Lo bueno de Inglaterra

Porque, como ella, me he pasado demasiadas veces por aquí sólo para criticarles, y pocas veces reparamos en las cosas positivas, y así nos va cuando vamos por el mundo sólo de oídas

Porque también hay que ser justo, me apropio de las palabras de mortiziia, a pesar de todo

Me gusta de Inglaterra la tranquilidad, el verdor, el respeto. Me resulta imposible imaginar un piso bajo sin rejas en España, sin cortinas, sin puertas blindadas, con todo a la vista y sin que se produzcan incidentes a porrillo. Me gusta que los trabajadores sean importantes de por sí, me gusta que quien te emplea no te trate como si te estuviera haciendo un favor; me gusta que la gente se disculpe y dé las gracias en el ámbito laboral y en la calle. Me gusta que no haya una diferencia brutal entre el coste de la vida y la cuantía de los salarios. Me gusta el inglés, este idioma tan versátil, tan sumamente rico, tan lleno de posibilidades. Me gustan las abuelas fumando en bicis destartaladas con sus trajes a la última moda de los años 50 [… (no se pierdan lo demás)]

Adiós a la TV License

En capítulos anteriores, en este mismo blog

…si tienes un aparato de televisión en tu casa conectado a la antena, pagas, aunque la tengas apagada y no la veas o aunque sólo veas la MTV. Total, ¿para qué complicarse la vida si todo el mundo tiene televisión y todo el mundo la usa?

Por cierto, la broma de la BBC cuesta unas 11 libras al mes por hogar.

Pues desde que trajimos el aparato de televisión el pasado octubre, me di de alta y hemos estado pagando la televisión puntualmente. Tan puntualmente que te cobran seis meses por adelantado, y de ahí lo que toque cada mes.

El hecho es que desde que nos mudamos a la nueva casa la recepción de la antena no acaba de funcionar bien. Cuando hacía buen tiempo veíamos sólo tres o cuatro de los treinta canales de la tv digital, y con viento o lluvia, la señal desaparecía por completo. El dueño se negó tozudamente a repararnos la antena, pero alguien nos recomendó un aparatejo llamado TV booster, que no es más que un amplificador de señal. Con eso, los días de buen tiempo vemos casi todos los canales, y con viento o lluvia, solo algunos y no muy bien. Así hemos pasado los últimos meses, en los que, por cierto, casi no hemos visto la televisión; sólo la tuvimos encendida durante las olimpiadas, y algunas mañanas con las noticias.

Hace unos días recibimos una carta con la comunicación del aumento de precio anual y los plazos de pago para el próximo año: ahora ya son casi 12 libras al mes. La decisión fue inmediata y Estela la ejecutó fulminantemente con una llamada: nos hemos dado de baja de la TV license. Hemos alegado que la antena no va y que no vemos la tele, pero para que no haya dudas, ya hemos guardado el cable de conexión a la antena y el tv booster en un cajón, por si viene alguien a comprobarlo. Ahora falta que nos crean y nos devuelvan los seis meses que hemos pagado por adelantado.

Un año en Inglaterra

Hoy hace un año (y obviaré los pensamientos repetitivos) que llegué a Cambridge. Desperté a las 4 de la mañana en Girona, pillé el avión de las 6 y después del tren y dejar las cosas en una consigna, sobre las 10 llegué al trabajo. Desde entonces, cuatro estaciones completas en Inglaterra. Como en todo aniversario, es el momento de hacer un poco de revisión y evaluación.

Vivienda

Los primeros nueve días estuve en un apartahotel hasta que encontré piso. Pillé el primero que vi, con muchas dudas, pero sin tiempo material de ponerme a buscar más opciones y decidir. Con el tiempo hemos visto que la decisión fue correcta, y aunque era un piso pequeño y estaba lejos del trabajo, todo lo demás estaba muy bien. En mayo nos mudamos a una casa, un poco más grande y con jardín, que encontramos después de mirar (y no exagero) unas veinte o veinticinco viviendas. La gracia del asunto es que no estamos en absoluto satisfechos con la casa donde estamos. Sí, ganamos un poco en espacio (pero menos del que parecía) y es genial estar a cinco minutos en bicicleta del trabajo (en vez de a media hora), pero nos habíamos acostumbrado a la tranquilidad de un tercer piso en una zona residencial tranquila, y tener ahora la ventana de la habitación dando a la calle principal del barrio con un Tesco justo enfrente es un terrible inconveniente. Más adelante hablaré sobre esto, que hay tema para un post entero. Total, que planeamos una nueva mudanza en cuanto finalice el contrato mínimo, esto es, en noviembre.

Trabajo

De esto es algo que no me puedo quejar en absoluto. El trabajo es el motivo principal por el que me mudé de país y en muchos aspectos (libertad, nivel de estrés, proyecto, todo lo que estoy aprendiendo, experiencia) es mejor de lo que me esperaba, aunque en otros (relación con los compañeros, nivel de inglés) pienso que debería estar mejor.

Cuando llegué la empresa estaba entrando de lleno en un periodo de crisis existencial, el verano pasado no vendieron ni una sola unidad de su producto principal y a finales de agosto se plantearon la continuidad. Claro, yo de esto me enteré más tarde, cuando en septiembre nos reunieron para decirnos que se abría una nueva oportunidad, que empezaríamos un nuevo proyecto de cero y abandonábamos lo anterior. Después del vértigo del «qué hubiera pasado si…», fue lo mejor que nos podía haber pasado. Sólo unos pocos podéis imaginar lo que es lidiar con código escrito y reescrito hace ocho años por diferentes programadores y con diferentes estilos. Ahora no me imagino continuar con el producto anterior. A nivel de personal, hemos pasado de ser 20 a ser 17, lo que, teniendo en cuenta que hay tres nuevos programadores, un nuevo tester y un nuevo product developement manager desde que llegué, se entiende que los departamentos de ventas, márqueting y algún que otro apéndice molesto se han volatilizado.

El producto sale a principios del año que viene y tenemos confianza en él. En cualquier caso, salga bien o mal (esto es, se vendan suficientes unidades o no), habrá sido un interesantísimo año y medio de experiencia con gran valor curricular.

Acaban de mandar un correo que ya es seguro que a principios de septiembre nos mudamos de edificio, espero con esto solucionar uno de los temas que me medio molestan desde que llegué, la situación de mi despacho: de espaldas al jefe y al product development manager y a la puerta de entrada a la oficina.

En general

Bueno, Inglaterra está llena de ingleses, por un lado, y de un mejunje intercultural por otro, y ni con unos ni con otros hemos sabido mezclarnos y hacer amigos. Gracias a tener a Raquel a una hora y media en coche y a Venus, una amiga de México de Estela, a dos horas, hemos tenido varios fines de semana ocupados llenando la vertiente social de nuestra vida. También hemos fallado por la parte de las visitas. La verdad es que más de la mitad de los amigos de Barcelona y Girona, o esparcidos por España y el resto del mundo, que podrían habernos venido a visitar, tienen que atender obligaciones en forma de bebés (la mayor parte todavía por nacer), pero, aparte de las familias (la madre de Estela vino en marzo y mis padres y mi hermana ya tienen el billete para finales de agosto) y de la fugaz visita de Ignasi para ver a Knopfler, nadie más se ha animado. Y esperamos que nos visiten. Esperamos que nos visitéis. Nos encantan las visitas y nos encantaría tener todos los fines de semana de nuestra agenda llenos de nombres. Venga, que es verano, el aeropuerto de Stansted está a media hora en tren y los vuelos todavía son baratos.

Por lo demás

Siento que hemos tardado mucho en empezar a situarnos, en encontrarnos más o menos estables. Entre que Estela no llegó de forma definitiva hasta enero y el cambio a la casa nueva, apenas siento que estoy aterrizando. Y otra cosa que hasta este mes no hemos podido empezar a hacer es ahorrar, pero ahora todo va a ir a la hucha del bebé.

Al contrario de lo que me dijo Raquel la primera vez que me llamó cuando llegué, no, no voy a quedarme a vivir en Inglaterra, ni mucho menos. Dije que vendría por dos o tres años, y ahora estoy convencido que ése es el plazo. El suceso más importante que va a suceder en esta etapa es el nacimiento de mi primer hijo, está claro, y no quiero que llege a hacerse adolescente en esta tierra de desarraigados sociales. Como siempre en mi vida, no tengo ni idea de cuál será el siguiente paso, y aún no me lo planteo, pero está claro que va a tener que ser un paso hacia la estabilidad.

Mientras tanto, tomo la salida hacia el segundo año.

¿Las bicicletas también van por la izquierda en Inglaterra?

Después de diez meses usando la bicicleta por Cambridge no debería estar haciéndome esta pregunta, pero es que aún tengo dudas.

Primero contesto y luego contaré una anécdota que me ha pasado hoy.

Por regla general conducir por la izquierda cuando vas en bicicleta, igual que cuando vas en coche, funciona. La verdad es que hay muchos tipos de caminos por los que una bicicleta puede ir en la ciudad. Están los carril-bici en la acera, los carril-bici en la calzada, a modo de arcén, los carril-bici compartidos con el carril bus y finalmente los caminos exclusivos de bicicleta que atraviesan campos y parques. También están los no-carril, que obviaré. Pues bien, cuando el carril de bicicleta es compartido con otros vehículos no hay problema, el sentido de circulación es el mismo que el de los coches. Donde está el problema es en los caminos exclusivos y cuando se comparte espacio con los peatones.

Más de la mitad del camino de casa al trabajo es por un carril bici exclusivo que va al lado de un canal, y después atraviesa unos campos al lado del estadio de fútbol. La parte que va al lado del canal es bastante estrecha, con curvas, y desde que hace unas semanas la primavera se ha puesto fantástica, unas amenazadoras ortigas acechan a ambos lados del camino, y no olvidemos que en uno de los lados, detrás de las ortigas, hay un canal con patos y agua. Pues esta mañana, justo después de una curva, me encuentro frente a frente con una mujer de mediana edad que iba feliz por su derecha (casualmente el lado más alejado del canal). Frenazo. Me paro y no me muevo esperando que ella continúe pasando por mi derecha. No se mueve. Hablo:

– Don’t you go on the left in England?
– No
– No?!?!???
– Well, yes, on the road, but on cycle tracks you go where you want.
– (Fantástico. Comerme las ortigas cuando me encuentro de bruces contigo. Ése es el camino que yo quiero seguir.) Whatever…

La dejé estar, pero entonces Estela, que es cabezona y no deja una discusión a medias si tiene razón, continuó discutiendo con ella. En éstas que ya teníamos dos ciclistas detrás y uno delante; estábamos bloqueando el camino. Continuamos nuestro camino, pero yo me quedé con la mosca detrás de la oreja.

Repito, en general, las bicicletas van por la izquierda. Pero casi cada día me he encontrado una o dos excepciones, y normalmente ingleses, que van por la derecha (caso aparte son los que circulan en paralelo ocupando todo el carril, pero sobre estos me desahogaré otro día). Hasta hoy que finalmente he tenido el encontronazo verbal.

Para salir de dudas le he preguntado a un compañero de trabajo que es ciclista amateur. «Siempre por la izquierda, como los coches. Lo que pasa es que la señora ésa tenía miedo de caerse al canal.» Claro.