Cartas del Sr. Millet

Me pregunto qué haría yo si, siendo el presidente de un banco o una caja de ahorros, recibiera una carta de otro presidente (de alguna fundación importante, por ejemplo) recomendando a su yerno para un puesto en una de las suborganizaciones del banco, como un museo.

Cuando he visto que El Periódico ha publicado varias de las cartas que Fèlix Millet mandó a varios políticos y presidentes he pensado que debían ser lo más aburrido del mundo, pero he empezado a leerlas y, aparte de aquellas en las que pide a Aznar y a Pujol que les firme un ejemplar de sus libros para tenerlos en «un lugar preferente» de su biblioteca, las demás tienen la gracia de mostrar cómo se relaciona socialmente la gente de este nivel.

He puesto una copia en mi servidor por si las quieren ver: Les cartes del Sr. Millet

Por lo demás, lo más llamativo son, como he resaltado en el primer párrafo, aquellas cartas en las que Millet pide al presidente de La Caixa que meta mano para colocar a su yerno («que es biólogo y está buscando trabajo en Barcelona») en el Museu de la Ciència.

Yo creo que pondría la carta directamente en el destructor de documentos, pero tengo la ligera intucición que con esa actitud uno no llega a presidente de nada…

Todos a la cárcel

Algunas veces Ignacio Escolar está sembrado:

¿Todos los políticos son iguales? ¿Son todos unos corruptos? Quiero pensar que no, y también que no todos los partidos tratan igual a sus manzanas podridas. Pero es obvio que el ladrillo feroz no sólo dejó 3,8 millones de pisos vacíos, un horroroso paseo marítimo casi ininterrumpido desde Francia a Portugal y una crisis económica que es hoy la envidia de Europa. La nefasta herencia de la burbuja inmobiliaria española también incluye una numerosa colección de ladrones con sueldo público que se forraron a costa de nuestro dinero, de las hipotecas que pagaremos durante décadas. Cada semana asistimos, ya sin sorpresa, a otra nueva operación contra la corrupción, a la evidencia de una nueva chorizada. Y es aquí donde echo en falta a los políticos honestos y comprometidos, esos que al segundo suceso macabro proponen cambiar la ley del menor. Ante la innegable alarma social que provocan estos casos, ¿para cuándo un endurecimiento de las leyes contra los corruptos? Sé la respuesta. Es sólo una pregunta retórica.

Da un poco de miedo la corta distancia entre la escasa esperanza del «quiero pensar que no» y el fatalismo del «es sólo una pregunta retórica». Yo estoy convencido que no hay ni un solo ayuntamiento que se salve, y que este degoteo de casos que van saliendo a la luz son por filtraciones debidas a envidias de gente igualmente corrupta.

Si la crisis sirve para que todo esto aflore, que no salgamos nunca de ella.