Dentro del laberinto (1986)


Ayer hice un experimento y les puse a mis hijos una peli orientada a niños algo mayores que ellos: Dentro del laberinto (1986).

De paso la volví a ver yo. Bueno, creo que la “volví” a ver, porque me acordaba muy poco. Es posible que hubiera visto sólo trozos sueltos de las veces que la han hecho por la tele.

El caso es que los niños se quedaron absorbidos por la peli, atrapados por la historia (preocupadísimos por el bebé secuestrado por Jareth (David Bowie)) y por los muñecos de Jim Henson y la fantasía del guión de Terry Jones (Monty Python).

Es una película plagada de guiños geeks: el laberinto en sí, los juegos de lógica de los dos soldados, uno que miente y el otro que siempre dice la verdad, el mantra continuo de “la realidad no es lo que parece”…, pero especialmente esa prueba final situada en una escena sacada de un cuadro de Escher es maravillosa. No es fácil de ver hoy en día una peli que trata a los niños como personas inteligentes.

Personalmente me rechina bastante el final, no porque acabe bien o mal, sino porque no redondea la premisa de la historia de una niña rebelde que se equivoca al “desear” que su hermano desaparezca de su vida por una noche. Tanto la posible interpretación (facilona, lo sé) de que todo sea una pesadilla, o la algo más elaborada de que todo es una metáfora de la adolescencia, como paso de la infancia a una vida adulta donde no tienes por qué renunciar a la fantasía, se pierden en un final edulcorado que podría haber dado mucho más juego.

Esta Sarah (hermosísima Jennifer Connelly) que visita el Laberinto del Rey Goblin, es a veces la Alicia del País de las Maravillas y a veces la Dorothy del mundo de Oz, pero perdida en el mundo más oscuro de Jim Henson donde los colores brillantes y los tiernos peluches de los Teleñecos no tienen cabida.

Total, una maravilla que vale la pena revisitar a pesar de que le falte un final más oscuro y ambiguo para redondear la historia. Ahora me toca rever El cristal oscuro (1982).

Me enamoré de…(1) Paulette Goddard

He decidido improvisar una nueva serie de entradas pasando por encima de todo lo que tengo pendiente de escribir. Me he enterado, y ya no me acuerdo ni cómo, que hoy hace veinte años que murió Paulette Goddard (1920 – 1990) y me ha venido a la memoria lo que me gustó esta actriz cuando vi Tiempos modernos (1936) de Chaplin. He pensado en lo injusto que es hacer una lista de bellezas, cuando uno tiene la memoria de pez que tiene y se olvida fácilmente del resto de bellezas del planeta, y de la historia.

Cuando vi Tiempos modernos, Paulette Goddard me pareció una belleza muy poco acorde con los estereotipos de los años 30 , pero, en cambio, muy actual. Posiblemente es por su papel de indigente, al no estar sujeta a los peinados y modas de la época, que su aspecto resulta atemporal. Curiosamente es precisamente en esta película donde la encuentro más bella.

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Paulette Goddard in Modern Times

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Luego, ya más tirando a los cuarenta, y en fotos de estudio, tampoco está mal.

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Las últimas tres fotos de la selección son algo más exóticas. La primera en plan carnaval:

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La segunda, impresionante, parece ser de Policía montada del Canadá (1940), de una época en la que trabajó con Cecil B. De Mille también en películas como Piratas del Mar Caribe (1942) o Los inconquistables (1947).

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Por último, una en la que va disfrazada de gata de halloween.

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PD: Debo acreditar aquí a Su, mi inspiración bloguera en estos temas, que lleva varias de estas series de entre las que destaco tres: cabecitas pelirrojas, a lo Marilyn y caperucitas.

Up


Veo que no estrenan la última película de Pixar en España hasta el 30 de julio y en el Reino Unido hasta octubre. Me considero por lo tanto afortunado de haberla podido ver en México hace unas tres semanas, una experiencia interesante teniendo en cuenta que no habíamos ido al cine desde antes de que naciera el bebé en diciembre y que lo llevábamos con nosotros. El niño se portó bastante bien, lo que significa que no protestó mucho y que se durmió toda la segunda mitad de la película: para ello tuve que estarlo paseando en brazos recorriendo la última fila de un lado a otro, pero las ventajas de ir al cine en un matinal de jueves es que la última fila y casi todas las de adelante están vacías.

Casi cada vez que escribo una reseña sobre una peli de Pixar siento como si fuera a decir lo mismo: la película es una excelente y emotiva peli de aventuras y sin duda recomendada. Debo destacar los soberbios primeros diez minutos de la película, con una introducción que resume la vida del protagonista (un abuelo de 78 años) que te funde el corazón y te exprime el estómago de tal modo que no puedes dejar de soltar lágrimas hasta bien entrada la propia acción de la película. Me es difícil recordar en la historia del cine unas escenas tan emotivas. Posiblemente el final de El club de los poetas muertos (1989) o el discurso final de Cyrano de Bergerac (1990) tengan la misma intensidad, pero la diferencia es que ahora estamos hablando del principio de la película y no del final. El resto de la película deja la emotividad parcialmente de lado (podría decir que afortunadamente, porque estar dos horas como los primeros diez minutos te haría salir del cine fulminado) y pasa a ser una maravillosa película de aventuras donde un niño, un viejo, un perro y un extraño pájaro de colores nos pasearán por hermosos paisajes sudamericanos.

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Y ahora me toca hablar un poquito sobre la tecnología de la peli, que por eso es mi mundo. Parece que en cada película de Pixar se plantean un ambicioso reto técnico que, por supuesto, superan con nota. En realidad, retos técnicos en una peli hay miles, pero siempre hay uno que ellos como compañía quieren destacar por ser un hito en la industria en ese momento. En este caso están los globos: los 10000 globos de colores que levantan la casa de nuestro protagonista no pueden ser animados a mano uno por uno, y se utilizaron algoritmos de física y de colisiones para que la animación de los globos resultara realista. Por otro lado, y ya más cercano a mi especialidad, que es la iluminación, no pude evitar fijarme en el tratamiento de las semitransparencias tanto en los globos como en sus sombras.

Total, que espero de verdad que esta película no sea el final de una serie de pelis de altísima calidad que se ha mantenido constante durante quince años ya (desde Toy Story en 1995) y que, aunque las tres películas que vienen sean secuelas (mucho me temo que por exigencias de Disney tendremos Toy Story 3, Cars 2, y Monstruos S. A. 2), se mantenga la garantía de entrtenimiento y emotividad que Pixar nos brinda cada año.

Uruloki el crítico

Triste, pobre, deleznable, patética, chorra, penosa, pérfida, pútrida, casposa, truño del tamaño de un 8000, salchichera, mala hasta decir basta, sonrojante, torpe, miserable, insuficiente, funesta, desesperante, fatal, mortecina, deplorable, mugrienta y de infausto recuerdo. Así es Dragonball Evolution. Espero que no hagan una segunda parte porque, o cambia muy mucho, o puede ser lo peor.

No se que más se puede decir. Creo que he ganado un par de dioptrías de solo verla.

Desde que sacaron el primer fotograma (que, por cierto, obligaron a retirar de todas las webs que lo publicaron, y un mes más tarde salió la primera imagen oficial), sabía que no iría a verla, pero vale la pena que hagan pelis así únicamente para luego leer la crítica demoledora de Uruloki.

Torremolinos 73


Después de ver Zack and Miri Make a Porno, me sonaba que tenía por ahí una peli con el mismo argumento, pero española. Esta Torremolinos 73 y la de Kevin Smith se parecen úinicamente en un par de detalles del argumento, como que una pareja deciden empezar a rodar una película porno porque no tienen dinero ni para pagar las facturas del piso. También ambas son comedias, pero el sabor es completamente distinto. De algún modo la que nos ocupa se toma mucho más en serio a sí misma, cuando las referencias en la de Kevin Smith son La guerra de las galaxias y las pelis porno de videoclub, en Torremolinos 73 se hace un homenaje a Ingmar Bergman de El séptimo sello y a las películas eróticas europeas de los 70.

La gran baza de esta película son su pareja protagonista. Javier Cámara y Candela Peña están estupendos y muy naturales, cada uno con sus obsesiones. Él descubriendo el cine serio mientras hace cine casero erótico y ella queriendo tener hijos.

Quizá un poco el argumento peca un poco de ingenuo y no es muy creíble en algunos detalles, que no desvelaré para no estropear la película, pero todo cobra más sentido cuando vemos que está basado en una anécdota y un personaje real. No sé hasta qué punto la película es fiel a los hechos reales, imagino que se trata simplemente de inspiración, pero me ha intrigado saber que hay una película pseudoerótica de los años 70 con infulas bergmanianas que se llama, precisamente, Toremolinos 73.

Zack and Miri Make a Porno


Supongo que Kevin Smith dijo todo lo que tenía que decir con su primera y genial película: Clerks (1994), aunque después de ir perdiendo fuelle poco a poco con los años, nos sorprendió con una segunda parte de Clerks (2006) que, si no igualaba la original, sí le hacía honores.

Zack and Miri Make a Porno está en la línea del director que, imagino que voluntariamente, está cambiando del subgénero de comedia independiente loca a la simple comedia romántica. Ojo, digo simple, pero eso no es algo negativo. La película es agradable, es simpática, y te deja con la sonrisa en la boca y el corazón enternecido. Además, Elizabeth Banks sale guapísima.

Espero que el título, que describe detalladamente el argumento pero no dice nada acerca del género, no lleve a confusión a nadie. Eso sí, es una buena excusa para meter en el guión varias situaciones hilarantes y que lo pasemos bien un rato. Es una película perfecta para una agradable tarde de sábado con la pareja.

Quantum of Solace


Poco diré. Después de la prometedora renovación del personaje que fue Casino Royale (2006), esta Quantum of Solace es una total decepción. No sólo Bond, el personaje, pierde todo su carisma, sino que lo poco que queda de la esencia Bond, como serie de películas, queda diluída en una excesiva y pésima interpretación de lo que debería ser una película de acción, donde, a modo Michael Bay, es imposible distinguir qué coche ha chocado con qué otro o qué bala a provocado tal explosión gracias a un montaje que, quién sabe a santo de qué norma, obliga al montador a hacer doscientos cortes por minuto. Una desgracia.