No es país para científicos

Anoche participé en la primera reunión de lo que será la delegación de Cambridge de una cosa que se está gestando llamada CERU (Científicos Españoles en el Reino Unido). La idea que nos une es la preocupación por el declive de la ciencia en España, una enferma que siempre ha tenido achaques y uno de sus síntomas es la pérdida de masa encefálica (léase “fuga de cerebros”, la razón por la que casi todos nosotros estamos en el extranjero). El hecho es que a raíz de las reducciones de presupuesto de los últimos dos años, pronto la podremos declarar terminal, y como no queremos esto, nos unimos y nos reunimos para ver si podemos hacer algo.

Yo, como alguno apuntó, estoy en el lado oscuro y hace tiempo que me ha comprado la empresa privada. Quizá por ello intentaré redimir mi culpa colaborando en lo que pueda.

A ver qué sale. De momento ya tenemos un teaser-poster.

Cero plazas en investigación

Nos lo están demostrando. La ciencia no importa en España.

Es más importante resucitar al putrefacto gigante de ladrillo restaurando una desgravación de impuestos a la compra de vivienda, que apostar por el conocimiento y la innovación. La gente que quiere hacer ciencia está huyendo en masa, uniéndose a los miles de trabajos técnicos especializados (informáticos, ingenieros, etc.) y creativos (artistas digitales) que ya están fuera. Por no hablar de los educadores y profesionales de la salud que ya están preparando sus maletas.

Sonicando y Félix Gallego han preparado este estremecedor video. Quizá si la ciencia no les paga dignamente, Hollywood les pillará para alguna secuela de Resident Evil.

Cero Plazas from Felix G. on Vimeo.

Ni fuga, ni jóvenes, ni cerebros

Los titulares que hacen eco de esta encrucijada en la que estamos muchos investigadores utilizan un lenguaje común que gravita en torno a la siguiente frase: “Fuga de jóvenes cerebros: el futuro del sistema de investigación en España”. Dejemos de hablar de “fuga”, nos están echando. Dejemos de hablar de “jóvenes”, ya no lo somos; la connotación es que como jóvenes podemos aguantar todo lo que venga y seguiremos luchando por nuestro ideal, pero no es así; muchos investigadores de esta generación están considerando seriamente dejar la ciencia. Dejemos de hablar de “cerebros”, nos están impersonalizando; tenemos estómagos a los que alimentar, y tenemos corazones a los que escuchamos cuando decidimos regresar a nuestro país para estar más cerca de nuestras familias, a la vez que seguíamos haciendo investigación; corazones que nos rompen cuando nos dicen que se van a incumplir con total impunidad los contratos que firmamos.

Una carta al director de Amaya M., hoy, en La Vanguardia.

Pirarse o delinquir

Tres jóvenes entran en el mercadona bajo la mirada atenta de las amas de casa, los rodríguez y la no tan atenta pero aterrorizada mirada de los jubilados. Uno distrae a la cajera, otro al guarda y el tercero roba de una sola tacada todos los guantes de plasticucho para toquitear la fruta. Sale corriendo y capta suficiente atención para que sus compañeros roben toda la lejía que puedan, el punto de encuentro es la parada del autobús para subir al campus.

Sonicando se nos larga a investigar a Estados Unidos y nos deja un brillante relato de ciencia ficción en relación al nuevo recorte del presupuesto en ciencia. No se lo pierdan.

La ciencia no necesita tijeras

Me permito, de entrada, modificar el título propuesto a esta iniciativa de Javier Peláez en su Aldea Irreductible (que era La ciencia en España no necesita tijeras) para introducir un punto de vista más global. Pienso que la ciencia, en general, no necesita fronteras; y es un error basar su financiación en la competitividad de un país con respecto a los otros países del entorno. Pero vamos por partes.

Voy a resumir primero la razón por la que es necesaria la ciencia, así en crudo, en general, y a nivel mundial, a partir de varias ideas sacadas directamente de algunas de las charlas a las que he asistido este pasado fin de semana en The Amazing Meeting en Londres.

Empezaba Brian Cox su charla del sábado por la mañana resaltando cuál era la misión de una de las agencias de ciencia del Reino Unido. No recuerdo exactamente la agencia o la frase en sí, pero en resumen se trataba de aumentar el valor y la productividad de las empresas del Reino Unido. Cox manifestó su rotundo desacuerdo con esa misión, tildándola de estrecha de miras y poco ambiciosa. Después mostró parte de su trabajo en el Gran Colisionador de Hadrones en Suiza y destacó que la construcción de tal mastodóntica herramienta científica, que servirá para que conozcamos mejor el origen del Universo, no hubiera sido posible sin la colaboración de muchos países.

La última charla el domingo por la tarde la dio Phil Plait, presidente de la Fundación James Randi para la Educación, y autor del blog Bad Astronomy. Su magnífica charla nos introdujo las razones por las que hasta el final de la guerra fría se desarrolló la carrera espacial, básicamente militares, con detalles como que fueron los nazis los primeros en desarrollar la tecnología de propulsión que permite a un cohete (o un misil) despegar del suelo, pero que ésta no llegó a ser puesta en práctica hasta que los americanos, después de ganar la guerra, se apropiaron de todo ese conocimiento para aplicarlo, entre otras cosas, en mandar hombres a la Luna. Hoy tenemos comunicaciones vía satélite y GPS gracias a eso, pero mucha gente piensa que ir al espacio va mucho más allá de lo que nuestras aspiraciones como humanos deberían alcanzar. Pasó a analizar los fallos y aciertos de dos películas sobre la caída de un meteorito en la Tierra, Armageddon y Deep Impact (ambas de 1998), destacando la segunda como más científicamente correcta, y pasó a explicarnos que hay un asteroide de unos 250 metros de diámetro llamado 99942 Apophis que va a pasar bastante cerca de la Tierra en el año 2029. Ese año no va a pasar nada, pero hay una ligera probabilidad (una entre 45000) de que pase por su punto de resonancia gravitacional, lo que le haría volver siete años después, concretamente el viernes 13 de abril del 2036. La catástrofe entonces podría ser comparable a la que exterminó los dinosaurios hace 65 millones de años. La diferencia entre los dinosaurios y nosotros es que ellos no desarrollaron una carrera espacial, y nosotros, gracias a los avances científicos que tenemos hasta ahora y si nos centramos en construir un artilugio (que ellos llaman tractor gravitacional) que sea capaz de desviar la dirección del asteroide y tenerlo listo para usarlo en el 2029, podemos salvar a la humanidad del primer armagedón real al que nos enfrentamos. Para ello hace falta financiación, mucha investigación, mucho esfuerzo y colaboración internacional. Como vemos la ciencia no sólo está para que un país sea competitivo o para que hoy podamos vivir en media el doble que nuestros antepasados, sino que, por una vez, podemos evitar algo grande.

Quisiera terminar contestando brevemente a la pregunta original que incluiría la palabra España en el título, de la que me he desviado para dar una visión algo más generalista. En concreto, una razón para no recortar el gasto en investigación en España la tengo en mi propia persona. Yo conseguí una beca del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología en el 2002 que financió mi doctorado hasta mediados del 2006. Desde entonces estuve nueves meses más escribiendo mi último artículo y compilando la tesis, en los que me pagaron a través del dinero de un proyecto europeo, y finalmente estuve tres meses sin cobrar, los que tarda la burocracia desde que se deposita la tesis hasta que se presenta ante un tribunal. Después tuve que elegir entre unos meses de inestabilidad en la Pompeu Fabra en Barcelona hasta que consiguiera algún contrato de postdoc (un Juan de la Cierva o un Ramón y Cajal) o venir a trabajar a Inglaterra. Por el sueldo y la estabilidad elegí lo segundo, así que el Ministerio invirtió cuatro años en mí (aunque fuera una miseria, unos 50000 euros en 4 años) para que luego me viniera a otro país.

Aunque no hago exactamente la ciencia como se entiende en la Universidad, estamos al tanto de lo que se cuece en los congresos de informática gráfica y a veces implementamos alguno de los últimos algoritmos en la materia. Lo que hago tiene un nombre: transferencia de tecnología. Pero pago mi impuestos en el Reino Unido. Si alguna empresa española compra nuestro producto para mejorar su productividad, va a estar importando un producto del Reino Unido. Y si gracias a lo que hago algún día la empresa donde trabajo tiene beneficios, éstos se quedarán en el Reino Unido. Total, que si la ciencia en España ofreciera tan sólo algo de estabilidad (tan sólo eso: no estar meses sin cobrar y trabajando gratis cuando se te acaba una beca y buscas la siguiente), yo igual no me hubiera ido, y muchos de los españoles que hay repartidos por el mundo, tampoco. Imaginen si, encima, pudiéramos tener sueldos competitivos.

Iniciativa bloguera por la ciencia en España

Entre el viernes y el sábado el Irreductible la armó en twitter, luego en su blog y en estos momentos ya le están llamando de varios periódicos. No tuve tiempo de explicarlo por aquí por las prisas de ir a Londres al TAM, pero aún estamos a tiempo por si alguno de mis lectores se anima a unirse, que quedan dos días.

Se trata de escribir en el blog el próximo miércoles día 7 de octubre una entrada titulada “La ciencia española no necesita tijeras” explicando alguna razón por la cual no se debe recortar el presupuesto en investigación y desarrollo. Si alguien se anima, que avise al organizador.

cienciatijeras

Ciencia y burocracia

Voy a seguir un poco con el tema del día, aunque parece que le vaya a la zaga a Rinze (que en parte es cierto, porque él me mandó el artículo), vamos a seguir hablando de lo mal que está la ciencia.

Digo lo del tema del día porque en parte empezó ayer a raíz de unas conversaciones con Rinzewind y el Irreductible en twitter, algo que ya nombré en la frase de Guinovart que puse ayer y que en su aldea el Irreductible ha resumido fantásticamente.

Pero apartándonos un poco de lo mal que está la ciencia en España, Rinze mandó anoche un enlace a uno de esos tochos que no dan ganas de leerse a no ser que uno tenga la suerte que su mujer se vaya a dormir aprovechando que el crío por fin duerme y ya esté saturado de ver videos de gatitos. Al final resulta que el mismo Rinze publicó algún extracto ayer, pero es tan bueno que quiero dar cuenta de ello yo también por aquí.

El artículo trata de uno de los males endémicos de la ciencia mundial, que es lo mismo que hablar de la ciencia en los pocos países en los que se hace ciencia de verdad: Estados Unidos y algunos países del Norte de Europa. Se trata de la burocracia.

El caso típico es el de un científico que cuando por fin consigue estabilizar su situación, a los cuarenta y muchos y después de pasar por el doctorado y varios postdocs en varias de las mejores universidades del mundo, se las ve y se las desea para conseguir financiar sus proyectos de investigación. Los proyectos suelen ser por tres años, en los que se puede contratar a un par de becarios y algún técnico, pero la burocracia es tan enfarragosa que el líder de este pequeño grupo científico creado gracias a la financiación debe dedicar entre un año y año y medio a diseñar y proponer el plan para el siguiente trienio, mientras supervisa el trabajo de sus becarios. El científico, que ha llegado a su posición gracias a ser excelente en su campo, se ha convertido en un burócrata engullido por el sistema y ha dejado de hacer ciencia para poder concentrarse en mantener el trabajo de su grupo. Aun así, si hay suerte y el siguiente proyecto es concedido, es muy probable que ya haga medio año que terminó el proyecto anterior, uno de sus becarios se haya ido a trabajar en el restaurante familiar, que da más satisfacciones, y el otro aguante con migajas de otros pequeños proyectos puente o, a veces, sin cobrar.

Este es el resumen de la situación, aunque está mucho mejor detallado y explicado en el artículo enlazado, no se limita sólo a describir, sino que propone soluciones, y algunas de ellas me han parecido brillantes. Destaco una, no del articulista sino de otro científico que se la mandó vía mail:

“My solution? Everyone should get slotted into a funding category and assessed every five years. If you’re productive, you get five more years of resources. If productivity is down, you are moved down a category. If it is high, you can apply to move up. Starting PIs are in a different category and must apply to get onto the treadmill. The difference: PIs would be judged by overall productivity, not grantsmanship. We can stop wasting our time writing grants, and the system can be more easily calibrated to train a sustainable number of postdocs. It is depressing to train people who will struggle for funding.

A peer-reviewed, 5-year renewable, productivity-based ‘track’ system with a set amount of money at each level would stabilize funding, encourage innovation and productivity, allow each PI to control how their money is allocated, and permit us to make nationwide decisions about the size of our science enterprise. It also has the merit of simplicity.”—Ross Cagan, Professor of Developmental and Regenerative Biology, Mount Sinai School of Medicine

En definitiva, eliminar la burocracia, aumentar los periodos de evaluación a cada cinco años, y no dejar a nadie sin financiación, sino premiar o castigar los resultados de los últimos cinco años subiendo o bajando al científico de “categoría”, según la cual recibiría más o menos dinero.

Eso y no recortar los fondos de investigación, claro.