Autoespionaje industrial

El analista de la empresa nos acaba de pasar un artículo muy interesante sobre cómo opera la transferencia de conocimiento dentro de la empresa y cómo muchas veces este conocimiento se acaba borrando. ¿Por qué se ha hecho esto así? ¿Cómo funciona realmente? Vale, esto lo vendemos, le funciona al cliente y a nosotros nos reporta beneficios, pero si queremos ampliar sus funcionalidades, cambiarlo, mejorarlo, ¿sabemos cómo? ¿O tendremos que acabar recontratando a la gente que hace varias décadas lo diseñó y ejecutó?

No se pierdan la historia. Aquí un par de extractos.

I worked for several decades at a large petrochemical company. In the early 1980s, we designed and built a plant that refines some hydrocarbon type stuff into other hydrocarbon type stuff. Over the next thirty years, institutional memory of this plant faded to a dim recollection. Oh, it still operates, and still makes money for the firm. Day to day maintenance is performed, and the skilled local crew is familiar with the controls, valves, safety systems, and other such.

But the company has forgotten how it really works.

[…]

We hear a lot about the spy-movie kind of corporate espionage. I’d love to read a study of reverse corporate espionage, where companies forget their own secrets and employees have to unofficially get them back. I’m convinced it happens more than you’d think.

¿Qué me pasó?

“¿Qué te pasa, Alex? ¿¡Qué te pasa!?”. Oigo entre brumas la voz de mi mujer.

Abro un ojo y veo las cajas que hay debajo de mi cama. Mi cara contra el suelo. ¿Me habré caído de la cama? Es mi primer pensamiento descartado al sentir que mi pierna izquierda está apoyada en una postura extrañísima contra la mesita de noche. Estela sigue exaltada. “Nada, estoy bien, no me pasa nada…”.

Tengo en mis brazos una jarra de plástico empiezo a recordar. No estaba durmiendo. Estaba sentado en mi cama agarrado a la jarra a ver si podía vomitar después de una noche de dolor de tripa. No hay otra explicación: me he desmayado. Siento algo de dolor en la parte trasera de mi cabeza. No parece haber chichón pero sí ha habido golpe.

Me reincorporo como puedo. “Creo que me he desmayado”, le digo a Estela. Y vuelvo a la cama a dormir.

Esta mañana al lavarme la cara veo en el espejo un golpe en la ceja derecha. Me duele.

Es la primera vez que me pasa algo así. He estado a punto de desmayarme otras veces, pero recuerdo perfectamente la sensación de desmayo. Esta vez no. Sólo puedo deducir que me he desmayado pero no tengo ningún recuerdo ni del desvanecimiento de consciencia, ni de los dos golpes en la cabeza (debió ser uno contra el radiador y otro contra el suelo), ni de los varios segundos que Estela dice que estuve respirando fuerte y resoplando mientras estaba ya en el suelo. Ni siquiera es un “estaba sentado en la cama y de pronto estoy en el suelo”, no, es que lo siento como si entre ambos acontecimientos hubieran pasado horas. Un hueco dejado en blanco en uno de los accidentes más extraños que he vivido.

Sobre mi estómago. Creo que voy mejorando, gracias.