¿Quién está al otro lado?

Hace días que corre un corto de diez minutos sobre la medición de las audiencias de televisión. Es muy interesante, véanlo y luego comento un par de cosas:

Es cierto. No os podéis ni imaginar la obsesión que tienen por las audiencias en ámbitos televisivos. Cuando yo trabajaba para una productora, recuerdo que el jefe (un tipo que había sido artista del tipo cantante-humorista) nos enseñó un programa que había hecho él en visual basic que mostraba los gráficos de audiencia al segundo y para ese momento la imagen de lo que estaban dando en ese momento en todas las cadenas. Era increíble ver cómo los picos coincidían con el momento en que Boris Izaguirre se bajaba los pantalones y las bajadas espectaculares de los gráficos en los minutos de publicidad.

Yo creo que es un sistema que funciona. En el fondo no es más que un trato entre las cadenas y los publicistas, en el que acuerdan cómo repartirse el pastel y sobre el que el resto del mundo no tenemos demasiado que decir. Si en algún momento ven que algo no funciona, ya se encargarán ellos de arreglarlo, ya que son los primeros interesados. Entiendo, por ejemplo, que puede haber algún director resentido al que le han cancelado una serie por falta de audiencia que le eche la culpa a los medidores de audiencia, pero eso es cargarse al mensajero.

Luego está el tema de dónde está la audiencia real. Muchos nos estamos moviendo a ver series bajadas en P2P o streaming, o hemos dejado de ver la tele para leer blogs en internet. Esa audiencia no tiene medidores de Sofres, pero es que no los necesitan, no forman parte del público por el que se reparte el pastel la televisión generalista.

Y en algún momento, cuando todo sea streaming vía internet, los medidores de audiencia ya serán inútiles, porque por entonces ya nos conocerán a todos y cada uno de nosotros, contándonos uno por uno y vendiéndonos su producto personalmente.

De cómo James Randi desenmascara a Uri Geller

Como aperitivo a mis crónicas (que serán dos) de lo vivido este fin de semana en The Amazing Meeting en Londres les presento un vídeo que yo todavía no había visto.

El vídeo muestra un par de las anécdotas que contó el octogenario James Randi, el abuelo de los escépticos, en plena forma después de que no pudiera venir el año pasado por estar en tratamiento de un cáncer. En la primera historia Johnny Carson pidió a Randi cómo podía evitar que Uri Geller usara algún truco en su programa. La solución era fácil: no había que dejarle usar su propia cuchara o manipular las que había en la mesa antes de la actuación. En el segundo, el equipo de Randi desenmascaró al curandero cristiano Peter Popoff interceptando la frecuencia de radio a través de la cual su mujer le chivaba detalles de la vida de las personas del público al pinganillo que tenía escondido en su oído. Una de las historias que no recoge el video, que no la pusieron por grosera y por respeto a la persona del público, fue cuando la mujer dijo «ahora le toca el turno a la gorda negra de ahí», lo que, dijo Randi, demuestra el poco respeto que esta gente tiene a los inocentes a los que están engañando.

Clarito y… ¿en botella?

Hace tiempo que corre este video, pero, cosas que pasan, no me he puesto a verlo hasta hoy. Quiero compartirlo porque muestra algo sobre lo que vengo reflexionando últimamente, que es ¿por qué no bebemos agua del grifo? Aunque tenga sabor a cal (en algunos lugares, que en otros como Madrid tienen la suerte de tener un agua del grifo excelente), compensa con creces el precio que pagamos por el agua embotellada y el daño que le hacemos al medio ambiente. Pasemos al video:

Para compensar, un anuncio que ahora, seguro, verán con otros ojos 😉