Tres días para Bilbao

Quizá les suene alguno de los nombres de estas charlas:

Corresponden a la segunda parte de la mañana del viernes en las charlas de Amazings Bilbao 2012. Y sí, el que habla desde las 13h00 hasta las 13h09 soy yo. Debo reconocer que estoy acojonado y yo soy de los que cada vez que ensaya tengo menos confianza, pero ya veremos cómo sale.

Hace un año estuve allí sólo como parte de la audiencia y fue una experiencia alucinante, no sólo por las charlas, que fueron muy grandes, sino por la cantidad de gente interesante a la que conocí y a la que tengo muchas ganas de volver a ver este año.

Esta vez me llevo a la familia. Estela tendrá que buscarse entretenimiento con los niños el viernes y el sábado y espero que no les sea muy pesado. Si alguien tiene ideas de qué hacer en Bilbao con niños de 1 y 3 años, se aceptan sugerencias.

Y si alguien tiene curiosidad sobre qué voy a decir con respecto a “La inteligencia de las hormigas” y quiere verme, las charlas se van a retransmitir en directo en la nueva web naukas.com, que representará el renacimiento de amazings.es bajo una nueva marca.

Mi hijo no me hace caso

Ayer se me ocurrió poner las palabras del título de esta entrada en el google a ver qué salía. Sé que es un ejercicio un poco arriesgado, porque google no es la máquina de la verdad o de las soluciones instantáneas y cuando buscas algo como “me duele el dedo gordo del pie izquierdo” lo más probable es que acabes concluyendo que tienes cáncer y, lo peor, que necesitas frotarte la oreja con unas carísimas hierbas mágicas para solucionarlo. Pero me leí los cuatro o cinco primeros artículos que aparecían (saltándome los foros de madres histéricas, que ya sé cómo acaban) y me parecieron bastante sensatos.

Por la noche, ya con los niños dormidos y aprovechando que ya hemos terminado House y no tenemos urgencia por ver nada nuevo, convoqué una reunión de emergencia con mi mujer para poner en común qué ha leído ella y qué he leído yo y, como novedad, apuntar cuatro ideas en papel para intentar seguirlas y ver qué resultados obtenemos.

El caso es que sentimos que Eric, a sus tres años y medio, se nos está yendo de las manos. Personalmente no creo que sea un caso excepcional, y la educación de los hijos es difícil para cualquier padre, pero, como muchas otras cosas, hay cosas de las que se hace difícil hablar abiertamente, pero voy a intentarlo por aquí.

Por ejemplo, el evento que desató mi búsqueda ocurrió por la mañana. Estela le estaba vistiendo y decidió probarle unos pantalones nuevos que había comprado para ver si le iban bien o había que devolverlos. Eric ya había decidido que quería sus pantalones de Bob the Builder y cuando su madre le dijo que no, que primero los otros, pero que luego le ponía los que él quería, empezaron los problemas. Estela consiguió que se los probara pero la rabieta que pilló por ello duró veinte minutos en los que no quiso ningún pantalón y lo único que decía era “no quelo plantons”. Era como si quisiera volver al pasado y que el hecho de probarse los pantalones nunca hubiera pasado. En éstas, además, se nos hacía tarde para ir a la guardería. Estrés infinito, como podéis imaginar. Pues como ésta, cada día hay alguna.

En casa empezamos poniendo tres normas, con la idea de irlas ampliando o cambiando a medida que las vaya obedeciendo, pero son lo bastante genéricas y completas como para que no las hayamos tenido que cambiar. Son éstas:

  • Haz caso
  • El pipi y la caca se hacen en el baño
  • Sé suave, que engloba:
    • No pegues ni empujes a tu hermano
    • No azotes las puertas
    • No tires las cosas (al suelo o contra alguien)

La segunda (eso que aquí llaman potty training) empezamos a tenerla dominada. La tercera la tiene clara y cuando lo hace es porque está enfadado o es sin querer. En lo que parece que estamos fallando es en el tema de que nos haga caso. Voy a apuntar, a ver si me acuerdo, las notas que hicimos en la reunión de anoche. Éstas son las notas que nos tenemos que aplicar a nosotros en cuanto a su educación.

No perder los estribos

Gritarle, pegarle, o incluso reprimir la violencia de manera que sólo sientas ira e impotencia como para encerrarte en la habitación a llorar, o que llegues a tener pensamientos horrible y brutalmente sádicos tanto contigo como con el niño es algo que no debe llegar a pasar. Pero pasa. A mí me pasa. A mi mujer le pasa. Pero no debe llegar a pasar. Hay varias razones. Primera, la violencia (física o psicológica) es inútil. Sí puedes conseguir que el niño te haga caso gritándole o pegándole, pero lo conseguirás una vez. La siguiente tendrás que gritar más o pegar más fuerte para conseguir lo mismo, lo cual a la larga o consigues un niño sumiso, acojonado y sin personalidad o un mentiroso violento fotocopia de su progenitor. Ninguna de las dos es buena. La segunda razón es que la violencia envenena la relación con tu hijo, y ningún niño tiene necesidad de odiar a sus padres ni de ser odiado por ellos. También puede envenenar la relación con la pareja.

¿Cómo evitarlo? Decir que con paciencia es de perogrullo, pero podemos intentar varias técnicas. La primera es aprender a detectar la subida de tensión y pararla a tiempo. ¿Es tan importante que se pruebe los pantalones ahora o podemos hacerlo luego con más tranquilidad? Ir a la pareja y pedirle que tome cargo es otra opción. Salir de la habitación, contar a diez y respirar hondo es otra. Lo importante es saber dónde está el límite y parar mucho antes de ver que te estás acercando. Personalmente creo que tener claro el por qué la violencia no funciona y sus horribles consecuencias es un gran primer paso.

Refuerzo de la atención positiva

Cuando el niño se porta mal es en la mayor parte de los casos para llamar la atención. Yo veo claro que en el caso de Eric es una consecuencia de los celos de su hermano pequeño. Nosotros hemos caído en la trampa clásica, y eso que lo teníamos claro. No hay que desatender al hermano mayor al cuidar al bebé recién llegado. El mayor ve que cuando se porta bien no se le hace caso y se le deja tranquilo con sus cosas. El mayor ve que se atiende al enano cuando éste llora y aprende que llorando, gritando y pataleando se le hace más caso. Los padres olvidamos que “portarse bien” no llama la atención y óbviamente nos acercamos a reñirle cuando hace algo gordo. El niño, paradójicamente, prefiere que le riñas a que le ignores.

Pero ¿cómo arreglarlo? Pues haciendo al revés: premiando el buen comportamiento (o el comportamiento neutro) con atención y castigando las rabietas con falta de ella, ignorándole. Es muy difícil no hacer caso a tu hijo cuando igual está esparciendo por la habitación la ropa que acabas de planchar, pero hay que, otra vez, tener paciencia y saber que la ignorancia es en este caso el mejor y más efectivo castigo.

No es no

Para aprender la norma el niño necesita consistencia y firmeza. Si se decide que no va a ver la tele después de las 8 no vale negociar cinco minutos más hasta las ocho y cinco. Y en eso, lo reconozco, yo soy demasiado permisivo. Ésta me la grabo a fuego. La contrapartida es que hay que pensar antes de decir no a algo. No podemos amenazar con algo que no vamos a poder cumplir, por ejemplo. Aquí también se incluye la consistencia y apoyo entre lo que dicen el padre y la madre. Si hay diferencias de criterio se resuelven más tarde.

La norma de las tres veces

Éste es uno de los posibles trucos para no tener que llegar a la ira o la violencia. Si el niño que no hace caso ve que se le pueden repetir quince veces las cosas sin consecuencias, a la siguiente esperará hasta la décimo-sexta, o hasta la vigésima vez. Vamos a intentar aplicar lo de que las cosas se dicen como máximo tres veces. La primera, suave y amablemente. La segunda seria y firme. La tercera igual pero va acompañada de la amenaza del castigo correspondiente, que hay que pensar bien para poderlo cumplir (te apagaré la tele, te vas al rincón dos minutos…). Si sigue sin hacer caso, no hay cuarta, se cumple el castigo sí o sí. Una cosa importante a tener en cuenta en este caso es que hay que darle tiempo al niño entre aviso y aviso para que asimile y cumpla lo que se le ha pedido.

Conclusión

Hay muchas más cosas pero esto es lo básico y ya me ha salido suficientemente largo. Me gustaría escuchar otras historias y opiniones, especialmente de alguien con experiencia que piense que nos estamos equivocando o algo que no estamos teniendo en cuenta.

Igualmente espero que esto le sirva a alguien.

Para cualquier cosa, aquí están los comentarios.

Entrevistas

Hace algo más de un año me podías preguntar que cómo me había ido una entrevista de trabajo y te podía asegurar que sabía cómo me había ido. Y acertaba. Si no había habido empatía estaba claro que era un no y adiós. Cuando funcionaba, el mismo día ya estaba negociando el sueldo y las prestaciones. Tampoco había tenido muchas entrevistas y en las pocas que había tenido hasta el 2009 fui yo el que decidí si quería entrar o no.

Pero desde febrero de 2011 o he perdido mi capacidad empática o las entrevistas han cambiado. También es cierto que en un año he hecho más entrevistas que en toda mi vida anterior. Pero sigo alucinando que en dos puestos donde mi currículum encajaba prácticamente a la perfección, donde siento que hubiera sido muy útil y donde me hacía ilusión entrar han acabado siendo sendas negativas después de la segunda entrevista. Y yo estaba convencido de que todo había ido bien y sólo me quedaba negociar el sueldo. Como antaño.

Ayer me dijeron que no a un trabajo en Londres en el que, cuando vi la descripción pensé que no se podía ajustar mejor a lo que quiero hacer y para lo que me he estado preparando diez años: desarrollador en un puesto de investigación en una de las productoras de animación más grandes de Londres. Hay cosas que no puedo entender. Me libro por lo menos de tener que negociar a la baja mi sueldo actual y de tener que pillar (y pagar) el tren diario a la gran ciudad. Pero va a ser muy difícil encontrar una descripción de un puesto de trabajo ni remotamente parecido en mucho tiempo. Y cada vez mi curriculum se aleja más de los gráficos, la animación y de la investigación.

Por lo menos estoy trabajando, me diréis. Y sí, es cierto. Y el sueldo no está mal, y las condiciones tampoco, y está a veinte minutos en bicicleta de casa, exactamente en el edificio anterior a donde trabajé hasta el octubre pasado. Curiosamente aquí estoy haciendo cosas totalmente distintas a las que hacía antes, sobre las que no tengo experiencia en mi curriculum, y que no me motivan ni tengo ganas de aprender realmente. Y no pasa un día sin que me pregunte por qué se fijaron en mí en la entrevista.

No tengo una guardería

Quiero desmentir los rumores que dicen que esta guardería es mía:

Tengo una gran curiosidad por saber cuál es su inspiración…

Conste que no tengo ningún problema con que usen el nombre. Espero que ellos no tengan ningún problema en que yo lo lleve usando desde hace 14 años.

Gràcies, Dan Solo per la foto i per avisar.

Tres años de Eric

Mi hijo Eric cumple tres años hoy. Ya es un pequeño hombrecito que sabe qué le gusta y qué no. “No agada música”, me decía esta mañana mientra sonaba Pereza en mi reproductor del iPod y él mojaba su desayuno especial de hoy, un cruasán, en su vaso de leche, derramando un poco al hundirlo casi por completo. “Només la punteta, i poc a poc”, le digo y él me contesta que no, que así es como se hace. Le doy la bayeta y él limpia encantado, dejando todo seco y limpio de leche, hasta que se le ocurre mojar la bayeta en la leche…

Nuestro pequeño hombrecito todavía no quiere dejar de ser bebé. Le quitamos los pañales en julio y durante una semana hizo sus necesidades en el orinal, pidiéndonoslo cuando tenía pipi o caca y fue bien, incluso en algunas noches. Pero duró una semana y perdió interés. Nosotros tardamos casi tres meses de desesperación y tres o cuatro mudas al día en darnos cuenta de que no valía la pena el esfuerzo. Volvimos al pañal y él nos diría cuando volvería a estar preparado, esta vez de verdad.

Este año Eric ha sido el hermano mayor. Marc llegó para quedarse poco antes de que Eric cumpliera dos años y al principio fue un parásito que le arrebató las tetas de mamá, luego un juguete más que valía tanto para abrazarlo como para empujarlo o tirarse encima de él y ahora es el Godzilla que le destruye los puzzles y el ser con el que se carcajea cuando se cubren los dos con una manta, pretendiendo esconderse de papá y mamá.

No ha sido un año fácil para papá y mamá. Toda la paciencia del mundo se hace poca cuando tenemos que llegar a una cita y Eric quiere jugar a que le persigamos en vez de vestirse, y una vez vestido le vienen los apretones y hay que cambiarle otra vez, o cuando no quiere comer ninguna de las cuatro cosas que le has preparado, cuando pensabas que cada una era su preferida y le acabas dando un chocolate para que al menos coma algo. Esto son sólo dos ejemplos de lo que lo ingleses llaman “the terrible twos” o “la primera adolescencia”, que le he oído decir a alguien. Las buenas noticias son que ya vamos de salida. Ahora tenemos un año para prepararnos, a ver cómo sale Marc. Y que Eric nos ayude.

Redundante

Aquí en Inglaterra no echan a la gente de su trabajo: simplemente consideran su trabajo redundante. Es uno de esos eufemismos curiosos que sólo aprendes cuando vienes a vivir aquí. En las clases de inglés del colegio te enseñaban que “despedir” se decía “to fire”, y cuando vienes aquí resulta que nadie usa “Mr. Smith was fired”. Si te lo dice un colega que no le tenía mucho aprecio a Mr. Smith te dirá “Mr. Smith was sacked” (que es algo así como “le dieron la patada en el culo”), y si te lo dice cualquiera que no te tiene suficiente confianza te dirá “Mr. Smith was made redundant”.

A mí el jueves pasado me informaron de que mi puesto era redundante.

Y no fue una gran sorpresa, pero jode. Es la primera vez en mi vida, a mis casi 37, que me echan de un trabajo.

Ya todos sabíamos que las ventas no eran suficientes para mantenernos, pero decían que estaríamos por lo menos hasta diciembre. Ya pasó algo parecido en marzo, cuando justo un mes después de sacar la versión para mac, echaron a cinco. Esta vez ha sido tres semanas despues de haber sacado la versión 2. Y esta vez ha caído el jefe de producto con nosotros. Ya quedan sólo dos programadores que se van a dedicar sólo a corregir bugs hasta que cierren la empresa del todo, algo que apuesto no tardará en pasar (aunque de verdad deseo que ojalá no suceda).

Es una pena porque estos cuatro años y pico he sido realmente feliz en mi puesto de trabajo, y va a ser muy difícil que en mi próximo trabajo esté ni la mitad de bien. Me gusta el producto, me gustan los retos que me han surgido programándolo, me gusta mi entorno de trabajo, mi libertad de horarios, me gusta el equipo que hemos sido y la forma que tenemos de trabajar…, me gusta mi trabajo, lo digo con orgullo y me da pena ver a tanta gente (en esos pozos de desahogo que son facebook y twitter) quejarse de que es lunes o alegrarse porque ya llega el viernes. Tengo un buen amigo aquí con el que bromeamos en algún momento del fin de semana: “qué ganas tengo de que llegue el lunes para descansar”. No todas las bromas son mentiras.

Quiero añadir algo más sobre mis compañeros: hace año y medio éramos ocho programadores que hacíamos un equipazo de primera división, los ocho juntos valíamos mucho más que ocho veces el mejor de nosotros, y proclamo que el mayor error de esta empresa ha sido dejar que este equipo se disgregara. Si nos hubieran mandado hacer un producto vendible, o lo hubieran sabido vender, rompíamos con todo.

Hace una semana quedábamos cuatro. El jueves que viene sólo quedarán dos.

Y yo estaré esperando mi próximo tren.

Antes del amanecer

Me despierto a primerísima hora de la mañana. Apenas empieza a amanecer. Me giro y veo a Eric, mi hijo mayor, a mi lado, entre su madre y yo. Deduzco que Marc, el pequeño, está más allá, al otro lado de Estela. Pienso que a qué hora habrá llegado Eric a nuestra habitación y cómo se habrá metido allí sin que me dé cuenta. Me incorporo y le susurro: “Va, Èric, anem a dormir a la teva habitació” y cuando le voy a coger Estela abre los ojos de golpe, mira al niño y me dice “¡No es Eric, es Marc!” Reconozco de pronto a mi hijo pequeño y le dejo estar. Ése es su lugar y ahí ha estado toda la noche. Eric sigue durmiendo en su habitación y lo hará durante una hora más hasta que a las siete de la mañana nos venga a despertar…

La importancia del suelo encerado

Qué le importa a un niño un suelo encerado? Por qué nos empeñamos en que los niños tienen que apreciar ciertas cosas absurdas? Por qué los enseñamos a dar importancia a chorradas? Es más, de verdad es tan importante para un adulto que un suelo, que ya es decente de por sí, que está limpio y que no es un suelo de un salón de baile sino de una casa, brille, hasta el punto de pasarse dos horas -DOS horas de TU vida- dándole cera en lugar de hacer otras cosas? No es más importante tener un suelo sencillamente limpio que sirva para pisar, jugar y bailar, un sofá barato que no importe que se manche de nocilla, y dedicar tu tiempo a cosas que de verdad importan? En qué momento los adultos perdemos el norte de esa manera y por qué pretendemos que los que vienen detrás sigan haciendo lo mismo?

La madre de Miss Amanda Jones, en una frase que debo de recordar cada vez que me entren ganas de reñir a mi hijo.