Happy Feet


La verdad es que el problema que tiene esta película conmigo es que su argumento no me interesa lo más mínimo: un pingüinito a quien para ser alguien en su sociedad de pingüinos sólo se le pide poder cantar (porque cantando es como se corteja y se liga a la más guapa del barrio) y resulta que tiene una voz horrible. Eso sí, baila igual que Fred Astaire. Pues eso, que la historia del patito feo del antártico con ínsuflas de ecologismo barato (¡qué malos son los humanos que se comen nuestro pescado!) no me entra ni con embudo, y con medleys de los grandes éxitos americanos de los últimos cincuenta años, pues menos. Para colmo la resolución final es de lo más retorcida para hacer acabar bien algo que debería acabar fatal para que tuviera algo de sentido.

Y eso que por lo demás tiene todos los números para gustarme: como peli de animación de última generación, todos los detalles técnicos son impresionantes, empezando por los paisajes de hielo, pasando por el agua, el pelo, los movimientos de cámara, las multitudes, hasta los movimientos de los animales. También el diseño de los personajes en sí está muy currado y la peli tiene algunos momentos muy bonitos, como los dos números musicales de flirteo: el de los padres del protagonista, Memphis (Hugh Jackman) y Norma Jean (Nicole Kidman), al empezar la película y el del mismo protagonista Mumble (Elijah Wood) intentando ligarse a Gloria (Brittany Murphy) en época de apareamiento un año más tarde.

Una pena para un director, George Miller (no confundir con George Miller, director de La historia interminable II), que empezó con la apocalíptica trilogía de Mad Max, y después hizo una de las peores películas que he visto nunca, Las brujas de Eastwick, y que en los últimos años sólo ha hecho las infantiladas de Babe, el cerdito en la ciudad (sí, la segunda parte, porque la primera era bastante buena, pero no era suya) y esta cosa que deja… más bien frío (y perdón por el mal chiste).