Los productos naturales ¡vaya timo! de J. M. Mulet

Portada de libro

En casa a nosotros nos gusta reciclar, no matamos a las arañas y nos llega cada dos semanas una caja “sorpresa” de verduras orgánicas, con diez variedades para consumir en los días que faltan hasta que llegue la siguiente caja. Nunca me he planteado que estas cosas sirvan para salvar el mundo. De hecho sigo pensando que la humanidad se va al garete igual hagamos lo que hagamos y la Tierra va a seguir tan campante con sus bichos, sus plantas, sus animales y toda su variedad biológica, pero sin nosotros, que le importamos más bien una mierda. Yo reciclo porque me gusta clasificar las cosas, no mato a las arañas porque pienso que es inmoral, y me ayuda a enseñar a mi hijo que matar y hacer daño está mal, voy en bici al trabajo porque es más sano y porque ir en coche sale caro y contamina y acabo tardando lo mismo, y compro la caja orgánica porque creo que la verdura tiene más calidad, aunque luego veremos que puede que en esto esté equivocado. Y sí, reconozco que hacer todo esto también sirve para lavar mi consciencia ecológica y sentirme bien porque no hago tanto daño al medio ambiente, aunque a la hora de la verdad cada vez que tomo un avión a ver a mis padres tire por la borda años de reciclaje y miles de quilómetros en bicicleta en forma de huella de carbono. Mea culpa.

En éstas ando que voy y me meto en el mundo del escepticismo. Y me divierto mucho porque es muy fácil atacar a la religión e ir por ahí diciendo que Dios no existe y ver la cara de sorpresa de la gente. Y desmontar los principios básicos de la homeopatía o explicar por qué las microondas del móvil no pueden hacerte ningún daño en el cerebro es muy fácil. Pero un día vas a una conferencia escéptica y uno de los ponentes más respetados en el mundo del escepticismo suelta “esto es un engaño, como los alimentos orgánicos” y sientes la hostia a veinte metros de distancia.

Y un par de años después te metes en amazings.es y un setiembre cualquiera conoces a un tal Mulet, que acaba de sacar un libro…

Portada de libro Y otros cuantos meses después llega Navidad y le pides el libro a tu abuela para Reyes y te lo regala. Pasan otros meses y acabas sacando un rato para leerlo. Y ya estamos aquí. Y ahora.

El título es la hostia de la que hablaba antes, una provocación y un toque de atención, sí, pero junto con el dibujo nos presenta un primer argumento irrebatible: lo natural no es necesariamente bueno o mejor que lo artificial, véase la amanita faloides que hay en medio de la ensalada de champiñones. Esta idea está en la introducción y el primer capítulo del libro: es cierto que la idea de un día de campo o un paseo por el bosque es placentera, pero el subconsciente colectivo reduce esto a la idea de que lo natural es bueno y el márqueting se aprovecha y nos vende naturaleza hasta en el champú. La lección es fácil: hay que estar alerta ante el engaño, ya que lo que se nos vende como natural muchas veces ni es tan natural y la mayoría de veces no es tan bueno como nos lo presentan. Ésta es la idea básica que se extiende en poco más de 130 páginas a través de siete capítulos dando múltiples ejemplos. El primero habla de la alimentación natural y la agricultura ecológica. Aquí hay argumentos contundentes como que no es muy ecológico tener que tirar la mitad de la cosecha porque se pudre o se pierde por plagas al no usarse plaguicidas artificiales. En otras palabras: hace falta el doble de campo para alimentar a la misma población, lo que no es muy sostenible.

El segundo capítulo habla de los transgénicos y se nota que está escrito desde el profudo conocimiento de alguien que investiga en el tema. Después de leer el capítulo uno no puede entender cómo una idea que puede revolucionar la alimentación mundial, haciéndola accesible y barata a todos los habitantes del planeta, está totalmente proscrita y perseguida por grupos influyentes como Greenpeace, que al final consiguen que se legisle y prohíba localmente productos transgénicos que acabamos importando igualmente, como el papel de algodón para los billetes o la insulina para los diabéticos.

El tercer, cuarto y quinto capítulo hablan de medicinas alternativas y otros remedios naturales. Para mí totalmente redundantes ya que no dicen nada que no haya leído en otros libros más completos, pero que son necesarios por completitud sobre el tema. Especialmente el quinto sobre “cómo ser un médico naturista”, con un estilo más irónico y menos informativo que el resto del libro, no me gustó tanto. El sexto capítulo es sobre los productos del hogar y las falsas ideas que tenemos sobre ser ecológico en casa, con una mezcla de muchos temas interesantes en apenas diez páginas. Y el séptimo, por último, habla de la producción de energía, otro tema con conlusiones sorprendentes como que ni la energía solar captada por placas fotovoltaicas ni la energía eólica son tan buenas y eficientes como nos pensamos (construir una placa o un molino de viento tiene un coste energético que cuesta muchos años de “amortizar” en un sentido renovable), ni la energía nuclear es tan mala como Godzilla y la guerra fría nos han incrustado en la memoria colectiva, al menos en “muertos por unidad de energía generada” es de las energías más seguras que podemos obtener, más incluso que la hidroleléctrica.

Y terminas el libro y te quedas con un sentimiento de desazón. Y te preguntas que para qué sirven algunas de las cosas que haces en tu vida diaria y tienes que replantearte otras y en algunas incluso seguir investigando. Quizás éste es el mayor problema del libro, que a nadie le gusta que le digan tan claramente que se equivoca y es fácil sentirse ofendido con según qué cosas. Sería fácil pensar “pues no me creo nada” y sigo con mis pomaditas curaconsciencias, pero el pensamiento crítico es exactamente ser capaz de cambiar de opinión ante la evidencia y en este caso hay monumentos de paja que caen por sí solos.

Lo que sí echo de menos es la pomada para la desazón de la que hablaba. Mulet no dice en ningún momento que haya que dejar de ser ecológico. Lo que dice es que no hay que ser ecologista anticientífico. Es más, en muchos momentos deja claro que está a favor del reciclaje y de usar la bicicleta siempre que se pueda en vez del coche, que es necesario cuidar a los animales y la diversidad biológica. ¿Por qué no añadir entonces un capítulo titulado “¿Cómo ser ecológico de verdad?” al final con consejos para ser un poco más verdes pero con base científica? Creo que el libro sería algo más amable con el lector comprometido y dejaría mejor sabor de boca.

Por otro lado, es un libro necesario y un tremendo golpeador de consciencias, al que le faltan unas cien páginas, especialmente en los dos primeros y los dos últimos capítulos para profundizar en algunos temas en los que se pasa muy por encima.

Muy recomendable.

Regalos de Sant Jordi

Como este año nos hemos portado mal y ni Estela ni yo hemos leído casi nada, decidimos que para el Sant Jordi de este año nada de libros con muchas letras. Estela decidió que su regalo sería un libro de canciones para Èric y yo opté por conseguir mi primera novela gráfica, y como dicen que la película Watchmen no se aprecia si no has leído el cómic primero y además estaba en oferta a mitad de precio, me decidí por éste.

Regals de Sant Jordi

The Selfish Gene de Richard Dawkins

The Selfish Gene - Portada El gen egoísta fue el primer libro de Richard Dawkins, quien lo escribió hace más de treinta años. De hecho, la versión que tengo es la que editaron por el 30 aniversario de la obra, aunque difiere muy poco de la segunda edición que fue editada en 1989 y que sí representó un cambio importante respecto a la primera. De las trescientas cincuenta páginas del libro, unas setenta u ochenta corresponden a las notas a pie de página añadidas en la segunda edición, además de los dos últimos capítulos, uno sobre la aplicación de la teoría de juegos a la supervivencia de los genes y el otro que resume otro libro del autor, El fenotipo extendido. En la edición 30 aniversario sólo se ha añadido un nuevo prólogo del autor con puntualizaciones de las que hablaremos más tarde.

¿De qué va?

Estamos ante un libro excelente, imprescindible tanto para los interesados en la biología (especialmente en lo referente al Darwinismo y la evolución de las especies) como para los que les guste la divulgación de la ciencia en general. Científicamente no me parece un libro muy importante; no revoluciona nada ni inventa una nueva teoría, sino que sin salirse de la teoría de la evolución de las especies de Darwin, aporta un nuevo punto de vista basando la evolución en el concepto de gen como superviviente del ciclo vital, y no en el individuo, la tribu o la especie. Esto permite explicar algunos fenómenos de la naturaleza que si los observamos a nivel de la supervivencia de la especie, no se entienden, como algunos casos de canibalismo, incluso de padres que se comen a sus crías o de hembras que se comen al macho después de la cópula, casos de peleas territoriales, o ¿por qué no? las mismas guerras entre nosotros, la especie humana. Hay quien para explicar estos casos ha adaptado la teoría a la supervivencia del individuo, lo que evidentemente no explica los casos de altruismo que se dan, normalmente entre miembros de una familia, un clan, o incluso entre individuos de distintas especies. Dawkins basa la evolución en el concepto de gen como ente que se replica pasando de generación en generación y que compite (siempre de forma probabilista) con otros genes que pueden ocupar su nicho en otros individuos. Así, un gen que se encuentre en un progenitor, se encontrará con mucha más probabilidad en un hijo que en un nieto o un sobrino, y en estos con mucha más probabilidad que en el hijo del vecino. La idea principal del libro es que cualquier individuo tenderá a ser egoísta (en el sentido de buscar su propia supervivencia antes que la de los demás individuos), pero que en los casos en los que el altruismo favorezca la supervivencia de sus genes, el egoísmo quedará de lado. De ahí el título del libro. El caso de los padres e hijos queda clarísimo, pero el libro da multitud de ejemplos donde el altruismo o el egoísmo observado en la naturaleza es aparentemente contradictorio con el sentido común.

Un resumen

Así el libro empieza con una fascinante introducción a la evolución, explicando cómo a partir de la aparición de unas pocas moléculas con capacidad para replicarse, unas cuantas mutaciones, la gran mayoría malas, y unas pocas buenas, y cientos de millones de años de reproducirse, sortear adversidades como lo limitado de los recursos, y evolucionar, se ha llegado a máquinas tan y tan complejas, que incluso algunas de ellas se han planteado el sentido de la existencia. Las primeras dos frases del libro lo dejan claro:

Intelligent life on a planet comes of age when it first works out the reason for its own existence. If superior creatures from space ever visit earth, the first question they will ask, in order to assess the level of our civilization, is: ‘Have they discovered evolution yet?’ Living organisms had existed on earth, without ever knowing why, for over three thousand million years before the truth finally dawned on one of them. His name was Charles Darwin.

A partir del quinto capítulo, y hasta el décimo, Dawkins desarrolla la tesis principal del libro, empezando por explicar la idea matemática de las estrategias evolucionariamente estables, que están por encima de la eficiencia en la supervivencia del gen. Esta idea se desarrolla mejor en el capítulo 11, relacionándolo con la teoría de juegos. Quien conozca el dilema del prisionero ya sabe por dónde van los tiros. Luego habla de las relaciones entre padres e hijos y cómo cada especie busca optimizar el número de hijos por parto para la supervivencia del máximo número posible de ellos. Después viene un capítulo interesantísimo sobre las diferencias entre los sexos. En esencia: tener y cuidar hijos es un derroche brutal de energía y tanto el macho como la hembra tenderán a evitar ese trabajo, pero la hembra tiene las de perder por el simple hecho de que no tiene la posibilidad de abandonar a los hijos primero, al tenerlos en su interior durante un tiempo. La excepción son los peces, donde la hembra pone los huevos y los abandona, mientras que el macho los fertiliza después y le toca el rol de cuidarlos. Así, en tierra firme la hembra cargará con el trabajo de cuidar a los hijos hasta que se valgan por sí mismos, y el macho, en cuanto pueda, buscará otra hembra para tener más hijos. La única opción que le queda a la hembra es la selección del macho. Si elige al más grande, al más fuerte, al más preparado (para tener hijos más grandes, más fuertes y más preparados, y así poder tener más nietos), tenemos el modelo harén, con uno para todas. Si la hembra elige al que más se esfuerza en cortejarla durante más tiempo, conseguirá un macho fiel que la ayudará con el cuidado de los hijos (esto es porque la infidelidad no compensa, ya que el infiel es castigado sin sexo, o sea, sin procrear). Que una especie sea de un modelo, o de otro, o de una mezcla de ambos, depende de cuánto cuidado requiera la prole. Unos hijos que requieran más esfuerzo, requerirán la ayuda del padre, por lo tanto tendremos el modelo pareja fiel, y si no, pues el caso contrario. Un par de curiosidades que se me quedaron. La primera, la idea del enamoramiento que “ata químicamente” a una pareja es algo que (según el autor) dura típicamente cinco años; el tiempo necesario para tener y cuidar un bebé en los años que más esfuerzo requiere. La segunda, hay especies en las que el macho es mucho más vistoso y espectacular que la hembra. Esto es algo que va aparentemente en contra de la selección natural, ya que el individuo vistoso es rápidamente comido por el depredador de turno. La explicación es que la hembra selecciona al macho que ha sobrevivido “a pesar de” que se anuncia. El libro está lleno de anécdotas como éstas.

El que era el último capítulo de la primera edición (como ya he dicho, en la segunda se añadieron dos más), está dedicado a describir un ejemplo no genético de evolución por replicación y mutación. Es lo que el autor bautizó como los memes, definiéndolos como unidad de replicación cultural. Lo curioso es que este capítulo que pretende ser sólo un ejemplo de trascendencia de la idea de gen, ha sido lo que más ha calado socialmente de las ideas del libro, como el mismo autor comenta: “la misma idea de meme se ha convertido en un meme, replicándose y transformándose entre la sociedad”. Especialmente en el mundo de internet y los blogs, los memes han acabado teniendo su propio caldo de cultivo.

¿Por qué ha tenido tanto éxito un libro sobre biología?

Es curioso cómo un libro que en principio está orientado al ámbito científico, y de un tema tan específico, haya podido tener un éxito tan grande que incluso un informático como yo haya estado interesado en comprarlo, y no sólo eso, sino que haya disfrutado tremendamente leyéndolo y esté ahora recomendándolo a cualquiera con un poco de interés en por qué la vida es como es. No le voy a quitar mérito al autor ni al libro en sí, que como he dicho es excelente, sobretodo a nivel divulgativo. Por un lado evita en lo posible las formulaciones complejas y el lenguaje científico desconocido por el gran público. Por otro, los ejemplos y las metáforas están muy bien buscados y dejan las ideas clarísimas. Con una excepción: las personificaciones. La personificación (como por ejemplo adjetivar a un ente sin sentimientos ni capacidad de decisión como “egoísta”) es un recurso excelente para dar a entender ideas difíciles, pero lleva al engaño. Yo mismo resalté un párrafo del libro fácilmente malinterpretable como racista leído fuera de contexto. El mismo autor, consciente del problema, se pasa el libro traduciendo de su lenguaje metafórico al lenguaje genético, pero aun así se le pide este esfuerzo añadido al lector, que no siempre está dispuesto a hacerlo, sobretodo si lee partes sueltas del libro. Es un libro que hay que leerlo entero para captarlo bien.

Y es que la naturaleza es cruel, es racista, favorece al más fuerte, al que engaña mejor, al que proteje a los suyos y desprecia a los demás, …, tomar ejemplos de la naturaleza para personificarlos y así explicarlos puede llevar al malentendido de pensar que estamos leyendo un libro sobre moral, y así justificar ideas racistas, mafiosas, actos de violencia, infidelidad, etc. A Dawkins esto le ha reportado más de un disgusto, como que algún agitador de extrema derecha ha utilizado su libro para justificar sus ideas, por eso el autor escribe el nuevo prólogo intentando dejar claro que el libro es de biología, no de filosofía ni de moral. La contradicción está en que si el libro se pudiera interpretar sólo a nivel descriptivo en biología, ni sería tan interesante ni tendría tanto éxito.

Conclusión

Es cierto que no estamos ante un libro de filosofía, pero su contenido sí que tiene fuertes implicaciones filosóficas. Hablar de cualquier aspecto de la evolución es acabar preguntándose ¿por qué somos como somos? ¿de dónde venimos? ¿por qué pensamos y sentimos? ¿por qué tenemos consciencia de nosotros mismos? … Personalmente siempre me ha encantado plantearme las preguntas sobre la existencia, y sé que no existen las respuestas definitivas a estas preguntas (o si existen, son inalcanzables para la mente humana, lo que viene a ser lo mismo), pero hay un par de puntos (ver los enlaces) en los que el libro me ha golpeado la mente, y es posible que ahora entienda un poco mejor qué soy.

Un libro que se estaba escribiendo cuando yo nací, y he tenido que tardar más de treinta años en descubrir. Por favor, la próxima vez avísenme antes.

Liderazgo

The major problem – one of the major problems, for there are several – one of the many major problems with governing people is that of whom you get to do it; or rather of who manages to get people to let them do it to them.

To summarize: it is a well known fact, that those people who most want to rule people are, ipso facto, those least suited to do it. To summarize the summary: anyone who is capable of getting themselves made President should on no account be allowed to do the job. To summarize the summary of the summary: people are a problem.

And so this is the situation we find: a succession of Galactic Presidents who so much enjoy the fun and palaver of being in power that they very rarely notice that they’re not.

And somewhere in the shadows behind them – who?

Who can possibly rule if no one who wants to do it can be allowed to?

Douglas Adams, The Restaurant at the End of the Universe

Autoconsciencia

La evolución de la capacidad de simular parece haber tenido su culminación en la consciencia subjetiva. Por qué tuvo que suceder esto es, para mí, el misterio más profundo con que se enfrenta la biología moderna. No hay razones para suponer que las computadoras electrónicas sean conscientes cuando simulan, aun cuando debemos admitir que en el futuro ello pueda suceder. Quizá la consciencia surja cuando la simulación cerebral del mundo llega a ser tan compleja que debe incluir un modelo de sí misma. Obviamente las extremidades y el cuerpo de una máquina de supervivencia deben constituir una parte importante de su mundo simulado; presumiblemente por el mismo tipo de razón, la simulación misma puede ser considerada como una parte del mundo destinada a ser simulada. Otro término que exprese esta idea podría ser «autoconsciencia», pero pienso que ésta no es una explicación plenamente satisfactoria de la evolución de la conciencia y ello se debe solamente en parte a que involucra una regresión infinita. Si existe un modelo del modelo, ¿por qué no un modelo del modelo del modelo…?

Richard Dawkins, El gen egoísta.

Aprendizaje

Uno de los medios que tienen los genes para resolver el problema relativo a las predicciones en ambientes impredecibles es construir una capacidad de aprendizaje. En este caso el programa puede tomar la forma de las siguientes instrucciones dadas a la máquina de supervivencia: «He aquí una lista de cosas definidas como recompensas: sabor dulce en la boca, orgasmo, temperatura suave, niño sonriente. Y he aquí una lista de cosas desagradables: diversos tipos de dolor, náuseas, estómago vacío, niño gritando. Si da la casualidad de que haces algo que provoca una de las cosas desagradables, no la repitas nuevamente pero, por otra parte, repite cualquier cosa que proporcione una de las cosas agradables.» La ventaja de este tipo de programación es que reduce, considerablemente, el número de reglas detalladas que debían ser especificadas en el programa original; y es también apta para afrontar los cambios en el medio ambiente que no pudieron ser pronosticados detalladamente. Por otro lado, ciertas predicciones tienen que ser hechas todavía. Según nuestro ejemplo, los genes predicen que el dulce sabor en la boca y el orgasmo serán «buenos» en el sentido de que comer azúcar y copular es probable que beneficie a la supervivencia de los genes. Las posibilidades de la sacarina y la masturbación no serían predichas de acuerdo a este ejemplo; tampoco lo serían los peligros provocados por comer demasiado azúcar en nuestro medio, donde existe en abundancia.

Richard Dawkins, El gen egoísta.

Especiecismo

Me cuesta horrores elegir una sola frase de este libro, que me tiene abducido.

Recently there has been a reaction against racialism and patriotism, and a tendency to substitute the whole human species as the object of our fellow feeling. This humanist broadening of the target of our altruism has an interesting corollary, which again seems to buttress the ‘good of the species’ idea in evolution. The politically liberal, who are normally the most convinced spokesmen of the species ethic, now often have the greatest scorn for those who have gone a little further in widening their altruism, so that it includes other species. If I say that I am more interested in preventing the slaughter of large whales than I am in improving housing conditions for people, I am likely to shock some of my friends.

The feeling that members of one’s own species deserve special moral consideration as compared with members of other species is old and deep. Killing people outside war is the most seriously regarded crime ordinarily committed. The only thing more strongly forbidden by our culture is eating people (even if they are already dead). We enjoy eating members of other species, however. Many of us shrink from judicial execution of even the most horrible human criminals, while we cheerfully countenance the shooting without trial of fairly mild animal pests. Indeed we kill members of other harmless species as a means of recreation and amusement. A human foetus, with no more human feeling than an amoeba, enjoys a reverence and legal protection far in excess of those granted to an adult chimpanzee. Yet the chimp feels and thinks and-according to recent experimental evidence-may even be capable of learning a form of human language. The foetus belongs to our own species, and is instantly accorded special privileges and rights because of it. Whether the ethic of ‘speciesism’, to use Richard Ryder’s term, can be put on a logical footing any more sound than that of ‘racism’, I do not know. What I do know is that it has no proper basis in evolutionary biology.

The muddle in human ethics over the level at which altruism is desirable-family, nation, race, species, or all living tilings-is mirrored by a parallel muddle in biology over the level at which altruism is to be expected according to the theory of evolution. Even the group-selectionist would not be surprised to find members of rival groups being nasty to each other: in this way, like trade unionists or soldiers, they are favouring their own group in the struggle for limited resources. But then it is worth asking how the groupselectionist decides which level is the important one. If selection goes on between groups within a species, and between species, why should it not also go on between larger groupings? Species are grouped together into genera, genera into orders, and orders into classes. Lions and antelopes are both members of the class Mammalia, as are we. Should we then not expect lions to refrain from killing antelopes, ‘for the good of the mammals’? Surely they should hunt birds or reptiles instead, in order to prevent the extinction of the class. But then, what of the need to perpetuate the whole phylum of vertebrates?

Richard Dawkins, The Selfish Gene.

Transporte

The problem with most forms of transport, he thought, is basically that not one of them is worth all the bother. On Earth -when there had been an Earth, before it was demolished to make way for a new hyperspace bypass- the problem had been with cars. The disadvantages involved in pulling lots of black sticky slime from out of the ground where it had been safely hidden out of harm´s way, turning it into tar to cover the land with, smoke to fill the air with and pouring the rest into the sea, all seemed to outweigh the advantages of being able to get more quickly from one place to another -particularly when the place you arrived at had probably become, as a result of this, very similar to the place you had left, i.e., covered with tar, full of smoke and short of fish.

Douglas AdamsThe Restaurant at the End of the Universe

La inteligencia de los delfines

For instance, on the planet Earth, man had always assumed that he was more intelligent than dolphins because he had achieved so much – the wheel, New York, wars and so on – whilst all the dolphins had ever done was muck about in the water having a good time. But conversely, the dolphins had always believed that they were far more intelligent than man – for precisely the same reasons.

Douglas Adams, The Hitchhicker’s Guide to the Galaxy

Brooklyn Follies de Paul Auster

Brooklyn Follies - Portada del libro Sí, me he leído las 300 páginas de este libro en dos semanas. Para la gran mayoría debe ser normal, pero para mí es todo un récord, creo que sólo superado por otra novela de Paul Auster, El país de las últimas cosas, que la leí en seis horas seguidas en un viaje de avión a México. Tiene mucho que ver el hecho que hace tres semanas que ya no pillo la bicicleta para ir al trabajo, sino que voy en bus. Tardo más, ya lo sé, pero voy más tranquilo, paso menos frío y, además, leo. Gracias a eso también pude acabar El Hobbit.

Brooklyn Follies es un libro de personajes, y básicamente de personajes masculinos, aunque en los últimos capítulos algunos personajes femeninos cobran más importancia. Es la historia de varios hombres que cuando empieza la historia se encuentran en un momento de fracaso vital. Nathan, divorciado y despreciado por su hija, está superando un cáncer de pulmón. Su sobrino Tom, ha abandonado un doctorado en literatura y se ha dejado engordar mientras conduce un taxi por Nueva York y, a sus treinta años, sigue soltero y sin compromiso. Harry también está divorciado y lleva una tienda de libros usados en Brooklyn. Son hombres solitarios que coinciden en un lugar y un momento en el que se les da la oportunidad de volver a empezar con sus vidas.

Es un libro fascinante, como casi todos los de Paul Auster, pero en este caso tiene un punto diferente, el juego metanarrativo que nos propone Auster en sus otros libros aquí, aunque también está, no es tan evidente. En cierto modo, El libro de la insensatez humana que Nathan está compilando como proyecto de entretenimiento en su jubilación, tiene que ver mucho con su historia, la que estamos leyendo sobre él y su sobrino. El fascinante proyecto que se le ocurre en las últimas páginas (y del que no desvelaré nada) también autodescribe la misma novela. Pero aquí el juego está más en las historias paralelas entre los distintos personajes, como si en un juego de espejos unos se reflejaran en los otros. Por ejemplo, hay una exploración profunda de las relaciones familiares no convencionales, donde la atadura familiar más fuerte que encontramos es la de un tío y su sobrino, y este sobrino, a su vez, debe cuidar a su propia sobrina de nueve años. Las relaciones padres/hijos o los matrimonios no funcionan en esta novela, en cambio, los tíos y sus respectivos sobrinos tienen una relación de sincera amistad.

Me encanta la forma en que está escrito el libro. Es el primer libro de Auster que me leo en inglés, y su prosa es un regalo para los oídos. No es que tenga un vocabulario fácil, ni mucho menos, pero el estilo es tan directo, tan fluido, que da esa sensación de que dice exactamente lo que pretende expresar, muchas veces con metáforas hermosas y estremecedoras, como cuando describe la tristeza de Harry al despedirse de su hija esquizofrénica el día antes de entrar en la cárcel:

Harry’s heart had been broken many times, but now it was no more than a pile of ashes clogging up a hole in his chest.

Otras ideas, como el Hotel Existencia, un lugar donde sólo se puede ser feliz, son tan mágicas y típicas de Auster como la colección de fotos de Smoke, la Sinfonía de Olores para el perro Bones en Tombuctú, o la biblioteca de El país de las últimas cosas.

Podría criticar posiblemente la falta de una línea argumental clara. La historia va de un lado a otro, de un personaje a otro según las circunstancias lo requieren, pero en nigún momentos sabemos a dónde quiere ir a parar, porque da la impresión de que no todas las historias quedan cerradas hasta que, en el penúltimo capítulo, la metanarrativa nos explica qué es lo que acabamos de leer. Además, la última frase cierra una sutil subtrama política subyacente de forma muy contundente.

En definitiva, es un libro emocionante, vital, muy ameno, con fascinantes giros argumentales, en el que amas a los personajes desde el primer momento, y a pesar de lo trágico de muchas de sus historias, es hasta divertido. Una tragicomedia. Como la vida misma.