Sin tetas no hay paraíso, primera temporada: opinión

Hace unos días escribí sobre esta serie concluyendo:

Veremos a dónde nos llevan los cinco capítulos que quedan, pero esto tiene muy buena pinta. Esperemos que no la caguen.

En realidad me quedaban ocho capítulos (son doce, y no nueve como yo pensaba), y sí, la han cagado.

En realidad afirmo que la serie es realmente excelente hasta el final del capítulo siete. De hecho podrían haber dejado este final como final de temporada, y la serie les hubiera quedado redonda, con sólo siete capítulos, casi una miniserie, pero redonda, perfecta, excelente. Ya si en la segunda temporada bajaba el nivel, se le perdona, que por algo es la segunda temporada y esas cosas pasan. Pero es a partir del octavo episodio, con la huída de los narcos a Colombia, donde todo se hunde, nada cuadra, el carisma de los personajes desaparece, no evolucionan, no aprenden y las situaciones se repiten como el ajo. Una verdadera lástima.

Sólo el último episodio, marcado por un evento inesperado, hace que los personajes despierten un poco y empiecen a ser creíbles de nuevo, pero todo se precipita (algo absurdo, cuando han perdido cuatro capítulos contando cosas casi insustanciales para la trama) hacia un final abierto, para dejar claro que habrá segunda temporada, pero no lo suficientemente impactante para que nos den ganas de seguirla.

En conclusión, por si alguien se plantea verla: ¿La recomiendo? Sí, definitivamente. Pero avisados estáis que disfrutaréis mucho los primeros episodios y luego llegaréis al final solo por inercia, como yo.

Sin tetas no hay paraíso

Es curiosa la relación que tengo con mis hermanas. Ahora que vivo a 1500 quilómetros de ellas hablamos mucho más que cuando vivía a 100, por no hablar de cuando vivíamos en la misma casa, hace ya más de diez años, cuando la comunicación era prácticamente inexistente. El caso es que hablando por teléfono con mi hermana pequeña (sí, está casada y tiene a mi única sobrina, pero sigue siendo mi hermana pequeña) me recomendó la serie Sin tetas no hay paraíso. En pocos días me había bajado los nueve capítulos. Estela se quedó medio mosca, porque dice (con razón) que no podemos perder ninguna oportunidad de seguir practicando el inglés (escuchado en este caso) , pero como Lost y House han estado en pausa hasta esta semana, y le hemos perdido el interés a Battlestar Galáctica, nos quedaba la quinta temporada de Friends (de la que hemos visto diecinueve episodios en diez días) y Sin tetas no hay paraíso.

Después de ver cuatro capítulos, estoy gratamente sorprendido. Sabía que era una adaptación de un culebrón colombiano y me esperaba una mezcla del argumento de La reina del Sur, con las historias de amor y cuernos de Los ricos también lloran y el aspecto castizo de Hospital Central. Bueno, ahora que pienso, no me he equivocado de mucho, es casi exactamente lo que he descrito, pero con la mezcla les ha salido un producto de alta calidad.

El Duque
Te voy a fundir con la mirada, y eso que aún no has escuchado mi voz.

La serie engancha y además está muy bien hecha. El argumento no es original, no deja de ser la historia de la Cenicienta, pero con el acierto de convertir al príncipe azul en un narcotraficante mafioso directamente salido del joven Don Vito (Robert de Niro) de El Padrino II. El hada madrina es una prostituta de lujo y las hermanastras son un hermano pringao y una amiga tan pánfila como la propia Cenicienta, que en eso no ha cambiado. ¡Ah! Y en vez de buscar un zapato de cristal, nuestra cenicienta busca ponerse tetas de silicona.

Los otros dos grandes aciertos son un muy buen guión y el carisma que rezuman varios de los personajes, destacando el capo mafioso Rafael «El Duque» (un excelente Miguel Ángel Silvestre) y esta femme fatale que prácticamente encarna a Jessica Rabbit que es, precisamente, la Jessi (tremenda María Castro). Dos personajes-caramelo con los que encuentro han hecho un gran acierto de cásting. Menos creíbles son ya el policía que sigue el caso de asesinato con el que arranca la serie, y la misma Cenicienta de este cuento de hadas narco, la pobre princesita Catalina (Amaia Salamanca), que de tan mira-qué-penita-doy-mira-qué-ojazos-tengo-que-parezco-el-gato-de-Shrek, dan ganas de volverla adulta con un par de cachetes.


No soy mala, es que me han dibujado así.

Veremos a dónde nos llevan los cinco capítulos que quedan, pero esto tiene muy buena pinta. Esperemos que no la caguen.