otra: jamás pierdas una de estas batallas psicológcas. Perdida una, te va a costar recuperar tu autoridad. No te rindas, por cansado que estés ese día, o te encontrarás con esto a diario. En cambio, si te mantienes firme en varias seguidas, obtendrás un tiempo te paz hasta la próxima lucha de poder.

    Me alegra mucho ver padres realmente preocupados por hacerlo bien 🙂

  47. la verdad que esto que le pasa al Caballero nos pasa a todos los padres, y como -an- creo que no hay que perder esas batallas psicologicas, que creo que justamente lo hacemos, cuando nos retiramos, cuando nos sentamos a llorar, o cuando les damos un chirlo en sus nalgas. Es verdad como dicen mas arriba tal vez sea «un orror», es maloooo esto, pero yo quisiera ver esos padres que calificaron al que escribio de DELITO, si tienen hijos en sus casas, y cual es el nievel de estres de cada uno. Creo que un padre como este (que por cierto un padre preocupado no creo que mate a palo a sus hijos, lo mas probable sea una samarriada), es mas me gustaria ver antes que soberbia, opiniones de como calmar la ira, porque sentimos ira? que nos esta pasando??? porque por supuesto no son los niños!!!!!!!!!!!!!, hay un problema con nosotros, nosotros los pedres somos el problema. por ahi es donde ha de venir el cambio yla ayuda. saludos

  48. Muy interesante!!! gracias. En mi caso, mi esposo viaja mucho y casi no está en casa. En esos días en que él no está el niño se comporta, la mayoría de veces, mal. Reconozco que es por la falta de su papi, pero a veces no lo puedo controlar. Es difícil. Voy a poner en práctica algunos de estos consejos a ver.

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