La residencia

Exterior del Karman Dormitory

Es el decorado ideal para una peli de zombies, o para un drama carcelario situado en Chechenia. Un edificio sucio y gris, con enormes pasillos, cientos de puertas a ambos lados que sólo se distinguen por el número de celda, y, eso sí, pósters de tías buenas o pegatinas de marcas de motos enganchadas. En la celda, dos camas, dos mesas, un armario, una nevera, dos estanterías y un lavabo. Y un compañero. Joao Miguel, portugués, delgado, pelo largo, simpático, hablador y proyecto de arquitecto, igual que la gran mayoría de los vecinos de las celdas de al lado. Nuestro pasillo es el de los habitantes de la costa mediterránea, algún italiano, el portugués, pero la gran mayoría somos españoles.

Pasillo del Karman Dormitory

Lo más impactante de mi posición en todo este tema es comprobar como las cosas que uno está dispuesto a hacer a los veinte años, a los treinta cuestan más. Igual que a los Sanfermines, los dos primeros años, fuimos durmiendo en el coche y en los parques, y el tercero y el cuarto fuimos con la tienda de campaña y dispuestos a pagar para ducharnos en la piscina municipal, y que probablemente ahora no volvería si no sé que tengo una cama y una ducha cerca, del mismo modo nos acostumbramos al confort de la propia cama y a la privacidad de nuestro cuarto de baño. En este sentido es curioso formar parte del modo de vida tipo «comuna» que llevamos aquí, compartiendo duchas, baño, lavadoras, la cena, e incluso la habitación, con perfectos desconocidos hasta hace tres días. Vamos cuatro de compras, pero hacemos cinco listas, incluyendo a ese ente abstracto llamado «la comunidad», del que todos nos beneficiamos.

Lo más triste de todo es que yo llego cuando ya todos se van. El miércoles y ayer, tuvimos sendas fiestas. Ambas eran de despedidas de españoles (en concreto, un canario el miércoles, y una vallisoletana anoche) que, después de pasar uno o dos semestres de Erasmus por aquí, ya vuelven a casa. Dentro de un mes ya no habrá nadie de este pequeño grupo aquí y el Kármán Tódor Kollégium se convertirá en un albergue para jóvenes turistas que vendrán escasos días de turismo barato.

5 opiniones en “La residencia”

  1. Según he leído el título digo, anda, el Txapulín que se nos va de profesor a una casa de señoritas a lo Chicho Ibáñez Serrador. Pero no, veo que es más en plan Tesis (más divertida, espero, a pesar de esos pasillos) XD

  2. ¡Ja ja ja! Precisamente la residencia de señoritas de Chicho no se parecía en nada al Un, dos, tres, y no tenía nada de divertida, curioso terror español de los años sesenta. ¡Cómo se nota que la televisión da más dinero que el cine!, porque hubiera molado que Chicho siguiera por esos derroteros.

    Y sí, Luiyo, la experiencia, promete, y Latin, aprovechará, lo que aún no me explico es cómo me meto en estos berenjenales con 30 tacos.

    Cineadicto…, una palabra entre cinéfilo y cineasta, que mucha gente confunde. Lo primero me lo apropio, lo segundo, para los que sepan. Yo soy mejor espectador.

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