Una reunión a tres bandas

Voy a intentar resumir lo que nos ha pasado hoy porque es digno de que quede constancia. Hoy hemos estado presentes en una discusión entre una funcionaria de la oficina de la infancia y juventud y las psicólogas del centro pedagógico donde van los niños después del colegio que ha ido de un pelo de terminar con manotazo en la mesa y portazo por parte de la funcionaria. Mientras tanto estábamos Estela y yo observando cómo discutían sobre nuestros hijos boquiabiertos y sin saber cómo reaccionar. Yo sólo quería hacerme pequeño y desaparecer.

A ver si puedo explicarlo, porque además la conversación era en alemán y todavía no me entero ni de la mitad.

Un poco de antecedentes. Los niños van a un centro pedagógico por las tardes después del colegio. Para entrar allí hace falta un informe de un psiquiatra infantil recomendando aplicar una cosa llamada “párrafo 32” o “párrafo 35”, dependiendo del caso. Por los problemas que tuvimos con Eric hace tres años al llegar a Alemania, el niño consiguió un puesto en este centro. La ayuda y el apoyo que hemos tenido y la mejora en estos dos años ha sido inestimable. El coste de este centro no es nada barato, por cierto, nosotros no podríamos pagarlo, pero lo subvenciona, creo, el ayuntamiento de Múnich. Pues resulta que hace un año nos empezamos a plantear que Marc también podría necesitarlo, ya que tiene graves problemas de concentración. Tuvimos un informe favorable y en septiembre entró.

La reunión de hoy ha sido de evaluación de ambos niños con el objetivo de ver si han de seguir el año que viene, y la funcionaria ha venido guerrera.

Esta señora es la misma que el día que la conocí me dijo que no le hablara catalán a los niños, que tenían que centrarse en el alemán y que aún los liaba más. Hoy, entre otras perlas, ha sugerido que Estela consiente demasiado a Marc y por eso actúa como un bebé, que ha pasado su miedo a la muerte a Eric, y nos ha echado en cara que abusamos del erario público con dos niños en un centro que juntos cuestan más de 2000 euros al mes. Y que nos concede que Marc se quede un segundo año, pero que este será el último año de Eric, que ya no lo necesita más. Ante nuestra falta de alemán para defendernos, y porque también se han sentido atacadas, las psicólogas nos han defendido con uñas y dientes en una intensa discusión de más de media hora llena de “usted no entiende nada”, “no conoce a los niños” y “¡cómo se atreve!”. Al final la señora se ha ido casi sin despedirse con un “ya les traducen ustedes a los padres lo que ha pasado aquí”.

Yo, en realidad, sólo puedo estar profundamente agradecido tanto a las psicólogas del centro pedagógico como al sistema que ofrece ayuda profesional a los que nos sentimos desbordados con la educación de nuestros hijos. Sobre la funcionaria, supongo que es exactamente su trabajo ponernos a prueba así, pero hoy ha sido duro.