Dexter, primera temporada

Teníamos esta serie guardada en el disco duro multimedia esperando algún momento propicio de sequía de series. El momento llegó después de fundirnos la sexta temporada de Friends justo después de la mudanza a la nueva casa, cuando aún no nos habían hecho el traspaso de la línea de teléfono e internet.

Dexter, la serie, tiene el nombre de su protagonista absoluto: Dexter Morgan, un psicópata / asesino en serie, interpretado por un excelente Michael C. Hall, educado por su padre adoptivo para canalizar sus impulsos asesinos hacia personas que «merecen morir». Mientras tanto debe de fingir una vida normal, algo que ha conseguido obteniendo el trabajo perfecto: es experto en análisis de restos de sangre para la policía científica. Hasta aquí pinta bien. Pero es que es aún mejor.


¿Alguien ha perdido una mano?

Esperaba encontrarme un caso distinto en cada capítulo, con una trama secundaria general que levemente introduciría las relaciones entre los personajes; algo tipo C.S.I, o tipo House. Pero no: la continuidad de la trama es total durante los doce capítulos de la primera temporada, y no tiene ni un bajón, cada capítulo cuenta lo que tiene que contar y consigue mantenerte en vilo para el siguiente, donde se desgrana un aspecto más de la personalidad de Dexter, una pista más para encontrar al (otro) asesino. Todos estos aspectos confluyen en un último capítulo que culmina muy dignamente los once anteriores. En este aspecto de la trama global, se nota que está basado en una novela. No creo que la segunda temporada funcione tan bien en este sentido, pero, por supuesto, le daremos una oportunidad.

Hay otros aspectos que quiero destacar. La serie está centrada en su personaje principal, y por tanto, la moral que plana sobre la serie es la de un asesino psicópata, o sea, ninguna. Dexter, por supuesto, está de acuerdo con la pena de muerte, pero está de acuerdo porque lo estaba su padre adoptivo, el policía que le educó «para sobrevivir», y es bajo esta moral que Dexter puede canalizar sus impulsos. Vamos, no es que la serie justifique la pena de muerte (aunque se pueda considerar que sí lo hace), es que esta justificación es necesaria para que el personaje funcione.


¿O un pie?

Luego está el retrato que la serie hace de Miami, que no tiene nada que ver con lo que hemos visto en otras series (y ahora estoy pensando en C.S.I: Miami). El Miami de Dexter se me antoja un retrato realista de lo que sucede en una ciudad que, pese a estar en Estados Unidos, es igual que Cuba pero en la dimensión alternativa donde ésta es capitalista. Si hay algún caso de tráfico de humanos en C.S.I: Miami, se trata como algo ajeno y casual, y si hay algún policía cubano, es la excepción y está perfectamente integrado. En Dexter, la mitad de los policías son cubanos, hablan español entre ellos y llegaron de ilegales cuando eran jóvenes. Además, eso crea un problema real de racismo dentro de la policía. Hay otros detalles, como el mercado de frijoles, carne y frutas, con el mismo aspecto latino que tienen los de Ciudad de México, o la música, pura salsa, ya sea en las discotecas o en la calle.

Hay muchos más aspectos que hacen de Dexter una serie excelente, y no voy a entrar más en ellos, excepto en lo mejor de todo que es el personaje principal. Sus éxitos son los de un niño travieso al que le han salido bien las cosas, que ha conseguido putear al vecino y además echarle las culpas al hijo del mismo, y esa es la interpretación que nos ofrece Michael C. Hall, creando en el espectador una simpatía mórbida que saca el diablito que todos llevamos dentro.

Para terminar os dejo con los brillantísimos títulos de crédito, que no son más que un excelente retrato del personaje con la metáfora del desayuno. La música de Daniel Licht, por cierto, también es excelente.

Actualizo (10/Jun/2008 14h04): He modificado el enlace al video porque parece que algunos navegadores no lo podían ver. Además, en este enlace podéis verlo en mejor calidad, y con algunas diferencias.

Sin tetas no hay paraíso

Es curiosa la relación que tengo con mis hermanas. Ahora que vivo a 1500 quilómetros de ellas hablamos mucho más que cuando vivía a 100, por no hablar de cuando vivíamos en la misma casa, hace ya más de diez años, cuando la comunicación era prácticamente inexistente. El caso es que hablando por teléfono con mi hermana pequeña (sí, está casada y tiene a mi única sobrina, pero sigue siendo mi hermana pequeña) me recomendó la serie Sin tetas no hay paraíso. En pocos días me había bajado los nueve capítulos. Estela se quedó medio mosca, porque dice (con razón) que no podemos perder ninguna oportunidad de seguir practicando el inglés (escuchado en este caso) , pero como Lost y House han estado en pausa hasta esta semana, y le hemos perdido el interés a Battlestar Galáctica, nos quedaba la quinta temporada de Friends (de la que hemos visto diecinueve episodios en diez días) y Sin tetas no hay paraíso.

Después de ver cuatro capítulos, estoy gratamente sorprendido. Sabía que era una adaptación de un culebrón colombiano y me esperaba una mezcla del argumento de La reina del Sur, con las historias de amor y cuernos de Los ricos también lloran y el aspecto castizo de Hospital Central. Bueno, ahora que pienso, no me he equivocado de mucho, es casi exactamente lo que he descrito, pero con la mezcla les ha salido un producto de alta calidad.

El Duque
Te voy a fundir con la mirada, y eso que aún no has escuchado mi voz.

La serie engancha y además está muy bien hecha. El argumento no es original, no deja de ser la historia de la Cenicienta, pero con el acierto de convertir al príncipe azul en un narcotraficante mafioso directamente salido del joven Don Vito (Robert de Niro) de El Padrino II. El hada madrina es una prostituta de lujo y las hermanastras son un hermano pringao y una amiga tan pánfila como la propia Cenicienta, que en eso no ha cambiado. ¡Ah! Y en vez de buscar un zapato de cristal, nuestra cenicienta busca ponerse tetas de silicona.

Los otros dos grandes aciertos son un muy buen guión y el carisma que rezuman varios de los personajes, destacando el capo mafioso Rafael «El Duque» (un excelente Miguel Ángel Silvestre) y esta femme fatale que prácticamente encarna a Jessica Rabbit que es, precisamente, la Jessi (tremenda María Castro). Dos personajes-caramelo con los que encuentro han hecho un gran acierto de cásting. Menos creíbles son ya el policía que sigue el caso de asesinato con el que arranca la serie, y la misma Cenicienta de este cuento de hadas narco, la pobre princesita Catalina (Amaia Salamanca), que de tan mira-qué-penita-doy-mira-qué-ojazos-tengo-que-parezco-el-gato-de-Shrek, dan ganas de volverla adulta con un par de cachetes.


No soy mala, es que me han dibujado así.

Veremos a dónde nos llevan los cinco capítulos que quedan, pero esto tiene muy buena pinta. Esperemos que no la caguen.