El síndrome del colorante azul

– El niño está raro esta tarde.
– ¿Raro?
– Sí, está histérico.
– Bueno, sí, ya sabes que es un niño muy activo.
– Sí, pero más…

Ya por la noche…

– Por primera vez he podido dormir al niño sin que llore.
– ¿Ah, sí? ¡Qué bien!
– Bueno, no sé, le he sentido raro…, estaba contento, como un poco borracho, estaba jugando con sus muñecos a oscuras, y nunca lo había hecho, hasta que se ha estirado y se ha rendido.
– Mmmm, ¿qué ha comido hoy?
– Pescado al horno y patata hervida… ¡un momento!
– ¿Qué?
– ¿Sabes los smarties que me dieron el martes los compañeros de la empresa por ganar a los bolos?
– Sí…
– Pues esta tarde ha abierto el tubo y los ha tirado todos por el suelo. Mientras yo los recogía le ha dado tiempo a comerse uno o dos…
– Pues será el chocolate…

Hace quince años, la cosa hubiera acabado así. Sabemos que el chocolate tiene teobromina, con un efecto parecido a la cafeína, que ha puesto al niño más nervioso de la cuenta y mañana estará como una rosa.

Pero en la época de internet sólo hace falta hacer una búsqueda de smarties + hyperactive y descubrir que hay una cosa llamada el síndrome del smartie azul, y es que dicen que ciertos colorantes artificiales causan hiperactividad en los niños. Testimonios no faltan.

Pero miro el tubo y pone bien grande «No artificial colours or flavours» y entre los ingredientes se han cuidado mucho de poner algo que suene a artificial. (Aunque a mí lo de «inverted sugar syrup» o «modified maize starch» me suena fatal.) He encontrado un pequeño artículo en The guardian que explica esto. Lo curioso es que los smarties azules desaparecieron de la gama porque parece que no había colorantes naturales de color azul. Como siempre hay un roto para un descosido, alguien debió protestar, y hace algo mas de un año lo solucionaron usando una cosa sacada de no sé qué algas llamada spirulina.

Total, que no sabemos si ha sido el smartie, el chocolate, el colorante azul, la spirulina, o un cúmulo de casualidades y falsas percepciones (más un (positivo) cambio de hábito a la hora de ir a dormir), pero gracias a internet hemos aprendido mucho por el camino.

Primeros días en casa

Finalmente, el viernes por la noche nos soltaron del hospital. Las pruebas de la posible infección dieron negativas, afortunadamente, y dejaron de darle al bebé el tratamiento con antibióticos. A las ocho y cuarto nos fuimos a casa, e inmediatamente me fui al aeropuerto a buscar a mi madre.

Mi madre nos ha ayudado mucho. Con su magia ha convertido nuestro caos hogareño en algo bonito, ordenado y limpio, y además nos ha hecho buenas comiditas.

El sábado, finalmente, Estela empezó a tener leche y desde entonces ya no hemos necesitado usar leche de fórmula. El niño sigue en proceso de aprendizaje de pegarse al pecho y todavía le cuesta empezar a comer, pero cuando lo consigue ya no lo suelta en media hora. Para eso tenemos un gadget que nos ha ido estupendo: unas tetillas de silicona que, además de evitar grietas y rozaduras, hacen que el niño se agarre mejor.

Ayer Rinzewind logró escaparse por unas horas de la absorvente Londres turística y vino a visitarnos a Cambridge, donde nos tomamos un excelente capuccino en la cafetería italiana Clowns, y luego vino a casa y ejerció de tío Rinze regalándole un Supersónico de peluche.

El niño nos ha salido un poco vampiresco: chupa toda la noche y duerme de día. Esperemos que se acabe adaptando él a nuestros horarios y no nosotros al suyo.

Y ahora, después de darle de comer y cambiarle, acaba de regalarnos su primera sonrisa. Las fotos, después, que ahora nos vamos a hacer nuestro primer paseo por la ciudad.

Èric, dia 2

Eric

En principio esta tarde ya teníamos que estar en casa, pero la comadrona ha notado en la revisión de la mañana que Èric hacía unos ruidos algo extraños (a mí, más que extraños, me ha parecido una especie de quejido constante y suave, como un murmullo al respirar) y ha llamado a la pediatra, quien ha decidido mantenerle un par de días en observación.

Entonces nos han subido a la sala de arriba, una sala más clínica, la clásica de hospital a la que estamos acostumbrados en España. La putada es que he de volver a casa cada noche, pero por lo demás, prefiero que me hagan un buen diagnóstico aunque sea a costa de estar un par de días más en el hospital.

Por lo demás Èric está bien, sanote y fuerte. Le está costando empezar a tomar pecho, pero parece que esto es lo más normal, tanto la madre como el hijo tienen que aprender a reconocerse.

Pasito a pasito.

Eric y mamá

Diario de un parto

8h50 Acabamos de romper aguas. Desde las 8h05, más o menos estamos de contracciones, aunque bastante irregulares. Hace una media hora hemos decidido que hoy no vamos a trabajar.

10h36 Todo es rápido. Nos vamos al hospital.

Actualizo (23/DIC/2008 23h57): Iluso de mí. Pensaba que, si tal como me habían dicho, entre que empezaban las contracciones y se tenía que ir al hospital pasaban una media de cinco horas, tenía tiempo para escribir el Diario de un parto que puse esta mañana en el título.

Pero todo ha ido muy rápido. Cuando hemos pedido el taxi, las contracciones ya eran una cada dos minutos y poco. Hemos llegado al hospital a las 11h y nos han mandado a la sala de comadronas, ese lugar donde no hay médicos ni enfermeras sino sólo comadronas y donde entran las que están convencidas de tener un parto natural. Estela iba con la idea de pedir la epidural a la mínima, pero para eso había que trasladarla a la planta de arriba, donde sí hay doctores y enfermeras. Pero no ha habido tiempo ni de eso. Sobre la una y media me ha dicho «si esto tiene que durar varias horas más, quiero pedir la epidural, ¡pero ya!». La comadrona (Emily, majísima) y yo le hemos recordado que aún tenía opciones de atenuación del dolor, como el «gas and air» o meterse en la bañera. Pero antes de traer el tanque de oxígeno, Emily ha querido ver cómo iba la dilatación. No habría ni tanque, ni baño, ni mucho menos epidural. El niño ya estaba asomando.

Eric ha llegado a las 14h54 de hoy, hora inglesa. Ha pesado 4.4 quilos (una mole, lo sé) y se parece al hermano de Estela, algo que ya vimos en la última ecografía.

Por cierto, sí, estoy en casa porque a los papás no nos dejan quedarnos por la noche. Voy a ver si encuentro algo de comer en la nevera.

Ventajas y desventajas del embarazo

Parodia basada en una de las sesiones de grupo del curso de ayer.

Mamás

Contras:

  • Morning sickness
  • Swollen ankles
  • Heartburn and bad digestion

Pros:

  • Knowing that there is a life inside you
  • Feeling the baby
  • Going shopping!

Papás

Contras:

  • Mood swings
  • Can’t drink together

Pros:

  • BIG BOOBS!

Curso prenatal

Ayer tuvimos el curso prenatal. Fueron seis horas en las que nos enseñaron el hospital y nos describieron cómo funciona todo el proceso de parto y primeras horas del bebé. Además hicimos algunos ejercicios de grupo en los que los papás, por un lado, y las mamás, por el otro, hacíamos análisis de la experiencia del embarazo y de qué esperamos encontrar con el nacimiento de nuestro primer hijo.

De entrada es una experiencia única encontrarte con otras once parejas de padres y madres primerizos, todas con barrigas de ocho meses y que sabes que en un mes aproximadamente todos tendremos nuestro primer hijo/a en el mismo hospital.

Por supuesto no sé cómo es tener un hijo en España, pero la impresión que he tenido estos meses bajo el paraguas de la sanidad británica es que, en su obsesión de recortar gastos, han conseguido humanizar el proceso de dar a luz. Parece una contradicción, pero no lo es. Los médicos y enfermeros se substituyen por comadronas, mucho más baratas de mantener, pero tremendamente más efectivas (y amables) a la hora de resolver las infinitas dudas a las que nos enfrentamos los papás y mamás primerizos. De igual forma los procesos médicos se reducen y se substituyen en lo posible por algo más natural. Se reducen las ecografías a dos, se fomentan los cursos de yoga y se ofrece a las futuras mamás opciones de parto más natural, como el parto en casa o una sala especial del hospital donde sólo eres asistido por comadronas, mientras los médicos y enfermeros están en otra planta atentos por si hubiera alguna complicación. Si uno lo analiza con detenimiento se ve claro que todo es una estrategia para ahorrarse dinero en sanidad, pero hay que reconocer que es una estrategia inteligente, efectiva y que garantiza el confort de los padres en estos momentos de tantas dudas. Sólo por poner un ejemplo, en la ruta por el hospital vimos claro que todo el cariño y cuidado con el que te tratan antes de parir y durante el parto desaparece cuando el niño ya ha nacido y te trasladan a una especie de comuna con diez camas donde todas las madres recientes pasan sus primeras horas (con cortinas entre las camas, eso sí), donde los padres no podemos quedarnos a dormir y donde las visitas están totalmente restringidas a un par de horas por la mañana y un par de horas por la tarde. Así, muchas madres ni siquiera se quedan a dormir y se van a casa, y las que se quedan se quedan sólo por una noche.

Por lo demás, aprendí muchas cosas en el curso de ayer. Estela me contó que a ella no le habían dicho nada nuevo que no hubiera leído en alguno de los tres libros sobre embarazo que lleva leídos, excepto la parte de conocer el hospital, claro. Pero yo, que no me he interesado mucho en el proceso hasta ahora, aprendí sobre las posturas del bebé dentro de la barriga y cómo se prepara para nacer, sobre el proceso de las contracciones y la dilatación…, pero sobre todo aprendí que mi papel en el nacimiento no se limita a ser un simple espectador y apoyo moral de la madre, sino que, aparte de tener la opción de cortarle el cordón umbilical, me van a dar mi momento íntimo de reconocimiento con el bebé, en el que, con su cara a treinta centímetros de la mía, voy a tener que hablarle durante unos minutos.

Aún no sé qué le voy a contar.