La crítica gastronómica de Ratatouille

Anton Ego

Yo lo interpreté como una metáfora sobre las buenas películas, o en una simple generalización, como una estupenda reflexión sobre el trabajo de los críticos. Eso deriva en un emocionante ejercicio de metalenguaje, que nos habla sobre la propia película, a la vez que casi anula cualquier crítica cinematográfica que se le pueda hacer, porque casi que lo dice todo:

Desde muchos puntos de vista, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos muy poco mientras disfrutamos tomando una postura por encima de quien nos ofrece su trabajo y su esfuerzo para que lo juzguemos. Nos crecemos con las críticas negativas, las cuales son tan entretenidas de leer como de escribir. Pero la amarga verdad que los críticos debemos afrontar es que, viéndolo globalmente, la mayoría de las porquerías que se hacen tienen más valor que las críticas en las que las calificamos como tales. Pero hay veces en las que un crítico sí que arriesga algo, cuando descubre y defiende algo nuevo. Anoche, experimenté algo nuevo, un extraordinario plato con un inesperado y singular origen. Debo reconocer que tanto la comida como su creador han revuelto mis ideas preconcebidas. Me quedo corto, han golpeado mis cimientos. No es ningún secreto que en el pasado he mostrado mi desdén hacia el lema del Chef Gustau: «Cualquiera puede cocinar». Pero me doy cuenta de que no he entendido hasta ahora el significado de esta frase. No todo el mundo puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede proceder de cualquier parte. Es difícil imaginar unos orígenes más humildes que aquellos del genio que hay ahora en la cocina de Gustau, quien es, en la opinión de este crítico, nada menos que el mejor chef de Francia. Volveré al Gustau’s pronto, y con hambre.

(Sacado de imdb. Traducción por mi cuenta y riesgo.)

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