Rebranding

El colegio de secundaria de mi barrio es el peor colegio con diferencia de entre todos los colegios de esta ciudad pija por excelencia del Reino Unido.

Yo veo dos motivos para esto: primero, es el colegio que está en el barrio chungo de la ciudad. Claro que el barrio chungo de Cambridge es muchas veces mejor que el barrio medio de Manchester o Birmingham, pero en algún barrio han de poner las viviendas sociales y en algún sitio se han de vender las drogas, así que mejor que repartírnoslo, lo ponemos todo junto en un solo barrio para que estas cosas feas no las vean los turistas ni las notemos esas clases trabajadoras que nos creemos de clase media. La eternalización del gueto, vaya. Nada que no se sepa.

El segundo motivo es parecido, pero a nivel colegios. Ningún colegio quiere a los hijos de la gente chunga, que dan mala imagen, y en vez de repartírselos, difuminarlos y que acaben confundiéndose con los niños de padres que quieren que sus hijos sean “algo en la vida”, para ver si se les pega algo, pues no, acaban todos juntos en el colegio del barrio, que se ve desbordado de adolescentes cuya imagen de los adultos es de alguien que se gasta el dinero de las ayudas del gobierno en pintas en el pub.

En éstas andamos que el gobierno británico decide privatizar los colegios, dando la gestión de los cuales a unas entidades privadas que los convertirán en “academias”. El objetivo de esto es que las academias competirán entre ellas para atraer alumnos, y así, en global, mejorar la educación. Puro liberalismo, ya veis.

Pues el colegio de mi barrio es academia desde el pasado septiembre, y después de un curso en el que los nuevos gestores se han espantado con el percal que se han encontrado, están empezando a tomar decisiones…

New name for ‘new era’ at Cambridge secondary school

Nuevo nombre, nueva marca, nuevo logo. Mejoremos primero la imagen que ya veremos cómo arreglamos el problema de verdad… si es que lo hacemos. Puro liberalismo, ¿lo habíamos dicho ya?

Yo les doy siete años, si es que sigo aquí, hasta que Eric tenga que empezar secundaria y nos planteemos a qué colegio academia quiere ir. Mi apuesta es que no habrá mejorado mucho.

Son sobornos

No son sobresueldos, son sobornos.

No es un dinero sobrante, que por no declararlo se reparte en metálico en sobres y todos contentos. Es dinero que no se puede declarar ni poner en una contabilidad oficial porque viene de donaciones ilegales que algunos empresarios han hecho a cambio de favores, adjudicaciones a dedo, aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros, morteradas de ayudas a la banca que tapan agujeros negros de improvisación y chapucerío financiero.

No son los sobresueldos. No es que el presidente acabe cobrando dos o tres veces más que su sueldo oficial, o varios sueldos oficiales a la vez y otros más en cajas de puros, con billetes dentro en vez de puros, que le trae periódicamente a su despacho el tesorero del partido. Es que nos saldría a cuenta quintuplicar el sueldo del presidente, todos los secretarios y ministros. Nos saldría a cuenta ser nosotros los sobornadores si en vez de adjudicar a dedo y legislar para ellos, adjudicaran por concursos justos, en proyectos que sean inversiones reales en ciencia, educación, sanidad e infraestructuras para los ciudadanos y que legislaran pensando en el bien común.

Pero es que, además, son liberales, y claro, eso del bien común les hace venir náuseas. El pueblo somos un recurso más que explotar, gente que se queja, grita y a veces molesta, pero lo importante es que trabajen mucho, eficientemente y por poco dinero. Luego ya me olvidaré de la competitividad y la productividad cuando le dé la concesión de las autopistas a esa empresa cuyo presidente es amigo mío desde el colegio y que ya me contratará con un sueldazo por ir a un par de reuniones al mes cuando deje de ser ministro.

Y todo esto lo estamos sabiendo, no porque algunos periodistas estén haciendo bien su trabajo (aunque espero que algo de eso haya), sino por envidias, rencillas y luchas de poder dentro del partido. Algo así se ha mantenido y afianzado durante décadas, no hasta que alguien se siente incómodo moralmente y canta, sino hasta que alguien que pregunta “¿qué hay de lo mío?” recibe por respuesta un “no, para ti no queda”. Y al final, claro, los que están en la cárcel son los intermediarios que partían y repartían, tesoreros, contables con libretas B escritas a mano y caraduras necesarios de traje y corbata, y algunos con bigote, y que les invitan a bodas de hijas de presidentes, con muchos amigos en ambos bandos. ¿Y los sobornados? Ahí están, impunes, esquivando cañonazos desde detrás de televisores de plasma o inventando neologismos en ruedas de prensa surrealistas. ¿Y los sobornadores? Ni se les ve ni se les espera. Algunos estarán en latinoamérica buscando nuevas minas de ladrillo que explotar y nuevos gobiernos que corromper, que allí ahora son mercado emergente y España ya no tiene un puto duro y está más seca que un pistacho.

Acabe todo como acabe, ya sea que llegue Rajoy a las próximas elecciones o no (aunque al paso que va parece que no lo mueve nadie ni aunque demuestren que ha matado a un gatito y salga el video en youtube), me pregunto qué hace el partido que ha gobernado 13 de los últimos 23 años tan callado. A parte de que están hundidos y sin discurso, ¿alguien sabe cómo se llaman el contable y el tesorero del PSOE? Deben estar escondidos dentro de alguna caja fuerte de Ferraz.

Un último apunte. Pongamos que PP y PSOE lo siguen haciendo todo igual de mal en los próximos dos años y medio y no consiguen engañar al 40% del electorado que todavía les apoya (bajando desde el 80%, recordemos). Pongamos que llega IU y consigue la mayoría simple (si esto ya es difícil, lo de absoluta es imposible) de los votos. Si esto pasa, a los sobornadores sólo les quedan dos opciones: o corrompen al nuevo gobierno sin complejos como saben hacer y llevan haciendo durante décadas, y seguimos fingiendo que estamos en democracia, o se quitan de verdad la careta y montan un golpe de estado, demostrando que nunca hemos sido una democracia.

No son sobresueldos. Es el sistema.