La fuente de la vida


Seguramente es la peor película para ponerse a ver un soporífero domingo por la tarde, después de una copiosa y sabrosa comida en un pub inglés. Me esperaba algo completamente diferente a lo que resulta ser: una extraña, alucinada y cósmica alegoría sobre el dolor que se siente al perder a alguien querido. Demasiado extraña, demasiado oscura, demasiado deprimente, demasiado simbólica demasiado susurrada y demasiado lisérgica. Me arrepentí mucho de no haber elegido una sencilla comedia romántica con Drew Barrymore, por ejemplo.

16 opiniones en “La fuente de la vida”

  1. ¡Joder! Lo raro es que consiguieras acabar de verla… yo me la bajé hace poco por el Bitorrent y no pude con ella. No sé si duré un cuarto de hora con ella puesta.

    En otra época, quizá con media docena de porros encima, le hubiera visto la gracia.

  2. ejem, ejem!!! Existe eso del copyright en esto de los blogs?? Hombre, di que fue muy bien para la siestecita, super relajante. Y yo creo que has sido muy atrevido al intentar explicar el mensaje de la peli, porque todavia no estoy muy segura si era ese.

  3. Sí, Raquel, existe el copyright en esto de los blogs, e incluso, aunque te sorprenda, también existe el copyleft. Pero en este caso no aplica ninguno de los dos, ya que simplemente es una feliz coincidencia de ideas ;).

    Y si te consuela, tampoco yo estoy muy seguro que el mensaje sea ése… :P.

  4. Vaja, doncs a mi em va agradar, i en el seu moment ho vaig comentar al meu blog (però haig de reconèixer que alguna part em va rebentar els nervis). Clar, que no hi vaig anar després de dinar, en aquestes condicions no aguantaria res de res.

  5. Doncs jo la vaig veure cap alla les 3 de la matinada, aprofitant una nit en vetlla de la mussoleta.
    Mira, ni si ni no. Ve a ser com 2001, que et pot entrar directament a la vena, o et pot sortir directament per l’inombrable. I mentrestant en Kubrick trencant-se la caixa des de la tomba.
    Per una banda tenim Mr.Lobezno, amb una indecisio total pel que fa al seu nou look. Naturalment, on esta millor es quan te mes grenyes, fent d’heroi espanyol (per cert, no te perdua la mitologia hispanica en temps de la inquisicio). I pel que fa a la part de l’arbre, em quedo amb el moment en que se’n menja un trosset. Una especie de petit princep passat per un canibalisme vegetal.
    I pel que fa a ella, crec que repeteix paper respecte el jardinero fiel.
    Fent d’advocat del diable, no s’ha de desmereixer un intent mes per plasmar l’amor en la gran pantalla. Altrament hauriem de revisitar moltes de les obres de Shakespeare/Klingon.
    En definitiva, que me la guardo en la meva videoteca, juntament amb altres parides, com 2001, holocausto canibal i Plan 9 invasion del espacio. Mai se sap a on pot arribar el mite i a on acaba l’estupidesa visual.

  6. Home Alex, és una mica injust jutjar el Darren Aronofsky per aquesta pel·li, a Requiem for a dream i a Pi ho va fer força bé. Diria que vol demostrar com n’està de la Rachel Weisz i se li nota. 🙂 A mi The Fountain em va agradar, tot i que hi ha moments dubtosos.
    Per cert, respecte de la BSO cap crítica no? Jo la trobo boníssima.
    Una abraçada!

  7. Eva, repeteixo que les circumstàncies han d’acompanyar i no era el moment. En qualsevol cas, Pi no em va agradar i Requiem for a dream sí, però no massa. Potser la música està bé, però malauradament no està a part de la peli i si la peli no m’agrada, en la música ni em fixo.

    Per cert, Mussol, m’agrada la teva crítica ¿per què no et fas un blog? 😛

  8. jueves 6 de diciembre de 2007
    La fuente de la vida

    El joven neoyorkino Darren Aronofsky se convirtió, de la noche a la mañana, en autor de culto con su inclasificable «Pi». En la hora confusa de su estreno mundial, cundió el sobresalto. Fue laureado con la mitra de rara avis. Alguna generosa oleada de fans veneraron el film, y labraron la imagen de Darren con el negro espino de la genialidad incomprendida. Ni que decir queda que otros sectores cinematográficos le lanzaron su condena implacable. Y Aronofsky mantuvo ese sensitivo silencio de quienes no temen a la crítica, sino al error. Y de ese cortado tronco de la abominación («¡o te cautiva o lo odias!», se alzó más de una voz con el consabido recelo), nació «Requiem por un sueño». La película alcanzó cifras consoladoras de espectadores. Aronofsky arrasó con el ímpetu de su nuevo antojo, más convencional que «Pi», pero diáfano y lúcido, doméstico y estremecedor. En su «Requiem» temblaba la verdad de un país, EEUU, que parecía implorar a la cámara (jaula complaciente) que fulminara todas esas falsas magnificencias que oprimen, cansan y desesperan a los ciudadanos de a pie, convalecientes en el asilo caótico de las grandes ciudades, en las que se veneran sus catedrales informativas, ya sea a través de la TV o de cualquier otro tipo de equívoco y dañino hedonismo. Fue y sigue siendo una película memorable.
    Los ávidos fans de Mr. Aronofsky (entre los que yo me encuentro) hemos tenido que esperar seis largos años para que la renovada conciencia cinematogfráfica de este impetuoso creador norteamericano estrujara su pasajera gloria y rindiera las armas ante el viejo silencio de su cautela. Llegó el día grande de «La fuente de la vida»: ¡aplausos y abucheos en los campos de siega de los diferentes festivales por los que pasó! Su evangelio de talento y penetración, para muchos, resultó oscuro. Pero todos sabemos que cualquier evangelio se nutre de prohibiciones, viejos pecados, rasgamientos de vestiduras, y, finalmente, de total incomprensión. Yo, como Aronofsky, prefiero la caridad contenida en el libro ardiente de la imaginación, de la inteligencia y de la fantasía. Que vacilen los tibios. A mí me encanta la obra evangélica, más arrojada y fascinante, con todo su sabor de buena nueva, que nos lanza Izzi Creo (Rachel Weisz) la protagonista:
    «El Libro Maya de la verdad. En él se explica el mito de la creación. Un primer padre, un primer ser humano, que se sacrifica para hacer el mundo. El árbol de la vida que nace de su vientre… Su cuerpo se convertiría en raices; raices que se expandieron para formar La Tierra. Y su alma se transformaría en ramas, que se elevaron y formaron el cielo. Lo único que quedó fue su cabeza. Sus hijos la colgaron de los cielos y así nació Xibalba. «La muerte como acto de creación» … ¿Y que es Xibalba? ¿Una estrella dorada?… Es una nebulosa. Muy pronto explotará, y de su muerte nacerán nuevas estrellas. Es genial que los Mayas eligieran una estrella moribunda para representar su inframundo. De todos los puntos de luz del universo ¿cómo pudieron hallar uno que se está apagando? En efecto, los mayas la llamaron Xibalba . Hasta ella el alma de los muertos se eleva para renacer, y allí reunirse de nuevo…»
    Hugh Jackman, magnífico, y Rachel Weisz, fascinante, abordan esta odisea fantástica de un reencuentro cautivador más allá de la muerte, a través del tiempo. El doctor Creo, atravesando el espejo de la realidad, beberá de la savia del árbol legendario capaz de otorgarle la vida eterna en esa Xibalba glorificada por su esposa enferma. Su libro de aventuras Isabelinas en la España de los conquistadores del siglo XVI será así finalizado, tras ese sueño de amor eterno. Dadle la explicación que mejor os complazca, bajo ese cielo como una esponja ardiente de dorados resplandores de estrellas; sentid caridad por ese amor multiplicado más allá del ensueño, en la Xibalba de los Mayas. Ofreceos al sacrificio de la ficción como hace el protagonista, sometiéndose a la voluntad que le impone la muerte y recorriendo todas las sendas que lo lleven hasta ese mitológico árbol de la vida. Mr. Creo acabará depositando un reseco fruto en la tumba de Izzi, tras protagonizar su fantasía y su esperanza de un nuevo reencuentro en Xibalba, una embelesadora búsqueda del sentido de la vida y de la muerte que nos pertenece a todos: ¿no será esta nuestra auténtica igualdad evangélica?… Aronofsky la acata con la mágica obstinación de un dogma.
    La música, impresionante y memorable, de Clint Mansell culmina este cuajado de áureas centellas, esa torrencial y espejeante hondonada, aún resplandeciente, de la nebulosa mortecina, con sutil misterio, con un sabor de magnificencia, que, como el guerrero Maya de la historia Isabelina, todos acabamos por creer y aceptar que nos hallamos en presencia del Enviado del Cielo: el Primer Padre; y nos dejamos arrastrar por el oreo de esos jardines crepusculares del Árbol de la vida, y beber de su savia, y elevarnos, en esa culminación explosiva y rutilante de la figura deformada de Hugh Jackman, hasta las galas áuricas de Xibalba, en una nueva muerte como acto de creación y renacimiento. Probablemente no exista aclaración que resumir pueda esta flamante y exuberante propuesta con que Darren Aronofsky trata de hechizarnos. ¡No importa! Yo me reinvento con él, evoluciono con su fantasía, y me coloco en el bando de los que le aplauden. La elección también es vuestra: disfrutad con «La fuente de la vida», u odiadla. Realmente, este film es algo aparte. V.O. obligada.

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